Paradojas de la era global
A partir de correlaciones de fuerza matemáticas, Estados Unidos, la única superpotencia involucrada en verdaderas guerras, no puede ser derrotado por ningún país ni por todos juntos, en cambio ellos no pueden vencer al Talibán, son impotentes ante Al-Qaeda, impunemente manipulados por Israel...
A partir de correlaciones de fuerza matemáticas, Estados Unidos, la única superpotencia involucrada en verdaderas guerras, no puede ser derrotado por ningún país ni por todos juntos, en cambio ellos no pueden vencer al Talibán, son impotentes ante Al-Qaeda, impunemente manipulados por Israel y vulnerables a cualquier leva de fanáticos. Un individuo con explosivos convencionales y una camioneta puede aterrorizar a los habitantes de Nueva York, paralizar sus aeropuertos y ocasionar pérdidas millonarias.La buena noticia es que a pesar de las tensiones de la Guerra Fría, la vigencia durante décadas de la doctrina de la destrucción mutua asegurada y la crispación de una confrontación ideológica que pareció antagónica y no lo era, desde hace 60 años las grandes potencias no libran guerras entre sí y, debido a la concertación de acciones a la que ya se han sumado Rusia, toda la ex Europa Oriental y los antiguos espacios soviéticos, cada día es menos probable que tal cosa ocurra.En las guerras de hoy en las cuales, de una u otra manera las alianzas en torno a los norteamericanos y sus aliados tradicionales funcionan, los Estados Unidos y la OTAN emplean la tecnología más avanzada y costosa, mientras sus adversarios se valen de fusiles y lanzacohetes adquiridos de contrabando, utilizan coches, burros y bicicletas bombas y acuden al absurdo aunque eficaz recurso de la autoinmolación. Frente al terrorismo, los perros son más eficaces que las armas estrategias y de destrucción masiva. Ya sea en Kabul, Washington, el Cairo o Adén, los norteamericanos y sus representantes no cuentan con seguridad alguna. Para ellos un ejército sería más fácil de derrotar que un comando suicida.A diferencia de las de antaño, las guerras en la era global no se libran en espacios operativos que permitían el despliegue de grandes masas de tropas, infantería, tanques, artillería y otros carros de combate, sino en zonas relativamente pequeñas, en aldeas o núcleos urbanos o en teatros de operaciones aledaños a ellos en los cuales la población civil está totalmente expuesta o e usada como escudo humano que no inhibe a los atacantes.Debido a otras peculiaridades, no hay evacuación de la población civil ni sirenas que, tal como ocurría en Londres durante la II Guerra Mundial, alertan a la población civil para que busque protección en refugios preparados de antemano. Los gobiernos de Irak y Afganistán (anteriores y actuales), al que se ha sumado el de Pakistán, se desentienden de la protección de la población civil.En estas guerras los países invadidos sufren grandes bajas, casi todas civiles, mientras las de los adversarios no son pocas, lo que apenas se registran son bajas en la técnica militar. No se derriban aviones ni helicópteros y apenas se destruyen tanques. En los conflictos contra el Tercer Mundo, la técnica militar moderna es prácticamente invulnerable; de ahí que los combatientes talibanes y otros acudan a formas de combate irregulares, al estilo de guerrillas que fueron utilizadas por sus antepasados frente a los romanos, dedicándose a cazar soldados de a pie a los que ninguna coraza podrá proteger completamente.A diferencia de la II Guerra Mundial que para occidente fue un empeño por impedir que el fascismo prevaleciera sobre la democracia liberal y para la Unión Soviética, su segunda Guerra Patria y la Guerra de Corea que se libró en nombre de la Doctrina Truman para la contención del comunismo, en las guerras de hoy no hay ni pizca de ideología. El Talibán no es un movimiento del liberación nacional ni Al-Qaeda una formación antiimperialista. El horror de la ocupación pudiera ser seguido por la incertidumbre acerca de qué harían los liberadores. En ese orden de cosas, puede tratarse de un juego de suma cero.Carentes de motivaciones ideológicas y sin objetivos políticos definidos, las guerras en la era global son operaciones de rapiña libradas por el control de materias primas estratégicas, principalmente petróleo y gas, rutas de acceso a las mismas y regiones estratégicas. Esas guerras conllevan la ocupación hasta que se logra la estabilidad necesaria para que nativos sometidos al estilo de Hamid Karzai puedan ejercer el poder y obtengan las migajas que les corresponde por desempeñar el papel de cancerberos en la protección de los intereses imperiales.Aunque raras veces se menciona, el tipo de guerra con ocupación en la cual hay una especie de final feliz, se inició con la presencia aliada y norteamericana en Japón y Alemania, países en los cuales la invasión y la presencia extranjera fue relativamente indolora, el sistema político fue reestructurado por los comandantes ocupantes y al final todo se zanjo amigablemente. Los esfuerzos norteamericanos por tramitar al Talibán y anular a Al-Qaeda, apuntan en esa dirección, aunque hasta ahora sin éxito.A las guerras en curso, se suma el peligro de que se desaten otros conflictos de mayor escala y más letales, incluso algunos que bajo determinadas circunstancias puedan involucrar a las grandes potencias, alcanzar proporciones globales y dirimirse con armas atómicas, poniendo en peligro la existencia del planeta y naturalmente de la especie humana. Así ocurre con los contenciosos asociados a Corea del Norte e Irán. (Especial para ARGENPRESS.info)


