Opinión y confrontación

Un breve recuento histórico permite constatar que la iglesia católica aparece en  nuestro continente junto a la colonización española, y acompañó los procesos de dominación económica y política antes y después de la fundación de la República. Desde  el siglo XIX, a pesar de...

Un breve recuento histórico permite constatar que la iglesia católica aparece en  nuestro continente junto a la colonización española, y acompañó los procesos de dominación económica y política antes y después de la fundación de la República. Desde  el siglo XIX, a pesar de iniciales conflictos con el Estado, ha ocupado un sitial privilegiado en las cartas constitucionales por su reconocimiento como religión oficial y por una serie de prerrogativas con las que no contaban otras confesiones religiosas. Pero también es evidente que ha jugado un rol importante como factor contra hegemónico en momentos críticos de la memoria histórica poniéndose al lado de los pobres, contra las dictaduras militares y contra la arbitrariedad de poder. La iglesia no es pues única ni ha actuado siempre de la misma manera.Durante el régimen democrático, ha jugado un papel central como mediadora en la resolución de conflictos críticos, facilitando la consecución de acuerdos, en ese momento su rol se encontraba por encima de los intereses particulares, y fue altamente destacado por la población y por los actores sociales y políticos. Las encuestas de opinión situaron y sitúan a la iglesia entre las entidades con mayor credibilidad social. En la coyuntura actual, se han producido sin duda, cambios sustanciales en la relación del Estado con iglesia. Para comenzar la iglesia ya no goza de un lugar privilegiado en la Constitución,  producto de la secularización planteada en la última reforma constitucional, y cuyas consecuencias son de diversa índole: administrativas e institucionales poniendo en riesgo su situación anterior, y fundamentalmente ideológicas –mediante por ejemplo, la sustitución de sus símbolos en ceremonias oficiales-, y una serie de tensiones discursivas que se han generado en los últimos años.La iglesia, como cualquier otra institución social, está en total libertad de expresar sus opiniones y preocupaciones en el espacio público, y esta vez ha tocado sin duda un tema altamente sensible, pero la reacción gubernamental y de sectores afines resulta extralimitada y ciertamente innecesaria, asociándola a su viejo rol colonizador, al rol político de partido político opositor, e inclusive, al departamento de Estado norteamericano. Parecería que, ante el vacío discursivo dejado por la oposición política, cualquier discurso crítico es inmediatamente articulado por el gobierno al eje polarizador y resulta funcional para avivar la polémica política.


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