En aras de la verdad y la justicia

Quisiera primeramente hacer memoria indicando que la mayor parte de las actividades que se vinieron desarrollando en nuestro departamentos hasta hace no mucho tiempo atrás estuvieron caracterizadas por su carácter “voluntarista”, es decir que la gente hacía lo que podía con los medios que...

Quisiera primeramente hacer memoria indicando que la mayor parte de las actividades que se vinieron desarrollando en nuestro departamentos hasta hace no mucho tiempo atrás estuvieron caracterizadas por su carácter “voluntarista”, es decir que la gente hacía lo que podía con los medios que tenía a su alcance y sin esperar retribución de ningún tipo. De manera general, estas personas podrían caracterizarse en la forma en la que Cantú las describió en algún momento: “...nobles como el sol y pobres como la luna...”.¿Acaso se podría reprochar o “enjuiciar” al autor o autores de las estatuas que ornan actualmente nuestras avenidas y plazas porque no están hechas de bronce o porque no tienen las proporciones debidas cuando sabemos que, en el momento en que fueron hechas, había que emprender verdaderas epopeyas para conseguir siquiera una miserable bolsa de cemento? ¿O vamos a “denunciar, procesar y precautelar” a Roberto Echazú por no haber sabido cuidar su vida e inmolarse en aras de un ideal que ni siquiera sabremos algún día si llegó a ser realmente tal sino, quizás, simplemente, una entelequia que él y sólo él podía comprender? No se trata, indudablemente, de hechos mensurables por valores materiales.Si se quisiera juzgar a Don Elías Vacaflor Dorakis tendríamos que hacerlo comenzando por el hecho que Don Elías fue el creador y fundador –junto a Doña Zulema Bass Werner v. de Ruiz-, del propio Archivo Histórico de Tarija, para el cual ambos reunieron en diferentes etapas los documentos desperdigados en diferentes reparticiones prefecturales para ubicarlos en locales que pudieran preservar su existencia y conservación. Es mérito personal del señor Vacaflor Dorakis el haber podido conseguir la dotación para este Archivo de un edificio con los atributos históricos que le correspondían para albergar a tan valiosa  colección documental, en riesgo de perderse como muchas otras piezas que desaparecen a diario en nuestro entorno por la acción consciente o inconsciente de sus propios habitantes.Tengo indudablemente que decir que, como muchos otros, no siempre he estado de acuerdo con las opiniones de Don Elías Vacaflor Dorakis en el campo histórico pero siempre las he respetado considerando que ellas eran fruto de un esfuerzo personal y nunca, desde luego, de un criterio profesional de historiador que es por otra parte el caso de todos quienes tratamos de hacer historia en Tarija. No somos historiadores profesionales y no pretendemos serlo, simplemente tratamos de hacer Historia de la mejor manera posible y lo más apegados a la verdad objetiva y documental como una contribución al conocimiento de la verdad mientras se hagan estudios mas serios y de mayor profundidad.Pensar, por otra parte, que el señor Vacaflor Dorakis hubiera desarrollado toda la actividad que desplegó en su momento para “reunir” el material histórico existente, archivarlo para su mejor y más oportuna preservación, buscando, encontrando y consiguiendo que la Gobernación de Tarija asigne un edificio con las adecuadas características históricas para albergar tan valiosa documentación para, finalmente, convertirla en un botín de lucro es algo que no cabe en ninguna cabeza medianamente cuerda. Pretender hacer creer que ese material pudiera tener un valor económico del cual se puedan sacar beneficios materiales es por otra parte algo simplemente ridículo.Pese a que Don Elías Vacaflor Dorakis es miembro de la Sociedad de Etnografía e Historia de Tarija, organización que me precio en dirigir como Presidente, no voy a asumir la defensa de su persona en particular sino de la del espíritu que ha animado a él y a todas las personas que hemos venido tratando de desarrollar nuestras potencialidades y conservar nuestros atributos, espíritu al que se ataca ahora desde los cuatro puntos cardinales tratando de desvirtuar los valores que hemos venido construyendo con tanto amor y sacrificio desde hace ya muchos miles de años.Reitero por tanto la pena que siento porque estas intencionalidades se hubieran planteado a un nivel tan bajo, con acusaciones de semejante liviandad y desconociendo a propósito méritos y atributos. Lo mejor que se puede pedir en este tipo de casos es mantener la altura, el nivel y el respeto que tanto personas como instituciones merecen por su propia razón de ser y existir.

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