La biopiratería
Algo sabemos todos sobre esa apropiación abusiva de especies, para luego lucrar comercializándolas o procesándolas en los laboratorios, donde obtendrán valiosos elementos, que luego patentarán, etiquetarán y nos los venderán impunemente, con escandalosas utilidades y sin ningún respeto...
Algo sabemos todos sobre esa apropiación abusiva de especies, para luego lucrar comercializándolas o procesándolas en los laboratorios, donde obtendrán valiosos elementos, que luego patentarán, etiquetarán y nos los venderán impunemente, con escandalosas utilidades y sin ningún respeto por los derechos originarios de lo que ávidamente explotan.Eso sucedió con la quinina, un aporte de estas tierras americanas, sin el cual muchos más estragos hubiera causado la malaria y mucho menos riqueza hubieran trasladado a sus arcas los laboratorios.Pero volvamos a la Amazonía donde en una hectárea de bosque hay en promedio 400 especies diferentes de árboles y plantas, algunas sin estudiar a fondo todavía.La diversidad vegetal no es el único tesoro amazónico. Con un quinto de todas las especies de pájaros de la tierra, dos mil especies de mamíferos y dos mil de peces, además de dos millones y medio de especies de invertebrados, el bosque pluvial tropical suramericano es considerado como el lugar biodiverso más precioso del mundo.Y ahí es donde apunta la “biopiratería”, que está creciendo exponencialmente y puede volverse incontrolable, aunque el “Corredor Norte” no tenga ese objetivo, pero ya sabemos cómo operan ahora y han operado siempre los piratas.Por biopiratería se entiende el acceso ilegal o irregular a recursos biológicos y genéticos con el fin de explotarlos económicamente. En la mayoría de los casos, los biopiratas del siglo XXI son científicos sin escrúpulos que se introducen en los territorios indígenas del Amazonas, se ganan la confianza de los nativos, a menudo dando sumas de dinero, logrando de este modo apoderarse de secretos milenarios, como por ejemplo el uso de plantas medicinales o el uso de sustancias.Yuri Leveratto, una acuciosa investigadora ambientalista relaciona en una publicación reciente la siguiente “muestra” de los daños que ya han hecho los biopiratas:El Cupuacu (pronunciación copuassù), un fruto tradicional amazónico rico en vitaminas, cuyo principio activo fue registrado con un nombre parecido, es utilizado para la producción de chocolate por una reconocida multinacional.Otro caso famoso es la patente de epibatidina, un alcaloide contenido en la piel de una rana endémica del Amazonas (epipedobates anthonil). Esta sustancia es eficaz contra el tratamiento del dolor (es 200 veces más potente que la morfina). El principio activo de la piel del anfibio fue registrado en EE.UU.Las esencias contenidas en la planta conocida con el nombre Uña de Gato (Uncaria tormentosa), fueron registradas por una reconocida multinacional, después de haber sido substraídas a indígenas Ashaninka de la selva amazónica peruana.Y hay muchos, muchísimos más ejemplos. Suficientes como para que comencemos a preocuparnos seriamente por ese patrimonio sudamericano.


