Misión de la Iglesia Católica
Nuestra historia demanda a la Iglesia en general y a la Jerarquía eclesial en particular una activa participación, que significa romper los intereses creados entre la vieja Iglesia Católica y las estructuras de poder económico que someten al pueblo de Dios. Se trata de una Nueva Iglesia que...
Nuestra historia demanda a la Iglesia en general y a la Jerarquía eclesial en particular una activa participación, que significa romper los intereses creados entre la vieja Iglesia Católica y las estructuras de poder económico que someten al pueblo de Dios. Se trata de una Nueva Iglesia que no comulgue con los explotadores, con los usurpadores de territorios indígenas. Esta Nueva Iglesia no es una demanda de quien escribe; sino, de su misma doctrina católica, del Concilio Vaticano II, de la Conferencia de Obispos de Medellín, de Puebla. No se trata de acusar y luego esconderse bajo la sotana como lo está haciendo [hoy] Monseñor Tito Solari; sino de recordar y emplazarles a llevar a la praxis lo que señala la “CONSTITUCIÓN PASTORAL GAUDIUM ET SPES SOBRE LA IGLESIA EN EL MUNDO ACTUAL”Veamos algunos párrafos importantes de dicha Constitución, para refrescarles la memoria a los jerarcas de la Iglesia Católica Boliviana y reflexionar sobre la misma. Y, si nunca leyeron - su propia doctrina - enseñarles lo que dispone el documento de referencia en el apartado 42 bajo el título “Ayuda que la Iglesia procura dar a la sociedad humana” que indica: “La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina (…) la misión de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear, obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados (…)En otro párrafo indica: “La Iglesia reconoce, además, cuanto de bueno se halla en el actual dinamismo social: sobre todo la evolución hacia la unidad, el proceso de una sana socialización civil y económica. La promoción de la unidad concuerda con la misión íntima de la Iglesia, ya que ella es “en Cristo como sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (…) Las energías que la Iglesia puede comunicar a la actual sociedad humana radican en esa fe y en esa caridad aplicadas a la vida práctica. No radican en el mero dominio exterior ejercido con medios puramente humanos”.Más adelante el documento del Concilio señala: “…) por esta su universalidad, puede constituir un vínculo estrechísimo entre las diferentes naciones y comunidades humanas, con tal que éstas tengan confianza en ella y reconozcan efectivamente su verdadera libertad para cumplir tal misión. Por esto, la Iglesia advierte a sus hijos, y también a todos los hombres, a que con este familiar espíritu de hijos de Dios superen todas las desavenencias entre naciones y razas y den firmeza interna a las justas asociaciones humanas.Finalmente concluye el apartado 42 indicando que: “El Concilio aprecia con el mayor respeto cuanto de verdadero, de bueno y de justo se encuentra en las variadísimas instituciones fundadas ya o que incesantemente se fundan en la humanidad. Declara, además, que la Iglesia quiere ayudar y fomentar tales instituciones en lo que de ella dependa y puede conciliarse con su misión propia. Nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común.Observamos que “La Constitución Pastoral” establece con luminosidad la misión de la Iglesia: que es asumir un rol profético, al servicio de todos los hombres - no de un grupo minoritario, explotador y racista - sin compromisos con ninguna ideología, estructura de poder económico o político; teniendo en cuenta fundamentalmente el desarrollo histórico y luchar para que el hombre y la mujer pueda desarrollarse plenamente, bajo el imperativo del “bien común”; es decir: el interés colectivo por encima del interés individual. Sin embargo, la realidad boliviana, juez implacable, se encarga de demostrar que el accionar de la cúpula eclesial va en sentido contrario al Evangelio y a su propia doctrina. Porque no acompañan a “los necesitados”; al contrario, están al lado de opulentos terratenientes que usurpan territorio a los indígenas, de empresarios que explotan al obrero A partir de octubre del 2003, el carácter de las estructuras neoliberales quedaron al desnudo, los partidos políticos tradicionales fueron anulados; pero la base económica permanece intacta, gracias al apoyo de la cúpula eclesial. El 2008 las clases dominantes fracasan en su intento por retomar el control político, a través de su accionar violento y su incapacidad de respetar las reglas de juego impuesta por ellas mismas. En este escenario emerge la Jerarquía de la Iglesia Católica, encabezada por el Cardenal Julio Terrazas; poniéndose al servicio del gamonalismo y el empresariado boliviano, en su empeño por mantener intacto el andamiaje neoliberal y neocolonial. De esta manera se observa claramente que la Iglesia Católica en su jerarquía responde al poder económico en contra del interés del pueblo necesitado. Cardenal y obispos defienden el interés privado, individual contra el “bien común”. En suma, hacen todo lo contrario a lo que determina la “Constitución Pastoral Gaudium Et Spes sobre la iglesia en el mundo actual” Poder económico y jerarquía eclesial El matrimonio entre la Jerarquía Católica y el poder económico es en extremo obsceno y evidente. Ni siquiera son prudentes para guardar cierta distancia entre ambos grupos. En la imagen popular la Iglesia Católica aparece comprometida con el poder económico, que se agrava por el carácter brutal de la derecha fascista contra los más pobres de la ciudad y el campo. Luego de la promulgación de la Ley Contra el Racismo y toda forma de discriminación [octubre del 2010] nuevamente arremete la cúpula eclesial contra el gobierno del Movimiento al Socialismo, poniéndose esta vez al servicio de los grupos corporativos de Medios de Comunicación. Repitiendo la frase hueca y vacía de contenido: “Atentado a la libertad de expresión”. Olvidándose “… la misión íntima de la Iglesia, ya que ella es “en Cristo como sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” Finalmente, entra al ruedo político Monseñor Tito Solari, arzobispo de Cochabamba, manifestando a través de los Medios de Comunicación lo que sigue: “Siento una preocupación grande porque hay jóvenes de los colegios de secundaria que, en la noche, salen para trabajar en el tráfico de cocaína”. Que este hecho sea cierto o no, investigaciones posteriores lo dirán. Lo condenable es el carácter abiertamente político de las declaraciones de monseñor Solari, en momentos políticamente conflictivos entre Medios de Comunicación vs. Gobierno y sin presentar prueba alguna. No estamos hablando de afirmaciones de gente común y silvestre; sino de la autoridad máxima de la diócesis de Cochabamba. Todo lo señalado muestra el perfil de la Jerarquía Eclesial Boliviana: brazo ideológico de terratenientes y empresarios bolivianos y su negación a cumplir la misión que Jesucristo les encomendó y los diferentes documentos que su doctrina les obliga cumplir como mandato evangélico. Cuan lejos está nuestra Iglesia de hacer realidad que como “… hijos de Dios superen [mos] todas las desavenencias entre naciones y razas y den firmeza interna a las justas asociaciones humanas”. Al contrario con su accionar político en complicidad con la clase dominante, defensa a la “supuesta” violación de la libertad de expresión y declaraciones irresponsables dividen más a bolivianas y bolivianos.


