Recordando a Gregorio Roque

Como una cosa lleva a la otra, se nos ocurrió investigar un poco, un poco nada más, sobre cuántos mineros murieron sin poder ser rescatados, solamente en el último año. Las estadísticas son macabras. Espantados por las cantidades resolvimos limitarnos a “mineros latinoamericanos”. Suman...

Como una cosa lleva a la otra, se nos ocurrió investigar un poco, un poco nada más, sobre cuántos mineros murieron sin poder ser rescatados, solamente en el último año. Las estadísticas son macabras. Espantados por las cantidades resolvimos limitarnos a “mineros latinoamericanos”. Suman varios centenares. Precisamente anteayer murieron dos más, en Colombia, según en forma muy escueta lo informan los medios.A esta altura, sin dejar de sentir sincera emoción por las 33 vidas salvadas en Copiapó, se hizo más fuerte el sentimiento de rabia y frustración por los centenares de vidas de mineros que no pudieron ser rescatados y cuya historia provocó como máximo un titular de periódico.Porque consecuentes con su actual modalidad espectacular y poco reflexiva, muchos medios de comunicación, especialmente la televisión, montaron un operativo en Copiapó que estaba ya lamentable antes del rescate y se volvió patético cuando trataron de sacarles a esos trabajadores del subsuelo la poca energía que les quedaba, para volverla –de cualquier manera- “noticia”A esta altura, fue inevitable asociar ideas y recordar, por ejemplo, esas estrofas que cantaba Benjo Cruz en los años 60: “Olor a sangre minera tiene el oro del patrón”. “Que nadie escupa sangre… para que otro coma mejor”.Puestos en eso, revisamos algunos textos del inolvidable Luís Espinal, precisamente aquel que tituló “Réquiem por un minero” y estaba dedicado a Gregorio Roque Choque, minero de Huanuni, muerto en accidente de trabajo. “De él no sabemos nada –escribió Lucho- Simplemente que ha trabajado en la mina y ha muerto en el trabajo. Precisamente por esto es el representante auténtico del pueblo anónimo, que vive y muere aportando más de lo que recibe”.Y en Bolivia, donde los mineros han aportado todo para recibir nada o, peor aún, recibir metralla, es donde con mayor respeto y si es posible con admiración deberíamos referirnos a ellos. A esos compatriotas que por generaciones fueron explotados sin misericordia por la rosca de los grandes empresarios, la nueva rosca de los medianos empresarios y para remate por la ineficiente rosca que se apoderó de las minas nacionalizadas.Por eso,  mientras continúa la funambulesca y desvergonzada “cobertura” del espectáculo de Copiapó, nos quedamos con estas otras frases de Lucho Espinal:“Ante la muerte de Gregorio Roque Choque todos deberíamos sentirnos culpables, al ver que muchos arriesgan su vida para ganarse el pan, mientras otros arriesgamos tan poco. Los cambios sociales, que siempre se anuncian (y muy poco se cumplen) deberían convertirse en realidad, para que no tengan que seguir muriendo mineros…”


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