México: la guerra dejó de ser juego de niños
Invisibles son también sus familias despedazadas o los huérfanos hijos de policías o narcotraficantes “Están creciendo y en el proceso unos, muy pocos, aprenden a sortear balas, otros quedan entre ellas, sin verdad ni justicia”, explicaba la doctora.Elías, de 15 años, quedó varado...
Invisibles son también sus familias despedazadas o los huérfanos hijos de policías o narcotraficantes “Están creciendo y en el proceso unos, muy pocos, aprenden a sortear balas, otros quedan entre ellas, sin verdad ni justicia”, explicaba la doctora.Elías, de 15 años, quedó varado entre balas la primera mañana del 2009, cuando ejecutaron a su padre, un policía de Michoacán. Ese día, cuando salió de casa, no se despidieron. El hombre se fue molesto porque había descubierto a su hijo de secundaria probando el cigarro. Iba en su motocicleta cuando le dispararon. En la corporación policial le ofrecieron un empleo a la viuda, pero no pudieron darle la verdad sobre la muerte de su esposo.La mañana que conocí a Elías visitamos el panteón donde están los restos de su padre. Mientras la mamá hablaba de lo vacía que se siente sin él a su lado, Elías caminaba en círculos como un animalito enjaulado. Se rascaba la cabeza, miraba al cielo, pateaba el piso. De pronto se soltó en llanto y pidió que nos fuéramos de ahí.“No puedo aguantar la muerte de mi papá. Siento que está en un viaje y que va a regresar. Pero cuando vengo al panteón veo que me equivoco. Ya se fue, ya está tres metros bajo tierra y eso me lastima mucho porque ya no siento a mi papá”, dijo en el camino de regreso. Pero tampoco puede estar mucho tiempo en casa, porque cada cosa le recuerda a su papá: la sala de madera que él escogió, el cuadro de caballos que él compró, el color de la cocina que él pintó.Después de la muerte de su padre Elías estuvo internado en el hospital casi un mes. La noticia le disparó la bipolaridad a este adolescente de voz dulce y mirada escurridiza. En un momento de calma, nos contó que en sus sueños se reconcilia con él y le da el abrazo que no pudo darle aquella mañana cuando se fue molesto a trabajar. Uno de esos sueños ocurrió en el hospital. Lo soñó llegando a casa con su uniforme de policía, lo escuchó quitarse las botas como solía hacerlo, y gritar “ya llegué canijos”. En su sueño Elías corrió a abrazarlo, pero no se atrevió a decirle que estaba muerto.Otra cosa que no le dijo Elías en el sueño, es que va a vengar su muerte. Eso, o matarse él.“Hubo una noche que se salió de la casa y no lo encontramos varios días, el miedo que tenía yo era que también a él me lo quitaran, porque decía que iba a vengarse”, contó la mamá.Con asesoría de la sicóloga, le dijo a Elías que la policía había atrapado al asesino y que en prisión alguien lo ejecutó “por justicia divina”. Ella no sabe si Elías lo creyó. Teme que en el fondo siga esperando el momento para vengarse. Aunque no sepa de quién.* Daniela Rea Gómez es reportera egresada de la Universidad Veracruzana. Comenzó sus actividades periodísticas en Veracruz y Reynosa. Actualmente trabaja en el periódico mexicano Reforma, en donde escribe sobre temas de desarrollo, derechos humanos y conflictos sociales.


