De uno a otro océano
Pero no es de historia peruana de lo que queremos ocuparnos, sino del puente que lleva el nombre de ese político peruano. El puente Billinghurst que tiene una longitud total de 722 metros y que pasa sobre el río Madre de Dios era la obra más grande que estaba faltando para completar Carretera...
Pero no es de historia peruana de lo que queremos ocuparnos, sino del puente que lleva el nombre de ese político peruano. El puente Billinghurst que tiene una longitud total de 722 metros y que pasa sobre el río Madre de Dios era la obra más grande que estaba faltando para completar Carretera Interoceánica que unirá Brasil con el océano Pacífico. Y dicen las noticias que el puente está listo.Nos ocupamos de esto porque están multiplicándose las voces de quienes creen que esa vía destruirá la Amazonía y será el fin de pueblos indígenas que habitan aún allí y que no podrán sobrevivir en trauma.Dicen esas voces que “el puente representa al gigante capitalista que se yergue sobre la Amazonía; imponente, fuerte, orgulloso, pero principalmente destructor a quien nadie ni nada lo detiene. Ni los incas ni los españoles lograron doblegar a los valerosos indígenas que defendieron sin necesidad de pólvora la Amazonía, pero ahora el “gringo” lo pudo.Alguien muy conocido en Bolivia como es el historiador Pablo Cingolani es uno de los convencidos de que cuando se acabe de construir y se ponga en funcionamiento el puente se habrá iniciado “la destrucción de la naturaleza y el etnocidio genocida de los pueblos originarios”.No es para tomarlo a la ligera, pero tampoco para exagerar posturas conservaduristas (algunas ONG las tienen) que quisieran que nada cambie, que la ciencia no avance, que cualquier intento de modernidad sea bloqueado, Pero la esencia conservadora es también mantener el injusto orden social y el sistema de clases existente, y llegando al extremo inclusive mantener el papel de la iglesia católica y el orden legal heredado del sistema colonial. Tampoco tanto.Lo que debemos vigilar es que la modernidad no traiga, inexorablemente, las taras con las que se incubó, se desarrolló y se globalizó el capitalismo. Eso es una cosa, otra muy diferente es oponerse – como algunas sectas religiosas protestantes lo hacen - inclusive al uso de máquinas, a las vacunas y a todo lo que trasmine “modernidad”.Decir que comenzó el más vasto plan de recolonización capitalista de Sudamérica, y que esa carretera de más de 5000 kilómetros que permitirá el flujo permanente de inversiones y mercancías de un océano a otro, y la consecuente apertura irreversible del espacio amazónico al voraz mercado mundial, es un poco excesivo.Las voces de alerta de Cingolani y de otros defensores de los pueblos amazónicos deben ser tomadas en serio, pero “con beneficio de inventario”, como se dice en el lenguaje popular y aprovechar, más bien, para enterarnos mejor de los detalles de esa obra que fue para muchos, para millones, un viejo anhelo a punto de convertirse en realidad: unir por carretera, en Sudamérica, los dos océanos. Cuando conozcamos mejor todos los detalles, podremos opinar mejor.


