Un día como hoy

Por eso recordamos, con pelos y señales, que un día como hoy, 5 de noviembre, asumió en 1.964 como presidente de facto de Bolivia el general de aviación y hasta entonces vicepresidente elegido como acompañante de Víctor Paz Estensoro, René Barrientos Ortuño. Un día ingrato para...

Por eso recordamos, con pelos y señales, que un día como hoy, 5 de noviembre, asumió en 1.964 como presidente de facto de Bolivia el general de aviación y hasta entonces vicepresidente elegido como acompañante de Víctor Paz Estensoro, René Barrientos Ortuño. Un día ingrato para recordar, por muchísimas razones.

El proceso nacionalista que comenzó el 9 de abril de 1952, que ya tenía pocos de sus progenitores a bordo, se deformó y truncó las legítimas aspiraciones populares que habían alimentado la revolución: La gran minería, nacionalizada (y con pago de indemnizaciones) solo cambió de ropaje, porque los mal llamados mineros medianos agarraron la posta de sus plutócratas predecesores.

La reforma agraria nunca se perfeccionó como reivindicación social y el latifundio ha pervivido hasta ahora "modernizado" como agro-negocio extensivo, principalmente para cultivar soya.

Queda el voto universal, que ya es irreversible y que paulatinamente ha conducido al pueblo a lo que decíamos: ser constructor de su propia historia.

Dada esa defección, el derrocamiento de Paz Estensoro en 1964 era plenamente justificable, pero de ninguna manera por alguien a quien atinadamente describieron como "un boina verde que fue convertido en presidente, para que fuera un presidente convertido en boina verde".

Para quienes no están familiarizados con esa jerga, el término boina verde se usa para referirse a los miembros de las unidades que tienen este gorro como parte de su uniforme en las unidades de operaciones especiales del Ejército de Estados Unidos.

Y así, un boina verde criollo, tarateño, llegó a desvalorizar esa jerarquía que habían honrado Andrés de Santa Cruz, Germán Busch, Gualberto Villarroel y que luego tratarían de reivindicar Alfredo Ovando y Juan José Torres.

De Barrientos, como de su predecesor Melgarejo, tienen tendencia a fijarse en la memoria colectiva sus anécdotas - que serían graciosas si no fueran patéticas -, más que sus nefastos actos de gobierno, entre los cuales destacan, por lo tenebrosos, las masacres "preventivas" de trabajadores mineros, para bloquear posibles contactos con la guerrilla que comenzaba a operar en Ñancahuazú. La más sangrienta de tales masacres, la del 24 de junio de 1.967, eternizada como "La masacre de San Juan" en una fantástica pintura de Pepe Luque y en un poema irónico de Coco Manto dedicado a Barrientos y que dolorosamente clama: "¡Cómo han brillado esa noche, tus estrellas… general!".

Poco se recuerda, tampoco, la entrega inicua de las invalorables colas y desmontes de estaño a la corporación transnacional IMPC, con las cuales quizás la metalurgia impulsada por Ovando en Vinto no hubiera tenido las trabas que hasta ahora no permiten concretar nuestra metalurgia.

Definitivamente, no hay que descuidar el estudio formal de nuestra historia. De estas partes de nuestra historia.

 


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