Problemas grandes

“El país que pretende ser potencia global, militar y petrolera, debe enfrentar en año electoral y de Mundial de Fútbol, y el desafío que le presentan los sectores populares que demandan inclusión y acceso a los mismos bienes de los que disfrutan la mitad de los brasileños”.Así comienza...

“El país que pretende ser potencia global, militar y petrolera, debe enfrentar en año electoral y de Mundial de Fútbol, y el desafío que le presentan los sectores populares que demandan inclusión y acceso a los mismos bienes de los que disfrutan la mitad de los brasileños”.Así comienza un comentario sobre el Brasil, recientemente escrito por Raúl Zibechi, analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales de América Latina, y asesor de varios grupos sociales.Decía  entonces Zibechi que “Brasil vive un periodo complejo y contradictorio: por un lado se está convirtiendo en potencia petrolífera global a partir de los descubrimientos de Petrobras en la plataforma marítima, y se encamina a ser también una potencia militar.“Por otro lado –continuaba el mismo analista- la calle arde desde las masivas manifestaciones de junio, que se pueden repetir durante la Copa del Mundo de 2014” Y en estos días, esos brotes de violencia se han repetido en el Brasil.Dice una noticia del viernes que las escuelas no abrieron sus puertas en la favela Manguinhos, en la zona norte de esta urbe brasileña, tras una noche de protestas y enfrentamientos entre fuerzas policiales y narcotraficantes.Pero no es solo la criminalidad que tiene preocupadas (y ocupadas) a las autoridades brasileras, sino las enormes brechas sociales que se concretan al saber que existen millones de personas que no tienen absolutamente nada.Veamos, por ejemplo el caso del Movimiento de los Sin Tierra, que no necesita más que su propio nombre para convertirse en una denuncia, en el país en el cual los agronegocios acaparan decenas de miles de hectáreas de tierra laboral.Esa es una de las grandes diferencias que en este momento le pesan al Brasil, que tendrá que usar toda su capacidad para enfrentar los desafíos que tiene y que, por supuesto, son también de los que se pueden llamar “mais grandes”.Entre tales desafíos no es el menor asumir el liderazgo de la integración latinoamericana (que se debería llamar integración hispano-luso-americana) sin caer en la tentación de convertirse en un “subimperio”, como hay quienes justificadamente temen.Dice otra información (de  una fuente diferente) que el gobierno de Brasil indicó que enviará tropas a Río de Janeiro para ayudar a abordar la reciente ola de ataques violentos contra estaciones de policía en la ciudad.La decisión surgió después de que el gobernador Sergio Cabral pidió a la presidenta Dilma Rousseff apoyo del gobierno federal para mejorar la seguridad frente a la Copa Mundial de Fútbol en junio, pero la seguridad no mejora con más policías, sino con justicia social y esa es difícil de construir.No es, por supuesto, una cuestión de tamaño, sino algo mucho más complejo.


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