De moralistas y molestosos
Los moralistas saltaron a la palestra: ¡Cómo es posible que se incite a los niños a tener relaciones sexuales! ¡Es quitarles la inocencia! Y una serie de dicterios más, para lo cual nuestro buen idioma castellano es tan pródigo. Pero vamos a lo nuestro que es la moral que, de tanto en...
Los moralistas saltaron a la palestra: ¡Cómo es posible que se incite a los niños a tener relaciones sexuales! ¡Es quitarles la inocencia! Y una serie de dicterios más, para lo cual nuestro buen idioma castellano es tan pródigo. Pero vamos a lo nuestro que es la moral que, de tanto en tanto, se despierta entre nuestros congéneres.Porque no es algo que rija sus vidas, ni mucho menos. Sirve para agitarla como bandera, sin importar que, quienes la agitan, oculten sus amoralidades. La cuestión que está en debate es si la edad de 12 años les permite tener relaciones sexuales. ¿De qué se trata? El Kamasutra, que tanto escándalo causa cuando se lo menciona, es un libro de antigua sabiduría hindú sobre la relación sexual. Fue escrito para enseñar a los jóvenes nobles cómo encarar esta relación cuando eran casados por sus padres, a edad muy temprana. Supone, como en todas las civilizaciones, que la esposa es menor que su cónyuge y probablemente tenía entre 10 y 12 años. Puntos más o menos, 12 años es la edad en que la mujer comienza a ovular y el hombre tiene eyaculaciones.Pero ocurre que, en nuestras costumbres, durante varios siglos se casó a las niñas con hombres maduros que, sin ninguna preparación y con la prepotencia del macho, poseían a sus esposas inmaduras, sin importarles, ni mucho ni poco, el sufrimiento de la mujer. Hemos superado esa costumbre, en la mayoría de los casos, es cierto; pero seguimos refiriéndonos al tema con la actitud hipócrita de dos siglos atrás. En eso no hemos cambiado nada. Tanto es así que, un senador comentó escandalizado que en la televisión se ven mujeres apenas vestidas y que debiera castigarse esa falta a la moral. ¿Le escandaliza ver el cuerpo humano? o ¿hace el amor vestido?Bromas aparte, la cuestión siempre ha tomado un giro político. Ahora también. Vuelve a sostenerse el viejo lema moralista: Dios, Patria, Hogar. Para sostener sus criterios contrarios a cualquier cambio, reacios al progreso, se escudan en la religión y en las palabras, más allá de su infidelidad tanto a la patria como a su hogar. En esa postura, estallan en improperios porque los niños de 12 años no pueden tener relaciones y proponen que la edad en que se acepte que las tengan sea 18 años. En nuestro país, por si no lo saben, 18 años se considera edad adulta con capacidad para elegir autoridades, casarse sin consentimiento paterno y realizar todas las actividades económicas por cuenta propia. Si hablamos de un campesino, eso puede ocurrir mucho antes, por los trabajos a que están obligados, hombres y mujeres, en el seno de su familia.Lo impropio, en esta discusión, es que la jerarquía eclesiástica se inmiscuya. Lo hace en defensa de la niñez y del hogar. Pero, ciertamente ¿es en defensa de criterios? Difícil de creer, sabiendo que no se pronunciaron de ningún modo, cuando el modelo neoliberal destruyó miles de hogares, obligando primero a los padres y luego a las madres a emigrar en busca de trabajo para sustentar a sus hijos, aunque éstos quedaban en manos de parientes o, más frecuentemente, ante la alternativa de sobrevivir por su propia cuenta. Por tanto, tales pronunciamientos, se adhieren al fundamentalismo ortodoxo.¿Por qué no miramos el mundo en que vivimos sin lentes, directamente? Una niña de cinco años usa términos como catalejo, compartir, insuficiencia y delicadeza, maneja creativamente una computadora y conversa normalmente sobre el embarazo. ¿Alguna de esas cosas podían hacer nuestros padres o nosotros mismos a tal edad? El desarrollo humano se ha acelerado por el extraordinario avance tecnológico de las últimas décadas. Pero es evidente que no basta una ley punitiva para ponernos a la par de la tecnología.Es un tema educativo que no se restringe al ámbito formal de la escuela. Hace algún tiempo, una señora mayor, con varios hijos, habitante de una humilde y populosa zona, terminó estudios y se graduó como licenciada en comunicación social. Para optar el título decidió preparar un trabajo dirigido sobre el tema de educación sexual por radio. No pudo hacerlo. Los padres de familia de su zona se opusieron tenazmente y le obligaron a buscar otro tema. Hay que trabajar duramente en ese sentido, de modo que nuestros niños, cuando pasen a la adolescencia, tengan la capacidad de asumirla.Todo esto, como reflexión a una temática que bien valdría el aporte de todos y no se quedase en mera banderola para agitarse en tiempos de sequía, cuando nada se puede cosechar, sino lo que trae el viento.


