El desafío y la obligación de la contextualización docente en el Chaco

En el ámbito educativo, la escuela tiene la misión fundamental de ser el espacio donde los jóvenes descubren y valoran su propia cultura. Sin embargo, para que esto ocurra, es indispensable que la enseñanza esté profundamente ligada al entorno. Como maestros, no solo tenemos la tarea de cumplir un currículo; tenemos el deber moral y la obligación profesional de contextualizar nuestra labor a la realidad, las tradiciones y la esencia del lugar donde ejercemos.

Esta responsabilidad es especialmente crítica en la materia de Educación Musical. Cuando por las dinámicas del magisterio llegamos a trabajar a regiones con una identidad tan importante como el Chaco, no podemos permitirnos ser simples espectadores. Es un error priorizar ritmos o costumbres de otras regiones solo por comodidad o desconocimiento. El maestro de música tiene la obligación de investigar, estudiar y empaparse de la música, las danzas y la historia local. No se trata de una opción, sino de un compromiso ético: el estudiante debe conocer, amar y dominar primero lo suyo para luego entender el mundo.

A este desafío pedagógico se suma una realidad administrativa que hoy resulta incoherente y perjudicial para la calidad educativa. Es inadmisible que los instructivos bloqueen a maestros de música de quinta categoría, impidiéndoles acceder a horas acumulo . Lo más grave es que, ante este bloqueo, el sistema termine entregando esas horas a docentes de áreas completamente distintas, como Artes Plásticas.

Esta práctica desprecia la especialidad técnica y pedagógica de nuestra asignatura. Un aula de música no puede ser un espacio de "relleno" para completar la carga horaria de otras áreas; requiere de un profesional que entienda el lenguaje musical y, sobre todo, que sienta la cultura regional. Al desplazar al especialista, se condena al estudiante a una formación superficial y se debilita el patrimonio cultural que deberíamos estar protegiendo.

Esta labor de arraigo no es exclusiva de una zona, sino una obligación en todo el país. Como alguien nacido en la ciudad de Tarija, donde la cultura chapaca es nuestra raíz, entiendo que mi deber profesional al trabajar en Villa Montes es abrazar y defender la identidad chaqueña. Mi objetivo es que el estudiante reconozca primero sus tradiciones y la importancia de su música, respetando sus raices y el legado de sus compositores.

La educación no puede ser una oficina de trámites; debe ser el puente que conecte al joven con su suelo. Si los maestros no asumimos la obligación de contextualizarnos, seguiremos formando ciudadanos sin identidad. Es hora de que el aula vuelva a sonar al ritmo de su propia tierra.


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