Impertinencias poco diplomáticas

Un escándalo, pues, pero de ninguna manera una novedad. Se ha sabido desde siempre que las representaciones “diplomáticas” de un país en otro son infiltraciones toleradas y mantenidas precariamente, un poco por “el qué dirán”, porque con la movilidad que ahora tienen los jefes de...

Un escándalo, pues, pero de ninguna manera una novedad. Se ha sabido desde siempre que las representaciones “diplomáticas” de un país en otro son infiltraciones toleradas y mantenidas precariamente, un poco por “el qué dirán”, porque con la movilidad que ahora tienen los jefes de Estado (y el nuestro destaca en eso) las relaciones entre países se hacen preferentemente a ese nivel. De todas maneras, las revelaciones de Wikileaks conmovieron a muchos, que se habían mantenido impasibles cuando se hacía similares denuncias desde La Paz o desde Caracas, o desde cualquier otro lugar, sobre espionaje encubierto de diplomacia.Eso nos pone a pensar en que a veces más importante que el contenido de lo que se divulga es quien lo divulga. Ahora, para algunos personales, como el ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, habrá que iniciar una nueva fase en la historia de las relaciones diplomáticas”. E instó a “crear una alianza global” como se hizo “en los momentos más trágicos tras el 11 de septiembre”.Pero el funcionario italiano fue más allá al hablar del tema. No se refirió a las “fiestas salvajes” que el gobierno de Berlusconi organiza (según alguno de esos documentos de Wikileaks), sino a que al comentar estos juicios, que según él son solamente indiscreciones de embajadores, “caeremos en la trampa que quiere que la diplomacia colapse y que el mundo sea guiado por enfrentamientos y guerras”. Tampoco es para tanto. Lo cierto, sin embargo, es que adquieren más credibilidad las reiteradas acusaciones de que en Bolivia la embajada de los Estados Unidos en forma recurrente está involucrándose en cuestiones políticas nacionales, como ya en muchas otras ocasiones se había denunciado y demostrado, como cuando, por ejemplo, René Barrientos Ortuño “integraba” a sus reuniones de gabinete ministerial al embajador Douglas Henderson. Y con seguridad que muchos otros presidentes también.Sin embargo, este escándalo pasará, probablemente sin que  la sangre llegue al río. (Es juego de palabras de mal gusto, porque precisamente Río está ensangrentado) y se reconstituirá esa meliflua relación internacional llamada “diplomática” en la cual la falta de sinceridad es lo único compartido y lo único confiable. En Bolivia algo (no todo) ha cambiado desde cuando por el “pacto de caballeros” las relaciones exteriores eran terreno vedado para quienes no pertenecieran a alguna de las tiendas de la oligarquía dominante. Por eso, pensándolo mejor, no estaría mal prestarle más atención a lo que dijo el canciller italiano: “habrá que iniciar una nueva fase en la historia de las relaciones diplomáticas”Y como el secretario general de la Organización de Naciones Unidas aparece también como víctima de la diplomacia “impertinente”, resultaría hasta pertinente que sea la ONU la que se ocupe de bosquejar esa “nueva fase” en esas relaciones.


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