Los enfermos de cáncer ¿no son pueblo?

Cuando en días pasados alguien comentó que era una incongruencia que nuestro Gobierno gastara cientos de millones de dólares en edificios suntuosos (y suntuosamente amoblados, nunca nos olvidaremos de las alfombras persas del Ministerio de Economía), en lugar de destinar esos recursos a temas...

EDITORIAL
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Cuando en días pasados alguien comentó que era una incongruencia que nuestro Gobierno gastara cientos de millones de dólares en edificios suntuosos (y suntuosamente amoblados, nunca nos olvidaremos de las alfombras persas del Ministerio de Economía), en lugar de destinar esos recursos a temas mucho más urgentes como los del servicio de Salud, la ministra de Comunicaciones replicó muy airada que este gobierno ha construido tremenda cantidad de hospitales, o sea que la Salud está atendida y podemos darnos el lujo de seguir gastando la plata del Estado en palacios, estadios, aeropuertos (incluidas las “terminales presidenciales”) y otras obras.

Sin embargo a los pocos días nos encontramos nada menos que con una doliente movilización de los enfermos de cáncer, que no están pudiendo ser atendidos, y encima con las amargas quejas públicas de los enfermos renales. Y a esto le tenemos que añadir los miles de casos de ciudadanos y ciudadanas que ni siquiera se pueden movilizar pero que no pueden curar sus dolencias porque los hospitales públicos no los/as pueden atender, y por falta de plata tampoco pueden pagar hospitales privados…

¿Qué pasa, compañera Ministra? ¿Dónde están sus hospitales? O mejor dicho, ¿por qué esos cientos de hospitales no pueden resolver los problemas más urgentes de la población? Yo se lo digo: porque no basta construir hospitales (que además todavía son insuficientes); es necesario equiparlos y dotarlos de personal médico y paramédico, y eso cuesta un montón de plata que no tenemos (porque la gastamos en obras suntuarias o por lo menos no necesarias). Ya hemos comentado en alguna ocasión el dato increíble de que los hospitales cubanos que hay en varios lugares (con equipos médicos de primera calidad y con auténtica vocación de servicio, y no de negocio) carecen del más elemental equipamiento.

En un proceso de cambio, como debiera ser el nuestro, resulta insuficiente que nuestro Presidente afirme que Fidel Castro era su “padre”, porque de un padre como ése lo menos que habría que hacer es aprender. Y Fidel tuvo siempre claro que la necesidad principal de una sociedad es la salud, y pese al feroz bloqueo imperial que Cuba padeció durante decenios la salud en dicho país fue siempre de primera calidad, absolutamente gratuita (incluidas las medicaciones) y verdaderamente universal (hasta el extremo de que los médicos cubanos vienen a colaborar a otros países y otros pueblos). Pero no, parece que lo único que valía la pena aprender de Cuba era la consigna de “Patria o Muerte”. Y esta misma consigna parece entenderse como que la “patria” es para unos y la “muerte” (por falta de rápida y gratuita atención médica) para otros…

Este proceso empezó como una “revolución” (democrática y cultural), y una revolución sólo puede enterse como un cambio radical, y ese cambio no puede consistir fundamentalmente en la construcción de edificios públicos suntuarios, de aeropuertos supernumerarios y de canchas con pasto sintético, sino primordialmente en bienestar de la población. Y claro, cuando nuestras altas autoridades se enferman pueden darse el lujo de viajar a Cuba para que las curen, qué lindo, ¿y el resto de la gente? ¿no se puede enviar a Cuba a esa cantidad de personas que además de padecer cáncer tienen que gastar energías en movilizarse para que todos sepamos lo que están sufriendo? ¿Qué nos dice al respecto, compañera ministra de Comunicaciones? Y conste que todavía la llamo “compañera” para que nuestro Presidente no me ponga a hacer tareas en un cuaderno escolar (que éste es otro tema álgido, el de la Educación gratuita y de calidad —y sin las mencionadas “tareas”— para toda la población).

Y mejor no mencionemos el retorno al Ministerio de Salud de aquel indeseable e inhumano Ministro que divulgó la enfermedad que padecía un magistrado que cometió el delito de tener criterios propios…

Bueno, ¿qué pueden hacer los enfermos y enfermas de cáncer? ¿Será que los puedan aternder en la “Casa Grande del Pueblo”?...

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