La política se cocina donde nadie mira
El otro día, mientras esperaba en la plaza de mi municipio, un grupo de señores discutía sobre el precio del tomate, tres niños jugaban con una pelota desinflada, y una vendedora armaba su puesto con la paciencia de quien repite un ritual. Pensé: acá se está haciendo más política real que en todos los comités de todos los partidos juntos. Y nadie lo sabe.
Porque la política boliviana tiene un problema grave: se está haciendo en los lugares equivocados. No hablo solo de élites. Hablo de algo más jodido: los espacios donde mi generación debería aprender política ya no sirven. Están diseñados para replicar lo viejo, no para construir lo nuevo.
El museo de las malas mañas
Entré a militar a la universidad con 18 años, convencido de que ahí se construía futuro. Me topé con un museo. Un lugar donde se veneran prácticas que deberían estar enterradas: negociaciones turbias por cargos estudiantiles, alianzas que duran lo que dura un beneficio personal, discursos que suenan lindo pero no dicen nada.
La federación universitaria, ese espacio que debería ser laboratorio de democracia, es más bien una fábrica de políticos al viejo estilo. Te enseñan a gritar consignas, no a formular políticas. Te entrenan para ganar elecciones, no para gobernar con la gente. Y cuando intentás proponer algo diferente —hablar de equidad de género con datos, de participación con metodologías— te miran como si fueras opa.
Entonces te das cuenta: no es que los jóvenes no queramos hacer política. Es que no tenemos dónde aprenderla.
Partidos con caras nuevas, cerebros viejos
Ahora vienen los partidos "renovados" con listas llenas de menores de 35. Ponen fotos lindas en redes, hablan de transformación. Hasta que preguntás: ¿cuándo nos van a sentar a debatir qué Bolivia queremos construir? ¿Dónde están los talleres de formación en políticas públicas?
Silencio. Porque esos partidos no quieren juventudes que piensen. Quieren juventudes que repitan. Que llenen plazas, viralicen contenidos, consigan votos. Pero cuando se trata de abrir espacios reales de debate donde podamos cuestionar, proponer, disentir... ahí se acaba la renovación.
¿Para qué queremos nombres nuevos si las prácticas son las mismas de siempre?
Donde sí se está cocinando el futuro
Pero acá viene lo interesante. Mientras los partidos juegan a la renovación, la política real se está haciendo en otros lados. En lugares que nadie está mirando porque no tienen logo ni presupuesto.
Se hace en los colectivos que van a comunidades sin que nadie les pague. En los grupos de vecinos que se juntan cada semana a pensar cómo solucionar el problema del agua. En las organizaciones feministas que diseñan protocolos de atención mientras el gobierno sigue sin presupuesto para refugios.
Esa es la política del siglo XXI. Y está pasando en paralelo a la política oficial, como dos países que no se hablan.
El problema es que esa política real no tiene conexión con la institucional. Entonces tenés gente brillante haciendo trabajo de hormiga sin herramientas para escalar. Y tenés políticos diseñando políticas que no tocan la realidad de nadie.
La pregunta incómoda
¿En qué espacio estás hoy donde puedas debatir qué país querés construir? No me refiero a quejarte en redes. Hablo de un espacio donde realmente puedas aprender cómo se diseña una política pública que funcione. Donde puedas proponer sin que te callen porque sos joven.
Si tu respuesta es "en ninguno", entonces sos parte del problema. Y yo también lo era.
Lo que necesitamos urgente
Bolivia necesita espacios de formación política real: diseñar con participación genuina, no consultas decorativas; negociar sin venderte; implementar y evaluar con transparencia; todo con enfoque de género e interseccionalidad de verdad.
Y para los tomadores de decisión: si seguís diseñando políticas sin consultarnos de verdad, no te sorprendás cuando no te representen. No talleres decorativos. Hablo de co-diseño real. De abrir borradores de leyes antes de presentarlas. De bancarte que te digamos que tu política está mal.
¿Te animás a eso? ¿O tu apertura es solo marketing?
El momento es ahora
Bolivia está en momento bisagra. Nuevo gobierno que asume en meses. Elecciones subnacionales 2026. Crisis que nos obliga a pensar diferente. Y una generación que no se rindió.
Pero creer no alcanza. Hay que construir. Desde Fundación ECOS ya empezamos espacios de formación donde vas a aprender lo que no te enseñan. Pero ECOS es solo una chispa. El fuego lo tenés que prender vos en tu barrio.
La política que Bolivia necesita no va a venir de arriba. La construimos nosotros desde abajo. El futuro se está cocinando ahora, en espacios sin nombre. La pregunta es si vos vas a ser parte de cocinarlo o si vas a seguir esperando que te lo sirvan hecho.
Yo ya decidí. ¿Y vos?
Articulador del desarrollo para el liderazgo generacional y cofundador de Fundación ECOS


