El momento de la verdad

La opinión generaliza hoy en día, es que muchos de los problemas que han alarmado al país el último año, se debieron al cálculo erróneo del precio del riesgo. Esta opinión sin duda tiene algo de verdad, ya que el gobierno parece haber subestimado la reacción del pueblo, particularmente...

La opinión generaliza hoy en día, es que muchos de los problemas que han alarmado al país el último año, se debieron al cálculo erróneo del precio del riesgo. Esta opinión sin duda tiene algo de verdad, ya que el gobierno parece haber subestimado la reacción del pueblo, particularmente la última semana del mes de diciembre, como resultado del denominado “gasolinazo”.Desde mediados del año pasado, se registraron señales sobre posibles fricciones, surgidas precisamente del descontento de los “movimientos sociales”. Si se observan los conflictos en Caranavi y Potosí, resulta evidente que estos dieron el primer toque de alarma sobre posibles roces entre el gobierno y la sociedad civil. La viabilidad de instrumentar el proyecto gubernamental del “socialismo – comunitario” a ser construido sobre la concepción de subordinación del individuo a la comunidad, o del ciudadano al Estado, con la intención de afirmar la sociedad en la cooperación desinteresada, y la posibilidad de disociar la contribución social de las recompensas individuales, parece haberse estrellado con la cruda realidad del mercado.La misma idea de administrar racionalmente los factores para satisfacer las necesidades humanas, plantea a los servidores públicos encargados de formular las políticas económicas tres preguntas pertinentes: ¿Qué  debe hacer el gobierno?, ¿Cómo se deben tomar las decisiones?, y ¿Con qué grado de eficacia y eficiencia podrán cumplirse?  En una serie de escenarios y situaciones, es posible preguntarse si el grado de eficiencia tiene mucha más importancia que la relativa a qué hacer, ya que el grado de eficiencia con la que un gobierno gasta sus recursos puede ser más importante qué cuánto gasta o en qué gasta, tomando en cuenta que la proliferación de promesas incumplidas, muestra reiteradamente cómo las utopías pueden convertirse rápidamente en decepciones.Para poder suscitar apoyo y participación, la democracia debe ofrecer a todos los ciudadanos oportunidades reales de incrementar su bienestar material, incluso si aún se vislumbra pocas posibilidades de triunfo en los conflictos sobre la distribución.

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