Un conocimiento espiritual básico
Pero eso todavía no lo es todo; la desgracia que surge de la ignorancia espiritual llega mucho más lejos: dado que el hombre no conoce las interrelaciones causales de siembra y cosecha, llamadas también de causa y efecto, su experiencia llena de dolor y sufrimiento no le puede servir de...
Pero eso todavía no lo es todo; la desgracia que surge de la ignorancia espiritual llega mucho más lejos: dado que el hombre no conoce las interrelaciones causales de siembra y cosecha, llamadas también de causa y efecto, su experiencia llena de dolor y sufrimiento no le puede servir de enseñanza, o apenas muy poco, pues le falta el conocimiento espiritual fundamental, la base para el autorreconocimiento. En lugar de investigar sus propios errores, su culpa o su parte de culpa, la mayoría de las veces echa la culpa exclusivamente al prójimo, le acusa, le condena y le juzga, aumentando así la medida de su propia carga en lugar de liquidar parte de ésta.Hoy nuevamente muchas personas conocen a través de la palabra profética dada para el tiempo actual a través de Gabriele de Würzburg, el camino del plazo de prueba para reparar lo causado, que es igual al camino del autorreconocimiento, de la purificación y del “no hacerlo más”. También existe el camino de la expiación que es igual a saldar culpas sufriendo aquello que el hombre ha hecho previamente a otros. Pero sin el reconocimiento del propio comportamiento erróneo, de la propia culpa, no es posible la disolución de este potencial negativo de energía. ¿Cómo se puede reconocer entonces el hombre en las adversidades experimentadas si no sabe que según la ley de siembra y cosecha él mismo es el causante de todo lo que viene a él?Por consiguiente todos los dolores y sufrimientos se han sufrido en definitiva para nada; toda necesidad, toda miseria se han sufrido para nada si no conducen al reconocimiento y al cambio; ¡y en este mundo y en los ámbitos de las almas se ha sufrido y se sufre mucho!¡Vemos qué funestas y profundas consecuencias ha tenido hasta hoy la decisión tomada en el año 553 en Constantinopla para muchísimas personas, también para la moral y la ética en la vida privada y pública! Desde entonces y a raíz de decisiones como ésta, la fuerza que redime y cura el alma sólo puede actuar en una medida relativamente pequeña porque se nos ha enseñado por ejemplo, que la sola fe basta; con ello además todo conocimiento espiritual, toda experiencia de Dios, toda vida interna, religiosa, se declara superflua, nula y nimia. Desde Constantinopla lo cristiano al fin y al cabo ya no es cristiano, sino que el “cristianismo” es una herramienta, un instrumento puesto prácticamente en las manos del adversario.La Ley universal de siembra y cosecha, viene a demostrar la existencia de la reencarnación, un conocimiento ancestral que también conocían los primeros cristianos y que posteriormente nos fue ocultado. La reencarnación no es un castigo de Dios, sino Su justicia y no menos Su gran amor, que da al hombre y al alma la oportunidad de reparar, es decir, pedir perdón y perdonar todo lo contrario con lo que nos hemos cargado siendo hombres y liberarnos así de la carga y del peso que hemos impuesto a nuestra alma. La reencarnación, el volver a tomar un cuerpo, da pues al nuevo hombre la posibilidad de reparar, es decir, compensar errores que ha hecho en existencias anteriores.


