Egipto tan lejos, y tan cerca
Esto se traduce en un desconocimiento de una importante región del mundo que, esta semana ha saltado a las primeras páginas del mundo entero.A pesar de la distancia y las diferencias que nos separan de dichas sociedades, lo cierto es que la actual crisis política en Egipto posee ciertas...
Esto se traduce en un desconocimiento de una importante región del mundo que, esta semana ha saltado a las primeras páginas del mundo entero.A pesar de la distancia y las diferencias que nos separan de dichas sociedades, lo cierto es que la actual crisis política en Egipto posee ciertas características que nos resultan absolutamente reconocibles en nuestro vecindario, hay un cierto “aire de familia” con nuestra realidad. La explosiva combinación entre una élite corrupta y autocrática que ha mantenido al gobierno de Mubarak por tres décadas, con el apoyo de Estados Unidos y las potencias Europeas y una población sumida en la pobreza, la falta de educación y de oportunidades es algo que nos resulta más que familiar en América Latina.La situación egipcia es compartida por muchas naciones árabes, lo que explica en parte el llamado efecto dominó que, por estos días, tiene atemorizado a las potencias hegemónicas. El norte de África no sólo guarda inmensas reservas de petróleo sino que es el emplazamiento del estratégico canal de Suez y un cliente preferencial en la compra de armamentos. En este escenario, la actual crisis política desestabiliza toda la región y abre un horizonte incierto.Lo que sucede actualmente en Egipto trae algunas lecciones dignas de tenerse en cuenta. En un mundo globalizado que nos tiene acostumbrados a la cerveza sin alcohol, al café sin cafeína y a las políticas sin política; la presencia popular en las calles de El Cairo nos viene a recordar que la movilización de un pueblo sigue siendo un factor de cambio histórico protagónico y decisivo. A esto habría que agregar la importancia que han adquirido las nuevas tecnologías en la articulación de grandes movimientos sociales, al punto de que el gobierno de Mubarak suspendió los servicios de Internet en las horas más cruciales de la protesta. Por último, resulta interesante advertir cómo los medios de comunicación logran contagiar las demandas populares en diversos países en cuestión de semanas.Con todas sus singularidades, lo acontecido en Egipto está tan lejos y, sin embargo, tan cerca de la realidad de muchos países latinoamericanos que, de un modo u otro, comparten aquella condición que en tiempos pretéritos se conoció como las miserias del Tercer Mundo. Una realidad que ya fue denunciada por Gamal Abdel Nasser aquel patriota egipcio que se enfrentó a las potencias europeas de la época y nacionalizó el Canal de Suez. Una vez más, el mundo globalizado nos viene a mostrar que la vieja historia, aquella de pueblos ricos y desarrollados versus la de los pueblos pobres y subdesarrollados no ha perdido su vigencia hasta el presente. Especial para ARGENPRESS.info)


