Sobre leyes, fueros y reformas
Segundo: la responsabilidad del periodista está en ir contra las injusticias políticas y sociales, esto va más allá de lo que una empresa cualquiera busca alcanzar. Y aquí una diferencia fundamental, los medios de comunicación –y ahí los periodistas- justifican su trabajo –apostolado...
La ley de Imprenta, desde aquella primera de 1826, pasando por las reformas sustanciales de la constituyente de 1861, la incursión liberal de 1899 y finalmente la faz republicana impresa en la actual ley, en 1925, es una ley que en su esencia entiende la libertad de expresión como la única fuerza capaz de crear opinión pública, pero opinión entendida en el sentido de bien común, esto es trabajar la democracia de manera horizontal quebrando las castas coloniales heredadas en la piel y en la mente (racismo que se dice) y dejando a un lado los prejuicios de discriminación negativa.
Sin embargo en estos últimos 28 años de democracia, en especial en el último quinquenio le ha faltado al periodismo en general un poco de humildad y entonces se han creído dueños de la verdad, sacrosantos monjes que disponen qué es bueno y qué malo.
Y aquí es necesario traer un aserto de una persona íntegra, Daniel Salamanca, quien en los prolegómenos de la aprobación de la ley de imprenta actual decía entre otras cosas: “el peligro para las libertades y principios públicos empiezan en el momento en que se rozan con los intereses políticos en el terreno de la realidad”. Esto es transversal en nuestra sociedad; me explico: necesario es que la gobernación informe de cuánto dinero ha dispuesto para su aparato publicitario -pues propaganda no es- es estos últimos cinco años en los medios locales y ahí veremos si es libertad de expresión (discurso) o es interés político (gobernación) o tal vez económico (medios).
Con respecto al fuero periodista es cierto que éste se argumentaba por la condición especial de los periodistas, pues en ellos se tiene puesta la fe pública y por lo tanto se entiende que pueden convertirse, con nuestra anuencia, en interpeladores de los funcionarios o de cualquier ciudadano, por eso repiten siempre la muletilla de: “el público quiere saber”.
Ahora bien, la actual constitución no reconoce fueros especiales, esto porque entiende que todos estamos en igualdad de condiciones ante la ley y aquí un elemento fundamental, el fuero periodista tal vez no fuera tocado, si los mismos periodistas no hubiesen dado pié para ello. Y aquí el gremio tiene que hacer como los curas en 1906 –cuando se levantó el fuero eclesiástico- tienen que aceptar los hechos no tanto como imposición sino como una coparticipación en la norma, pues abusaron del privilegio o lo que es peor lo mal utilizaron.
Para no hacer más largos estos apuntes, un concepto final: la reforma.
El tiempo que estamos atravesando -quiérase o no- es un tiempo de reforma, evolución revolución, cambio, etc., por lo mismo las circunstancias no son ordinarias y todo parece llevar un énfasis especial.
Lo sucedido con la elección del actual presidente fue un cambio enorme; la inclusión del tema autonomía en un Estado centralista fue mayor, el aprobar una nueva constitución fue el punto máximo, por lo mismo, las reformas hacen a todos y es necesario adecuar nuestras instituciones al nuevo tiempo -la rueda histórica está girando- y aquí un detalle: lo que ha sucedido con el ejército y su inclusión de sectores antes marginados, la inclusión de nuevos actores con autoridad en nuestra plural sociedad, lo sucedido con el sector de los periodistas, son parte del proceso de reforma y este proceso deberá en algún momento tocar instituciones que hacen a nuestro diario vivir y que necesitan de nuevos rumbos para adecuarse al proceso vivido. Entre esas instituciones es seguro que en la fila ha de estar la universidad estatal y aquí un elemento que viene de una palabra muchísimo más autorizada y experimentada que la mía, Manuel Lauroua, cronólogo, misionero y periodista franciscano: cuando dijo que si una institución se descuida de corregir los abusos en que caen sus propios funcionarios o ella misma en su exceso y sentimiento de superioridad, un poder mayor, con sus leyes le obligará a llevar una vida más armoniosa con sus pares. Seguiremos luego ya tal vez en otros temas.


