Cuando el petróleo alienta el separatismo

Entre el 9 y el 15 de enero se celebró el referéndum por la independencia del sur de Sudán, tras el que todas las encuestas apuntan que de forma holgada ganará la opción por la que Sudán del Sur se convertirá en un nuevo Estado.Al contrario que en resto del Sudán, en el sur la población...

Entre el 9 y el 15 de enero se celebró el referéndum por la independencia del sur de Sudán, tras el que todas las encuestas apuntan que de forma holgada ganará la opción por la que Sudán del Sur se convertirá en un nuevo Estado.Al contrario que en resto del Sudán, en el sur la población es mayoritariamente cristiana y animista, y votará, según todos los indicios, de forma bastante abrumadora por la independencia, incluyendo a las minorías musulmanas que van desde el este de la ciudad de Malakal hasta la frontera con Etiopia, que también han formado parte de las guerrillas del Southern People Liberation Army (SPLA). Desde 1983 hasta 2005, el SPLA se ha enfrentado a Jartum en una guerra que dejó dos millones de muertos, en su mayoría civiles.Bastante culpa de un resultado unánime a favor de la independencia se deberá a la política de la capital que ha golpeado durante años a la población del sur, provocando hambre y favoreciendo las incursiones de las tribus misseriya, procedentes del norte, que han arrasado y masacrado poblaciones civiles en una proporción mayor de lo ocurrido más recientemente en Darfur. Reconociendo todo lo anterior, también resulta evidente que en África, se ha alentado externamente la independencia de las regiones que concentran el petróleo.En los tres países mayores productores de petróleo: Nigeria, Angola y Sudán, sus áreas petroleras, respectivamente: Biafra, Cabinda y Sudán del Sur, han visto aparecer movimientos independentistas que, al menos, inicialmente tenían claras conexiones externas. Angola y Sudán son los máximos suministradores africanos de petróleo a China y la zona de Darfur (Sudán) está mayoritariamente explotada por compañías estatales chinas de petróleo.La guerra por la independencia de Biafra, (antigua región de Nigeria) acaecida entre 1967 y 1970, fue una estrategia del Gobierno francés para apoderarse del petróleo que en aquel momento estaba siendo explotado por la anglo-holandesa, Shell. La guerra, con más de un millón de muertos, acabó una semana más tarde del acuerdo para la repartición del petróleo alcanzado por la francesa Total-Elf y la Shell. En Cabinda, (Angola), el primer conato armado por la independencia fue protagonizado por un grupo donde era apreciable el número de mercenarios blancos. Posteriormente, es posible que las ideas independentistas hayan enraizado entre la población de Cabinda, que, como todas, siente que no le llegan los beneficios del petróleo.EE UU ayuda a las guerrillasLa ayuda norteamericana a las guerrillas SPLA, que luchaban por la independencia del Sur, que alberga el 80% del petróleo de Sudán, ha sido bastante evidente y ha oscilado desde posiciones más veladas hasta otras más abiertas como las manifestadas por Roger Winter, quien ha ostentado diferentes e importantes cargos del Gobierno de EE UU en la zona, en las que abogaba al principio de la guerra por utilizar a los ejércitos de Uganda o Eritrea, en aquel momento aliado, para derrocar al Gobierno de Sudán.La ayuda al SPLA por parte del dictador ugandés, Yuweri Museveni, fue contestada por el Gobierno sudanés financiando y dando bases logísticas en Sudán del Sur a las guerrillas ugandesas del Lord Resistency Army (LRA) que, dirigidas por el iluminado Joseph Kony, pretendían imponer un Estado regido por los diez mandamientos como única ley.En la práctica, el LRA, se ha dedicado a aterrorizar a la población del norte de Uganda, secuestrando niños y obligándolos a asesinar a sus familiares como forma de mantenerlos en la guerrilla. También resulta patente el gran esfuerzo realizado por EE UU y otros países para que se celebre un referéndum modelo. Eso contrasta, por ejemplo, con la pasividad para organizar un referéndum en el Sahara Occidental, o Somalia, en el que se incluyan a todos los grupos. También contrasta con los esfuerzos que se han hecho en multitud de ocasiones para que no se celebre ninguna consulta popular cuando existe la menor probabilidad de que la población vote por la opción que no gusta a EE UU, como la no inclusión de unas elecciones en los Acuerdos de Arusha, que podrían haber evitado el genocidio de Ruanda.Las acusaciones de la Corte Penal Internacional de la Haya (CPI) contra el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, son incuestionables, pero al igual que con el referéndum, sólo se aplican a aquellos que molestan a los EE UU y aliados. Otros gobiernos de la región con igual o más méritos para que la CPI se fijara en ellos, en cambio, han salido indemnes, como los presidentes de Ruanda, Paul Kagame o de Uganda, Yuweri Museveni, ambos creación de Roger Winter.Sin embargo, la Audiencia Nacional, con el magistrado Fernando Andreu, ha encontrado evidencias de terrorismo, crímenes contra la humanidad y genocidio contra Kagame por sus actividades en relación con la guerra del Congo, la misma que investigó el CPI y sólo encausó a señores de la guerra de tercera fila.El fiscal jefe de la CPI, el argentino Luis Moreno Ocampo, hace no mucho sorprendió al defender que el ejército de EE UU fuese usado como una especie de policía mundial con capacidad para detener a cualquier encausado por el CPI, en la línea de los objetivos propuestos por Kissinger y otros miembros del club Bilderberg, en relación con la creación de un Gobierno mundial.*Publicado en diagonalperiodico.net

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