Bolivia no se vende, se cuida: Bonos de carbono con salud planetaria
Imaginemos que Bolivia es un paciente en cuidados intensivos. Su corazón —la Amazonía y la Chiquitanía— late débilmente. Sus pulmones —los bosques andinos— se ahogan. Y mientras el paciente se deteriora, un grupo de médicos debate cuánto vale vender sus órganos en lugar de curarlo.
Esa es, sin más dramatismos, la conversación sobre los bonos de carbono en Bolivia.
Seamos directos: los bonos de carbono pueden ser una alternativa económica extraordinaria. El Decreto Supremo 5264 abrió la puerta al mercado global, pero lo hizo sin salvaguardas, invitando a la entrada de empresas privadas conocidas como "piratas del carbono" sin fiscalización alguna.
Ya vimos las consecuencias: representantes del falso Estado de Kailasa estafaron a pueblos indígenas baure, cayubaba y esse ejja, prometiendo pagos por "arrendamiento perpetuo" de sus territorios.
Pero el problema más urgente no son solo los piratas externos; somos nosotros mismos incendiando nuestro futuro.
El absurdo total: Quemar la heladera para vender el helado
Hablemos con números que duelen: en 2024, Bolivia sufrió la peor serie de incendios forestales de su historia, con al menos 14 millones de hectáreas afectadas, según informes de la Defensoría del Pueblo y la Fundación Tierra. Esto supera las 5.3 millones quemadas en 2019 e incluye la devastación de la Chiquitanía, zona de transición y hogar de las misiones jesuíticas Patrimonio de la Humanidad.
¿Y quién tiene la culpa? El "chaqueo" es permitido por las "leyes incendiarias", un paquete de medidas que autorizan el desmonte de hasta 20 hectáreas. El desmonte legal se multiplicó por seis desde la Agenda Agropecuaria 2025, con al menos 625.000 hectáreas autorizadas entre 2021 y 2023. Para colmo, las multas históricas de la ABT han sido mínimas, de entre 2 a 15 bolivianos por hectárea quemada, si bien el gobierno ha anunciado la abrogación, esto no ha pasado aún.
Aquí está el absurdo total: queremos vender oxígeno al mundo mientras quemamos los bosques que lo producen. Es como vender helados mientras incendias el congelador.
La ruta de la Salud Planetaria
La alternativa existe y tiene un nombre: conservación productiva con identidad cultural y salud planetaria.
El actual gobierno tiene la oportunidad histórica de salvar la Bolivia verde. Esta es la ruta propuesta:
1. Abrogación de las Leyes Incendiarias: Aprobar la abrogación de las leyes 1171, 337 y 741, cuyos proyectos de ley ya fueron aprobados por la Cámara de Senadores en septiembre de 2024 y remitidos a Diputados. Sin la abrogación total, todo lo demás es estafa internacional. No se pueden vender bonos de carbono mientras las leyes promueven la quema.
2. Ley Marco de Bonos de Carbono con Salvaguardas Reales: Establecer que un mínimo del 60% de ingresos se reinvierta en conservación verificable con participación vinculante de comunidades indígenas. Que regule quién puede vender, con qué certificaciones y bajo qué monitoreo. Hoy la ausencia de fiscalización invita a los piratas.
3. Integrar Bonos con Turismo Sostenible: Bolivia posee una de las mayores biodiversidades del mundo por kilómetro cuadrado. Bosques conservados = ecoturismo premium = empleos locales = comunidades prósperas que protegen su territorio. Es un círculo virtuoso, no extractivista.
4. Crear el Fondo de Salud Planetaria Bolivia: Gestionar el 20% de los ingresos por bonos con participación real de pueblos indígenas y sociedad civil. Este fondo debe financiar la restauración inmediata de las áreas quemadas y pagar a las comunidades por conservar, no por quemar.
Seamos honestos sobre dónde estamos: Bolivia perdió millones de hectáreas de bosque solo en 2024, manteniéndose en el segundo o tercer lugar de países más deforestados del mundo. Entre 2019 y 2024, los incendios causaron daños irreversibles a fauna y flora.
Estamos a tiempo. El mercado global de bonos de carbono crecerá exponencialmente. Bolivia podría captar una porción significativa si lo hace bien: con bosques realmente conservados, comunidades empoderadas y legislación que proteja contra estafadores.
El actual gobierno y la asamblea, tienen el momento histórico de perpetuarse en la historia como constructores de una Bolivia verde o como quienes nos comerciaron al mejor postor, sin cuidado, sin protección.
Bolivia no se vende. Bolivia se cuida. Y cuando se cuida bien, con salud planetaria en el centro, prospera para todos.
* CEO de Fundación ECOS, consultor global experto en desarrollo sostenible, cooperación y cine.


