La situación del Estado en la América Latina

Varios gobiernos incrementaron el papel del Estado compartiendo ingresos con multinacionales extranjeras (Brasil, Bolivia y Venezuela). Otros nacionalizaron total o parcialmente unas cuantas empresas en dificultades (Venezuela, Bolivia y Argentina). Algunos otros liquidaron su deuda con el FMI...

Varios gobiernos incrementaron el papel del Estado compartiendo ingresos con multinacionales extranjeras (Brasil, Bolivia y Venezuela). Otros nacionalizaron total o parcialmente unas cuantas empresas en dificultades (Venezuela, Bolivia y Argentina). Algunos otros liquidaron su deuda con el FMI para poner fin a la «supervisión» que ejercía sobre la política fiscal y macroeconómica (Brasil, Argentina). La mayoría de los Estados adoptaron medidas de estímulo para reactivar la economía, reducir el desempleo y adaptarse a algunas demandas sociales del mercado de trabajo. Todos los gobiernos adoptaron políticas concebidas para maximizar los ingresos y los beneficios obtenidos con el aumento del precio de las mercancías invirtiendo y fomentando la explotación de la producción agraria y minera.Para amortiguar futuros impactos económicos externos, los Estados adoptaron políticas fiscales conservadoras, acumulando excedentes presupuestarios e incrementando las reservas de divisas.Con independencia de la expansión del papel del Estado y de su oportuna intervención para maximizar los beneficios obtenidos con la demanda mundial, el Estado sigue siendo un socio subsidiario con respecto al capital privado. Incluso en Venezuela, donde se nacionalizaron varias industrias importantes, las empresas estatales representan menos del 10 por ciento del PIB. Es igualmente importante que el Estado y la economía, tanto pública como privada, están subordinados a la «división colonial del trabajo» del mundo entero, según la cual América Latina exporta productos agrarios y minerales e importa manufacturas. El énfasis depositado en las industrias extractivas favorece las inversiones extranjeras a gran escala, mientras que la estabilidad y el orden del balance fiscal, las reservas de divisas a gran escala y las tasas de interés relativamente altas atraen al capital financiero.No obstante, la aparición de un Estado fuerte deja traslucir varios elementos históricos y estructurales. Aunque algunos gobiernos han purgado a parte de la cúpula militar y los mandos policiales de dictaduras anteriores, no ha habido una auténtica transformación institucional que incluya el proceso de reclutamiento de policías y militares, la formación y la reorientación política de la institución. Además, todos los gobiernos siguen colaborando y participando en maniobras militares y misiones de entrenamiento con programas de asesoramiento militar estadounidense, pese a la historia conocida e infame de ser «escuelas de los golpistas». Asimismo, también es peligroso para la estabilidad del Estado la nueva estrategia de desarrollo, basada en unas élites empresariales a las que promueve a pesar de que en el pasado recurrieran a las autoridades militares y fomentaran golpes de Estado cada vez que veían amenazados sus intereses políticos o sus beneficios económicos.La estabilidad actual de los Estados latinoamericanos descansa en parte sobre los precios y la demanda potencialmente volátiles de las materias primas, sobre unas instituciones militares con muchos lastres del pasado y demasiados vínculos con amos golpistas de Washington y sobre un sector privado dispuesto a acatar las reglas del capitalismo democrático siempre que no se les arrebate la hegemonía social y económica.


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