Lucha Contra la Corrupción

Antes de desarrollar el tema de la corrupción quiero decir que, a muchos no nos pareció tan apropiado celebrar el Día Nacional - ¿o plurinacional? - del Acullico, pues la costumbre de mascar coca no es ni nacional ni plurinacional, pues no se practica en el Oriente boliviano. Además las...

Antes de desarrollar el tema de la corrupción quiero decir que, a muchos no nos pareció tan apropiado celebrar el Día Nacional - ¿o plurinacional? - del Acullico, pues la costumbre de mascar coca no es ni nacional ni plurinacional, pues no se practica en el Oriente boliviano. Además las estadísticas revelan que el acullico ha ido perdiendo practicantes, incluso en zonas altiplánicas. Aunque haya que mencionar con acendrado indigenismo, la excepción de los neo acullicantes masistas que se hacen fotografiar mordiendo una hoja sagrada para demostrar la autenticidad de sus orígenes autóctonos.Pero volvamos a la lucha contra la corrupción, una peste que se ha agravado en los últimos tiempos y que envenena desde las alturas del Gobierno, hasta los sectores de escasos recursos. Esta plaga no se fumiga como el mosquito del dengue. ¿Es que no tiene remedio? Veamos. La corrupción se puede prevenir, en cierta medida, desde la familia y de la escuela con la educación de la conciencia moral, así como desde la recta administración de la justicia. Aunque, en las condiciones culturales, incluso religiosas, en que se desarrolla nuestra sociedad, resulta difícil, cada vez más difícil, que la familia conserve y transmita los valores morales fundamentales que entendemos como buenas costumbres. Pero hay que trabajar en este sentido. En cuanto a lo que entendemos, en sentido amplio, como vida pública  tampoco es fácil que  los tribunales sean justos cuando el mismo Gobierno los ha politizado (léase, corrompido). Cuando el Gobierno habla de luchar contra la corrupción, no debe excluir al sector público, responsable en gran parte del los graves atentados contra el bien particular y el colectivo. Basta enunciar unas cuantas palabras, sin necesidad de alargarse en describir su significado. Para entender lo que quiero decir: narcotráfico, soborno, contrabando, prevaricación, perjurio, falso testimonio, delación, falsedad, difamación, injuria, estafa, lavado de dinero,… (me quedo corto) y otros mil delitos tipificados en el Código Penal. He omitido, a sabiendas, por simple respeto al discreto lector, todos aquellos crímenes nefandos que avergüenzan a la sociedad moderna. En todos esos pozos negros se encuentran la malicia personal y la perversión institucional. Pero si la Justicia institucional hace diferencias, castigando, incluso con exceso, al adversario político y tolerando la maldad de sus correligionarios, estaría dando pruebas de una repelente hipocresía. A modo de aterrizaje recordaré que todavía existe un factor coadyuvante a las dos instituciones (familia y justicia) en la auténtica lucha contra la corrupción, y que llamamos sanción social. Es el castigo, no legislado, que la sociedad impone al inmoral, al corrompido, quitándole la confianza la amistad y la reputación.

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