Reflexiones desde el Cursillo

Ya pasará la fecha y otra vez el silencio guardará las tumbas.  ¿Se acordarán de ellos el resto del año?, creo que si, y si nos olvidamos hasta que se vuelva a vivir un nuevo 2 de noviembre, creo que pecamos de ingratitud y no debemos ser ingratos con quienes hemos compartido nuestra vida,...

Ya pasará la fecha y otra vez el silencio guardará las tumbas.  ¿Se acordarán de ellos el resto del año?, creo que si, y si nos olvidamos hasta que se vuelva a vivir un nuevo 2 de noviembre, creo que pecamos de ingratitud y no debemos ser ingratos con quienes hemos compartido nuestra vida, si los que se fueron son nuestros padres, más comprometidos estamos con ellos y en un acto de obligación moral, de gratitud, debemos orar por ellos siempre.No nos olvidemos de que un día seremos parte de los muertos y que amargura que nuestros seres queridos por quienes hemos luchado y entregado nuestro esfuerzo y sacrificio, a quienes hemos dedicado nuestra vida, nos olviden y no nos regalen con una oración, una Eucaristía ofrecida a Dios.La muerte, es el paso de esta vida hacia la eternidad, siempre lo hemos sabido, pero nunca nos vamos a acostumbrar a ese dejar esta nuestra vida ese desprendernos de los que amamos y ya no poderles oír, ya no poderles ver, ya no compartir, ya no participar, ya no ser parte viva en la familia y poco a poco caer en el olvido para siempre. Realmente la muerte es el gran misterio que pesa sobre toda la humanidad.Es un misterio que no alcanzamos a comprender, solamente podremos aceptarla con la fuerza de la fe y aunque no la aceptemos, todos vamos a llegar a ella y cada día de nuestra vida nos acercamos más hacia ese desenlace.Pero si aceptamos este destino con fe, vamos a sentir el consuelo de que al final del camino, El Señor nos espera; y allí comenzará la vida que no se acaba. Jesús nos da la alegría de la resurrección. El ha pasado por la muerte, pero la venció y resucitó, así nosotros también resucitaremos.  El Señor venció a la muerte por eso cantamos ¿Dónde está la muerte? ¿Dónde su aguijón?Después de la resurrección de Cristo, la muerte ya no tendrá la victoria sobre la existencia humana.La resurrección no es tan solo un retorno a la vida; cuando resucitemos pasaremos a una condición enteramente nueva, nuestro cuerpo mortal se volverá “espiritual” o sea seremos transformados y cantaremos el triunfo de la vida y la aniquilación de la muerte para siempre.Jesús es fiel a su palabra y El nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi, aunque muera vivirá” (Jn.11-25).  Es una promesa de Jesús. El nos mostró su resurrección y nuestra fe nos llevará a aceptar la muerte del cuerpo como un paso a la vida eterna. Pero vivamos preparados, que no nos alcance nuestro último día desprevenidos, sabemos que la muerte llegará pero no conocemos el momento, llegará como un ladrón. Vivamos una vida basada en la fé, que nos dice que creer en Dios, es aceptar su mandamiento que es uno, el mandamiento de vivir en el amor a Dios y al prójimo; si obedecemos y aceptamos nuestra vida estará alejada de toda injusticia, de toda maldad, de todo egoísmo, de todo odio; porque todo esto da muerte al alma.Cada día vivimos la experiencia de la muerte, muchas veces muy de cerca en nuestros familiares y amigos, otras veces de muchas personas de las cuales nos traen las noticias la prensa; como cristianos no debemos permanecer indiferentes sino reaccionar y encaminar nuestra vida por el camino del amor, vivir en amistad con Cristo, para ser acreedores a la felicidad eterna; porque solo en Dios encontraremos paz, sosiego y felicidad, en este mundo en el que buscamos tanto la felicidad, nunca seremos completamente felices y San Agustín encontró la respuesta por eso le dijo al Señor: “Nos hiciste Señor, para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que repose en Ti”.


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