Intelectuales: ¿Soldados de la revolución?
Yuri F. Tórrez Sociólogo y Coordinador del Área de Investigación del Centro Cuarto Intermedio www.uramanta.org En determinados sectores intelectuales allegados al gobierno es muy común escuchar que el rol de los intelectuales, particularmente articulados al esquema del Gobierno actual es...
Yuri F. Tórrez Sociólogo y Coordinador del Área de Investigación del Centro Cuarto Intermedio www.uramanta.org En determinados sectores intelectuales allegados al gobierno es muy común escuchar que el rol de los intelectuales, particularmente articulados al esquema del Gobierno actual es constituirse en “soldados de la revolución”. Obviamente esta aseveración nos recuerda aquella vieja acepción gramsciana de los “intelectuales orgánicos”. Empero, asimilar la “obediencia militar” con el quehacer intelectual es una cuestión que amerita una reflexión profunda.En rigor, el aporte de los intelectuales para un proceso de transformación estatal es decisivo, por ejemplo, en el diseño de políticas públicas dirigidas a trastocar aquel esquema burocrático que es, entre otras cosas, legado de los gobiernos neoliberales. Ahora bien, otra cosa muy distinta es el papel de los intelectuales para legitimar acríticamente incluso posturas equivocadas asumidas desde los esquemas de poder, sea con un discurso “engañoso” o también con un silencio “cómplice” sólo en el afán de no incomodar al poder y así perder sus privilegios. Al parecer, la noción de “soldado de la revolución” tiene precisamente esa connotación pasiva y complaciente inclusive con los caprichos del poder.Desde los gobiernos neoliberales, el papel de los intelectuales fue haberse constituido en una estructura legitimadora del orden social que, poco a poco, ha carcomido los cimientos inclusive de la democracia representativa. Hoy se asiste a un proceso de transformación social evidente en el país con la aplicación de nuevas leyes que se ajusten a la nueva Carta Magna, empero, este proceso también está acompañado por actitudes que podrían derivar en un desgaste del propio proceso de cambio. En este contexto, la actitud de (algunos) intelectuales en la estructura del Gobierno es asumir una postura “pasiva” que está reñida con la propia esencia del intelectual, mucho más si este intelectual es crítico. En este contexto, el papel de los intelectuales parece desnaturalizarse por la cooptación por parte del poder, un rasgo muy común en Bolivia, independientemente de la visión ideológica que propugne determinada estructura de poder. Su designio parece ser “militante” (en el sentido militar de esta palabra) o, por el contrario, convertirse en “opositores irracionales”. En ambos casos, hay un común denominador y es que el intelectual abandona su postura crítica tan necesaria en un proceso de transformación como el que se está viviendo actualmente en Bolivia.


