31 de octubre
Pero para muchos de nosotros, bolivianos del siglo pasado, nada de eso puede ser ni medianamente importante comparado con lo que marcó, en forma indeleble, la historia de Bolivia: la nacionalización de las minas. Fue el 31 de octubre de 1.952.Porque ese día los bolivianos resolvieron que...
Pero para muchos de nosotros, bolivianos del siglo pasado, nada de eso puede ser ni medianamente importante comparado con lo que marcó, en forma indeleble, la historia de Bolivia: la nacionalización de las minas. Fue el 31 de octubre de 1.952.Porque ese día los bolivianos resolvieron que podían “hacer historia”, no simplemente ser parte de una historia escrita por otros. Ese día cambió el sentido de la historia en Bolivia.Antes de esa nacionalización, producto directo de la insurrección popular del 9 de abril de ese mismo año, o llamémosla con su verdadero nombre: La Revolución Nacional.Antes de ese 31 de octubre, como cuenta Augusto Céspedes: “el superestado minero era el verdadero contralor de la vida nacional y los partidos políticos (los “Restauradores”) tan sólo t´`iteres de las grandes empresas mineras – Patiño, Aramayo y Hochschild – con sus órganos de prensa conectados a cada empresa “El Diario”, “La Razón” y “Ultima Hora” respectivamente…“Ha sido aforismo de las empresas –sigue – acreditado por sus teóricos e historiadores, decir que Bolivia vivía de la minería. Más justo es decir que vivía de las escorias de la minería”.Para llegar a ese 31 de octubre de 1952 tuvo que correr mucha sangre minera. Tuvieron que ensangrentarse alevosamente Catavi, Llallagua Siglo XX y otros distritos. Tuvo que, como extremo inimaginable desangrarse todo el país en una guerra con el Paraguay que no solo no le importó al superestado minero, sino que se benefició de ellas, como se beneficiaria de la venta de minerales a precios “subvencionados con la miseria de los trabajadores del subsuelo”, para ladinamente asociarse con el capitalismo so pretexto de un “antinazismo” que no fue sino oportunismo recurrente de los que con mayor justicia se conocieron también como “los Tres Barones del Robo”.Fue entonces muy importante el 31 de octubre de 1952, y todavía lo es, porque los anhelos de explotación justa y socialmente útil de nuestros minerales siguen siendo eso: anhelos. Seguimos luchando por la metalurgia, por la siderurgia, esquivas a pesar de la nacionalización de las minas, desvirtuada como otras nacionalizaciones. Seguimos luchando, porque es nuestro compromiso inalienable con Sergio Almaráz, con Adolfo Perelman, con Augusto Céspedes y con todos aquellos para quienes el 31 de octubre, definitivamente, no es importante porque algunos estén pendientes de alguna “fiesta de las brujas”.


