La conciencia nacional

Si los bolivianos tuviéramos fuentes alternativas para proveernos de energía doméstica vaya y pase, pero es que precisamente el gas era la alternativa para no seguir utilizando leña, que es la forma más agresiva de acabar con el entorno. Haití es la patética muestra de esa devastación,...

Si los bolivianos tuviéramos fuentes alternativas para proveernos de energía doméstica vaya y pase, pero es que precisamente el gas era la alternativa para no seguir utilizando leña, que es la forma más agresiva de acabar con el entorno. Haití es la patética muestra de esa devastación, porque la inmisericorde explotación externa hizo que los haitianos literalmente lo volvieran a su país leña para cocinar.

¿Estamos en la misma vía? Da impresión de que sí, y sin embargo vivimos presumiendo de defender a la naturaleza, de respetar a la Pachamama y de ser voceros universales de una nueva forma de vivir sin depredar el entorno. Todo eso se nos va por el sumidero al momento de constatar que existe el premonitorio destino de volver a cocinar con leña, porque el gas "tendrá que ser exportado" y, para colmo de males, ni siquiera alcanzará para cumplir los compromisos que alegremente suscribimos con Argentina y con Brasil. Especialmente con Brasil, cuya petroquímica en Sao Paulo se desarrolló gracias al gas boliviano.

Hace cien años Franz Tamayo, en su "Creación de la pedagogía nacional" hablaba ya de eso que llamaba "bovarismo" y que describía como "aparentar, respecto de si mismo y de los demás, tal vez sinceramente – no se sabe -, una cosa que no es realmente, y es una simulación de todo: del talento, de la ciencia, de la energía, sin poseer naturalmente nada de ello".

Percibimos, al mismo tiempo, resabios residuales (pero fuertes aún) de ese pesimismo fatalista que le hacía decir a René Zavaleta Mercado: "la verdad es que la desgracia de Bolivia no está en ser difícil y mediterráneo sino en tener dirigentes sin grandeza, gobernantes que no aman su patria… Lo importante es nacionalizar el poder político de Bolivia".

Después de la nefasta acometida privatizadora del "Consenso de Washington", tuvimos la esperanza de que la década del 90 traía un importante resurgimiento del nacionalismo económico en varias partes del mundo y que una de sus manifestaciones más importantes era la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia en 2006.

Vemos ahora, sin embargo, que no existen motivos para levantar la guardia, porque con sutileza o con alevosía, en forma directa o con inimaginables disfraces, los intereses antinacionales siguen actuando contra Bolivia. Y nos tienen ahora en la incertidumbre de que la que creíamos fuente casi inagotable de rentas sea, en realidad, un pozo semi seco.

Por eso, en esa todavía incompleta construcción de la conciencia nacional, alertados por esta situación de la cuantificación de reservas de gas, tendremos que volver a revisar a Sergio Almaráz, a Augusto Céspedes, a René Zavaleta Mercado y a todos a quienes les debemos su lucha inclaudicante por esa suprema causa.

 


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