LOS ENFERMOS
muchas veces cuando la enfermedad se alarga, el enfermo se deprime, se siente solo, alejado de sus actividades cotidianas de trabajo y de sus actividades sociales, se siente desplazado. También en los centros de salud existen diferentes circunstancias que motivan la soledad en enfermas y...
Muchas veces la ausencia de familiares y de amigos cercanos lleva a un abandono casi total.
En otros casos este abandono del enfermo es producto del rechazo a la enfermedad que puede ser visualizada como peligrosa, como en el caso de la tuberculosis, del sida, etc. Ante estas enfermedades nacen las reacciones emocionales de temor, de ahí que se alejan del enfermo.
La solidaridad comienza a formarse con los valores éticos sembrados en el seno de la familia, el ámbito de la familia construye los vínculos que unen a los miembros entre sí y más aún cuando cualquiera de sus miembros sufre.
Dedicar un pedazo de tiempo para acompañar a un enfermo, no es otra cosa que mantener el calor que proviene de los afectos, se requiere no solamente estar al lado del enfermo, sino del lado del enfermo. La solidaridad adquiere un lugar decisivo cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará el sentido de situarnos al lado y del lado del enfermo.
La presencia de voluntarios y voluntarias que visitan hospitales, son una señal que la condición humana posee capacidades y valores de solidaridad que pueden expandirse si se fomenta la alegría de este servicio.
Una visita, que rompe por momentos la soledad del enfermo, es un trocito de aire puro, de esperanza, de sentirse querido y acompañado, de poder compartir sus temores y sus preocupaciones por eso la presencia de familiares y amigos, levanta el ánimo al enfermo.
Las primeras comunidades cristianas comenzaron ritos de acompañamiento de enfermos que incluían oraciones y unciones corporales. En (Santiago 5, 14 -15)
nos dice: “Si alguno está enfermo que llame a los presbíteros de la iglesia, para que oren con él y en el nombre del Señor lo unjan con aceite y cuando oren, oren con fe, el enfermo sanará y el Señor lo levantará”.
La iglesia católica y la ortodoxa ofrecen a las personas ancianas y enfermas la posibilidad de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos, signo de la presencia de Jesús.
La iglesia ha reforzado la asistencia a los enfermos, dando lugar a una amplia gama de servicios, conocidos como “Pastoral de la Salud”.
No debemos olvidarnos de la soledad de los enfermos y recordemos las palabras de Jesús, cuando nos enseñaba de que manera vamos a ser juzgados: “Estuve enfermo y ustedes me visitaron. ¿Cuándo te vimos enfermo y fuimos a verte? “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el mas pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt. 25, 31– 46)
El mensaje tiene veinte siglos.
Es un desafío para que pongas tu buena voluntad y tu solidaridad y así evitar que existan enfermos, ancianos y ancianas sintiéndose en angustiosa soledad.


