El gallego en contravía

¡Atención. Atención! ¡Un irresponsable está conduciendo en contravía por la Ruta 84! –- se escucha en la radio-Y dice el gallego: “¿Uno?.... ¡Son cientos!¿A qué viene el cuento? Pues a que algunas personas se niegan, se resisten a reconocer que están equivocadas y prefieren creer...

¡Atención. Atención! ¡Un irresponsable está conduciendo en contravía por la Ruta 84! –- se escucha en la radio-Y dice el gallego: “¿Uno?.... ¡Son cientos!¿A qué viene el cuento? Pues a que algunas personas se niegan, se resisten a reconocer que están equivocadas y prefieren creer que los equivocados son quienes los contradicen, no importa que sean ¡cientos!Que en la administración pública han existido y todavía existen irregularidades que van desde la conducta soberbia y displicente de algunos funcionarios (lamentablemente la mayoría) hasta elaborada corrupción de “alto coturno” para la cual se utilizan sofisticadas artimañas contables es una verdad de Perogrullo. Habría que ser necio para no admitirlo.Que ese comportamiento está generalizado y es crónico resulta también ocioso decirlo y repetirlo.Pero que cuando se comienza a investigar, con los procedimientos legales y con los recursos que para eso ha dispuesto el Estado a fin de que no lo continúen desangrando, son también inevitables las reacciones “ofendidas” que pretenden escamotear pruebas o inventar otras ficticias, atacar como recurso de defensa y muchísimas otras artimañas, para las cuales inclusive se ha inventado un sustantivo: “chicanas” se les llama.Y claro, en muchas oportunidades los necios logran desviar la atención, como en la sentencia árabe aquella que dice que “cuando alguien señala el sol con un dedo, el necio solamente ve el dedo”.Pues esas dos ideas se nos vinieron a la imaginación a propósito de lo que está pasando en nuestro país, donde todavía con chambonadas se está comenzando a actuar contra quienes creyeron que el gobierno y sus funciones administrativas eran parte de su heredad. Con chambonadas inevitables –decíamos- pero se está comenzando a aplicar esa tan esperada ley contra la corrupción y contra el enriquecimiento ilícito a costa del Estado En buena hora.De manera que es aconsejable que evitemos fijarnos solamente en el dedo que señala esa inocultable mala administración de lo público (que es de todos) y que apoyemos para que el manejo del Estado sea, finalmente, una función eficiente, de la cual se puedan enorgullecer con toda justicia quienes ejerzan ese delicado y honorable trabajo. Y, por supuesto, recordemos que siempre habrá gallegos (con las debidas disculpas a ese admirable pueblo), víctima de tantas bromas, que reaccionen alegando: “¿En contravía yo? No. Son los otros. ¡y son cientos!


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