Crisis: el qué hacer y el cómo

Así es como se puede valorar las opiniones de los analistas realmente maduros, como el lingüista Noam Chomsky, que al analizar la derrota de los demócratas en las últimas elecciones norteamericanas sostiene que los motivos de queja allí son legítimos. En los últimos 30 años – dice -,...

Así es como se puede valorar las opiniones de los analistas realmente maduros, como el lingüista Noam Chomsky, que al analizar la derrota de los demócratas en las últimas elecciones norteamericanas sostiene que los motivos de queja allí son legítimos. En los últimos 30 años – dice -, los salarios reales de la mayoría de la población se estancaron o disminuyeron, mientras que la inseguridad laboral y la carga de trabajo seguían en aumento, lo mismo que la deuda. “Se ha acumulado riqueza, pero sólo en unos cuantos bolsillos, provocando desigualdades sin precedente alguno”.Esas consecuencias que, según el mismo Chomsky, están derivadas de la “financiarización” de la economía que viene produciéndose desde los años 70, y el correspondiente abandono de la producción doméstica. Avivando el proceso, “la manía desregulatoria favorecida por Wall Street y apoyada por economistas fascinados por los mitos de la eficiencia del mercado”.El público en los Estados Unidos advierte que los banqueros, responsables en buena parte de la crisis financiera, y a los que hubo que salvar de la bancarrota, se encuentran disfrutando de beneficios récord y suculentas bonificaciones, y mientras, las cifras de desempleo continúan en el 10 por ciento, la industria se halla a niveles de la Gran Depresión y uno de cada seis trabajadores está en paro Hasta ahí, el análisis es sólido, casi incuestionable. Pero viene la segunda parte, tal vez la más importante y Chomsky no es propositivo como sí lo es Joseph Stiglitz, un autorizado crítico del sistema porque estuvo dentro muchos años, como vicepresidente del Banco Mundial y como asesor en economía de varios gobiernos estadounidenses.Stiglitz, para comenzar, afirma que la política monetaria de EEUU fue responsable, en gran medida, de la década perdida de América Latina, porque la subida de los tipos de interés, sin precedentes, provocó la crisis de la deuda a principios de los años 80. Así también, la política monetaria estadounidense fue responsable, en gran medida, de la burbuja cuya explosión ha llevado a la recesión mundial.Después de ácidas censuras a la poca capacidad de los países “grandes” para organizar soluciones reales y no meras declaraciones como las reciente en Seúl, Stiglitz plantea que tanto EEUU como China, principalmente, necesitan cambios estructurales, no sólo un reajuste de los tipos de cambio. Incluso a corto plazo, es mucho lo que podrían hacer para contribuir a la demanda agregada global: aumentar los salarios, por ejemplo. El  sistema actual es una anomalía. El mundo se encuentra en una coyuntura crítica. El camino que ha emprendido hasta hoy está marcado por una inestabilidad permanente y un crecimiento anémico. El camino de “cooperación” es mejor para todos enfatiza el Nobel 2001 de economía.Están analizadas, así, las principales causas de la crisis y esbozado el qué hacer. Ahora pongámonos a pensar en cómo hacerlo.


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