¿Es o no es verdad? Economía del conocimiento

En efecto, las grandes figuras de este siglo que empieza coinciden en que sólo aquellos países que encaren con audacia y previsión la educación de las nuevas generaciones por los caminos de la investigación, la innovación, el conocimiento y la competencia, estarán en condiciones de ocupar...

En efecto, las grandes figuras de este siglo que empieza coinciden en que sólo aquellos países que encaren con audacia y previsión la educación de las nuevas generaciones por los caminos de la investigación, la innovación, el conocimiento y la competencia, estarán en condiciones de ocupar un puesto destacado en el planeta tierra. Estas afirmaciones no son mías sino del conocido periodista Andrés Oppenheimer en su último libro que acaba de salir y lleva por título, ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro. El mismo autor ganó prestigio cuando lanzó su obra titulada Cuentos chinos, en la que desbarataba mentiras con las que algunos demagogos tienen a muchos países bajo la pobreza y la ignorancia. Vamos al grano. El mismo subtítulo del primero de los libros de Oppenheimer analiza la “obsesión con el pasado” y “las claves para el futuro”, ya nos coloca en la disyuntiva que deben asumir las políticas educativas. Unas que se autocomplacen en la repetición nostálgica del pasado, y las otras que han decidido encarar los desafíos del presente y del inmediato futuro. Copio del libro de Oppenheimer: “La obsesión con el pasado (que, con obstinada miopía, aquí llamamos descolonización) es un fenómeno que si bien está exacerbado por los festejos de la independencia, es característico de la región. Curiosamente, no he observado el mismo fenómeno en mis viajes recientes a China, la India y otros países asiáticos, a pesar de que muchos de ellos tienen historias milenarias”. El acucioso periodista se pregunta si esta obsesión por un pasado no nos “distrae de la tarea cada vez más urgente de prepararnos para convertir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI”. Tal y como acostumbra, Oppenheimer apoya sus conclusiones en los testimonios de grandes personajes que marcan el ritmo de este siglo que empieza. Por mi parte, empezaré copiando lo que escribe Oppenheimer del gran innovador de la cibernética y multimillonario norteamericano, Bill Gates, cuando agradece el haber tenido una “educación de muy buena calidad y una suerte increíble en cuanto a las circunstancias que me tocó vivir”. Y hace la siguiente comparación: “En la mayor parte de otros lugares del mundo, yo hubiera sido un mal agricultor”. Otra cita que merece nuestra atención es la del premio Nobel, Joseph Stiglitz, quien afirma que “el mundo se ha vuelto más competitivo porque la torta (de la economía mundial) se ha reducido y los países se están disputando ferozmente sus cuotas de mercado en el exterior” (…) “y esto significa que los países deben prepararse, tener los conocimientos y habilidades para competir en un mercado global”. Con estas ideas a la vista, uno se pregunta si nuestros legisladores plurinacionales, antiimperialistas, socialistas y otras adherencias que les conducen a la descolonización, han tenido en cuenta que el mundo gira en sentido contrario.


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