Transporte: Una solución definitiva

Fue una jornada sin excesos y sin violencia, los bloqueos apenas se concentraron en unos pocos puntos con alternativas y apenas duraron unos pocos minutos. El Transporte parece que esta vez cree que tiene la razón de verdad, que cree poder ganar y en esas ha decidido no confrontar con la...

Fue una jornada sin excesos y sin violencia, los bloqueos apenas se concentraron en unos pocos puntos con alternativas y apenas duraron unos pocos minutos. El Transporte parece que esta vez cree que tiene la razón de verdad, que cree poder ganar y en esas ha decidido no confrontar con la población, que al final si los extrañará.El reclamo es el mismo que se viene repitiendo en lo que va de siglo, un incremento de tarifa para el sector general adulto de 1,5 bolivianos a 2 bolivianos. En su pliego de justificaciones alegan el incremento de costos de repuestos y el general de vida, pues pocos se acuerdan de cuando se fijó el pasaje vía Ordenanza en 1,50 bolivianos.Evidentemente, el Transporte no menciona el subsidio a los carburantes ni los programas de reconversión a Gas Natural Vehicular. Mucho menos hace referencia al boom demográfico que ha vivido la ciudad en este siglo XXI, multiplicando por tres su población, es decir, sus usuarios potenciales. En esas, el transporte ha crecido a la par de la ciudad, desordenada y sin control de ningún tipo durante los quince años de gestión del ex alcalde Óscar Montes. La concesión de líneas y licencias o los montos de tributación siguen siendo hoy uno de los secretos mejor guardados por el “unirismo”. Nunca ha habido mayor problema en la gestión de un servicio privadísimo, pero que cada día hace uso de los servicios municipales perjudicando la salud de sus ciudadanos. Nadie nunca obligó a nadie a abrir o extender líneas más allá de la pura y dura lógica del capitalismo salvaje y nadie nunca reguló el número de unidades o la calidad de las mismas. Todo queda alegremente a las leyes del mercado, excepto, claro está, el precio, que se regula en el Concejo Municipal.Las líneas han crecido en los últimos años y han sumado más y más unidades, incluso una buena parte se ha renovado, algo que no ven muchos activistas de red social que siguen sin comprender que el transporte masivo es la solución y no el problema a la creciente congestión y contaminación de la ciudad. De sobra conocido es que el chofer y el dueño del micro no suelen ser la misma persona, por lo que el negocio, cuando menos, no es malo aún con la creciente competencia que han supuesto los trufis, una solución más rápida y que cada vez va aumentando el volumen de sus unidades y metiéndose más a las arterias principales sin que nadie ponga demasiada atención.El incremento de pasajes de los micros llegará por agotamiento, porque la gente cada vez más se ha desacostumbrado a reclamar y no porque el salario mínimo haya pasado de 400 a 2.000 bolivianos mientras el pasaje ha estado congelado, pero no parece ser este el momento. Ni Rodrigo Paz ni ningún otro alcalde saldría bien parado con una medida tan impopular.Por alguna extraña razón, el alcalde Rodrigo Paz se ha dejado pisar con el tiempo. Reestructurar el transporte no es ya un proyecto sino una necesidad emergente para una ciudad que necesita ordenarse para explotar todo su potencial. No se trata de poner más o menos papeleras o acordar unas frecuencias que después nadie controla. La tarea es titánica y es tarea de todos; cuando el pasajero reniega porque el chofer lo deja en la esquina y no a media cuadra, difícilmente entenderá que su línea se desplace dos, tres o cuatro cuadras, o desaparezca.Probablemente la solución, como casi siempre, pasa por la tecnología, por modernizar el servicio para ser más eficientes, por incorporar medidas de intermodalidad y porque el Municipio asuma el rol central en la organización y en la prestación de servicio quitándose de encima las lacras de experiencias del pasado. Sin una remodelación profunda, cualquier incremento será un fracaso.


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