Lifkin, no Huntington
En su libro “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, Samuel Phillips Huntington predice que los principales actores políticos del siglo XXI serán las civilizaciones en lugar de los estados-nación. Uno de sus mayores desatinos fue considerar que la...
En su libro “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, Samuel Phillips Huntington predice que los principales actores políticos del siglo XXI serán las civilizaciones en lugar de los estados-nación. Uno de sus mayores desatinos fue considerar que la inmigración actual de América latina hacia los Estados Unidos, constituye una amenaza a la identidad nacional de este país. Discrepamos rotundamente.Por eso recibimos con beneplácito el avance de la publicación de un libro con tesis totalmente opuestas a las de Huntington, del filósofo también estadounidense Jeremy Lifkin: “Civilización empática”. No le hemos leído aún, pero los comentarios bibliográficos tientan para hacerlo pronto.Veamos, primero, la empatía, base para las tesis de Lifkin: La empatía es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.Ciertas corrientes de pensamiento psicológico postulan que la mente humana tiene en común sensaciones y sentimientos. La única diferencia entre dos personas es el momento en el que se muestran dichos sentimientos, provocando emociones que motivan a actuar. Que una persona no sienta igual que otra en un momento dado, se debe a educación, predisposiciones genéticas y condicionantes hormonalesSostiene Lifkin que la empatía básica, consanguínea (“mi” padre, “mi” hermano) evoluciona y se amplia socialmente hacia “mi” tribu,”mi” pueblo, etc, hasta llegar a concepciones actualmente muy comprensibles, como “mi” país o “mi” nación.Expresiones de la psicología popular tales como “nosotros”, “nosotros los nacionales”, “nuestro pueblo”, etcétera, serían imposibles sin tal empatía (es decir, sin la asunción hipotética de la existencia de “personas parecidas a mí”).Y aquí viene lo más interesante: La tesis de Lifkin es que las crisis, que están provocando ya inimaginables colapsos globales, no solo en la economía, sino también en el clima, en la ecología y en todo, impulsarán una conciencia “empática” también globalizada, que, lejos de enfrentar a las civilizaciones las integrarán, en un gregarismo que nos haga concebir “nuestro mundo” y “nuestra civilización”.Por supuesto que para llegar a ese estado tienen que atenuarse y cambiar patrones competitivos aún muy fuertes y sentimientos culturalmente muy arraigados como la inalienable “propiedad privada”.Pero es estimulante que estén trabajando intelectuales que perciben al final de este largo túnel del capitalismo una luz que no es “un tren que viene”. (Como seguramente Samuel Huntington lo imaginaba)Y por supuesto que no vamos a prohibir a Huntington (no faltaría más), pero si vamos a recomendar la lectura de Lifkin. Para por lo menos equilibrar.No hay de qué.


