Una historia casi universal

En la Navidad de 1930, Santa Claus fue contratado por la Coca-Cola. Hasta entonces, no usaba uniforme, y por lo general prefería ropas azules o verdes. El dibujante Habdon Sundlom lo vistió con los colores de la empresa, rojo vivo con ribetes blancos, y le dio los rasgos que todos conocemos. El...

En la Navidad de 1930, Santa Claus fue contratado por la Coca-Cola. Hasta entonces, no usaba uniforme, y por lo general prefería ropas azules o verdes. El dibujante Habdon Sundlom lo vistió con los colores de la empresa, rojo vivo con ribetes blancos, y le dio los rasgos que todos conocemos. El amigo de los niños lleva barba blanca, ríe sin parar y es tan rechoncho que no se sabe cómo se las arregla para entrar en las chimeneas del mundo, cargado de regalos y con una Coca-Cola en cada mano.

Tampoco se sabe qué tiene que ver con Jesús.

FUNDACION DE LA ORGANIZACION

INTERNACIONAL DEL COMERCIO

Había que elegir al dios del comercio. Desde el trono en el Olimpo, Zeus estudió a su familia. No tuvo que pensarlo mucho. Tenía que ser Hermes.

Zeus le regaló sandalias con alitas de oro y le encargó la promoción del intercambio mercantil, la firma de tratados y la salvaguarda de la libertad de comercio.

Hermes, que después, en Roma, se llamó Mercurio, fue elegido porque era el que mejor mentía.

* Del libro "Espejos" de Eduardo Galeano. Galeano es uno de los periodistas más reconocidos, no solo en América Latina, sino en todo el mundo. Nació en Montevideo, Uruguay, en 1940 y en su vasta producción destacan: "Las Venas Abiertas de América Latina (1.971) Nosotros decimos No (1.989) y Patas Arriba. La Escuela del Mundo al Revés (1.998). Ha recibido muchos premios internacionales, entre ellos en dos oportunidades el de la Casa de las Américas. Por sus posiciones ideológicas irreductibles, vivió exiliado del Uruguay desde 1.973 hasta 1.985.

En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.

Ahora las mujeres y los hombres, arco iris de la tierra, tenemos más colores que el arco iris del cielo: pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.

Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resultaba imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.


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