Reflexiones desde el Cursillo Luz
Las palabras de Jesús nos llevan a reflexionar sobre la luz que tenemos que ser cada hijo de Dios, cada hijo de la Luz, porque Dios es la luz, que nos hace ver la ruta que nos llevará a la meta final.Sin luz no podríamos vivir, nuestra vida no sería vida si tendríamos que vivir en...
Las palabras de Jesús nos llevan a reflexionar sobre la luz que tenemos que ser cada hijo de Dios, cada hijo de la Luz, porque Dios es la luz, que nos hace ver la ruta que nos llevará a la meta final.Sin luz no podríamos vivir, nuestra vida no sería vida si tendríamos que vivir en tinieblas, por eso necesitamos la luz de la gracia, de la amistad con Dios, para vivir y para transmitir su luz.La luz es la verdad, la verdad nos hace libres y debemos transmitirla sobretodo por el testimonio de vida, que nuestra vida sea un caminar en la justicia, en la solidaridad; caminar de tal manera que nuestra palabra reconforte, ayude y consuele a otros, así brillará para ellos la luz de la esperanza; nuestro auxilio, nuestra ayuda nuestra sensibilidad, debe proyectarse hacia los necesitados moral y económicamente, así brillará ante ellos, esa luz que les hará sentirse acompañados y no desamparados en el dolor, sino que el amor que Cristo ofrece llegue a través de nosotros hacia los que necesitan el calor de la fe. Decía el padre José Maria Escriba de que muchos pasan por el mundo como por un túnel sin conocer la luz de la fe.La luz es también alegría y esa alegría no solamente se la vive porque tengamos todo o casi todo de lo que ambicionamos o porque nuestros problemas sean minúsculos, sino la verdadera alegría, es vivir en la fe, creer, confiar y la esperanza será en nuestro corazón como una flor, que no se marchita, una flor que con su perfume envolverá nuestros días y así viviremos con la seguridad, en el apoyo y en la protección de nuestro Padre Dios. Es por eso que esta alegría que es luz, debemos llevarla a nuestros hermanos para que conozcan la verdadera alegría, esa alegría que nos da la presencia de Dios en nuestras vidas. Todos pasamos por situaciones difíciles y muchas veces sentimos agobio y cansancio. Pero, ¿Cómo vamos a llevar la luz si estamos proyectando dolor y desaliento?, más al contrario, encontraremos fortaleza en El Señor, Quien llevó una inmensa cruz, tan pesada, tan dolorosa; así brindaremos ayuda al que sufre y podremos sembrar esperanza en su corazón herido. Nuestro dolor es importante pero se minimiza si ayudamos a otros a sobrellevar el suyo.Es nuestra misión llevar la luz, ser luz, no oscurecer el camino de nuestros familiares y amigos con el desaliento, el desamor, el resentimiento, la envidia, el odio y la indiferencia.El mundo sería diferente si cada uno hiciéramos lo que El Señor nos pide ¡Ser Luz!, seríamos pequeñas antorchas y así el mundo se iluminaría.Quiero contarles una anécdota:Hace muchísimos años, un hombre caminaba por las oscuras calles de una ciudad del Oriente, llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad solía ser muy oscura en la noches sin luna, este hombre se encontró con un amigo, quien al reconocerlo le dijo: ¿Qué haces amigo, con una lámpara en la mano si tú eres ciego? Y el le respondió: “Yo no llevo la lámpara encendida para ver el camino, llevo la luz para que otros encuentren su camino, cuando a mi me vean. No solo es importante la luz que a mi me sirve, sino también la que yo llevo para que otros se sirvan de ella ¿No sabes que alumbrando a otros, también me beneficio porque evito que me lastimen en la oscuridad?”Creo que Jesús nunca se equivoca, por eso nos dijo: ¡Vosotros sois la luz!Demos luz, tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara y poseemos la energía que nos permite iluminar en vez de oscurecer.


