Generando otra energía

Puedo recordar la imagen de un minero crucificado en la balconada de la Universidad Mayor de San Andrés, allá por 1992, como expresión máxima de oposición a la firma de un convenio que el presidente Jaime Paz pretendía hacer efectiva con la empresa norteamericana Lithium Co. Todo el...

Puedo recordar la imagen de un minero crucificado en la balconada de la Universidad Mayor de San Andrés, allá por 1992, como expresión máxima de oposición a la firma de un convenio que el presidente Jaime Paz pretendía hacer efectiva con la empresa norteamericana Lithium Co. Todo el departamento de Potosí estaba paralizado, expresando su protesta contra ese convenio que, en 40 años, prometía 4 mil millones de dólares como ganancia para el país; en otras palabras, escasos 100 millones anuales por agotar este recurso.Finalmente, todos pudimos asistir al mensaje presidencial, por el cual Paz Zamora anunciaba que se había rechazado la propuesta. A continuación, el gobierno se desentendió del tema y, hasta 2005, no volvió a hablarse de las posibilidades de explotación. Pocos recuerdan que, para entonces, las universidades públicas de La Paz, Oruro y Potosí desarrollaban un proyecto que permitiría tener una tecnología propia para la explotación de ese y otros recursos que se encuentran en el salar. Precisaban de un apoyo económico para instalar la planta piloto, pero ni ése ni los siguientes gobiernos estaban interesados. En la concepción neoliberal, la explotación a cargo de una empresa transnacional era la mejor opción.Hoy, han cambiado los parámetros y se eligió la alternativa propia. En tres fases, con una inversión superior a los 900 millones de dólares, produciremos primero carbonato de litio en menor escala, luego el mismo producto en alta escala y, por último, llegaremos a la fabricación de baterías de litio. Esta última fase se iniciará en 2014, en cuatro años a partir de ahora. Se trata, por supuesto, de un proyecto de perspectivas invalorables para Bolivia. Pero, más que eso, es un logro de la región. Cuando, de algún modo, los países de Sudamérica han superado la crisis energética, en base a una distribución más racional de nuestros hidrocarburos, nos damos cuenta que, la dependencia energética, a los combustibles fósiles, no es un buen futuro. Más aún cuando sabemos que la República Popular China, en los próximos 25 años, tendrá un crecimiento exponencial que le llevará a requerir 133 por ciento más de energía. Esto significa que, en los próximos años y en forma cada vez más acelerada, el consumo de combustibles se habrá desbocado. Frente a tal absorción, la nueva fuente energética que significarán las baterías de litio, logrará que Bolivia, y con nosotros UNASUR, tenga protagonismo en el mercado energético.


Más del autor