No partir el Chaco

Cada cierto tiempo, el debate de la Autonomía Regional del Chaco vuelve a elevar el tono… en Tarija Capital. Es una especie de pesadilla circular que empieza  por un cálculo político simple – “ganaría sin chaqueños” – y acaba con un cálculo económico también simple – “55% del 11%”. En ese momento se concilia el sueño, pero unos meses después, vuelve a la primera plana.

En Tarija se empieza a padecer una especie de síndrome de memoria selectiva con el que se eliminan los nombres de los protagonistas de los momentos históricos del departamento, sea por lo glorioso o por lo fatídico, y se sustituyen por bulos o por intereses del momento. No se trata solo de hacerse el sorprendido por determinadas consecuencias de las decisiones adoptadas, sino por hacer olvidar que uno estaba ahí.

La cuestión es que la Autonomía Regional está vigente y nadie sabe muy bien cómo lidiar con ella en el plano político. Ni en el Chaco, ni en Tarija.

“¡Dividieron el departamento!” es prácticamente la proclama más recurrente en esas fechas cuando se retrae la crisis del Chaco a la primera plana. Una expresión que culpa a alguien – aún sin identificar – y que concluye una fractura que no es evidente. Quien la expresa, desde el valle central, obviamente, y en tono negativo, deja claro que no es responsable de la determinación, pero que alguien sí lo es.

No es seguro que la verbalización de la misma frase en el Chaco se interpretara como una victoria, pero quien lo hace en el valle central quiere siempre expresar una derrota con culpables y que, en su anatomía semántica, quiere decir que el Chaco ya no es dependiente de Tarija capital. “¡Dividieron el departamento!”.

Lo impersonal del “¡dividieron!” permite utilizarse para cargar contra los chaqueños, para cargar contra los gobernantes o para cargar contra los masistas, y debe estudiarse más al interlocutor para saber si se refiere a uno o a otro.

Lo cierto es que el Chaco ha logrado un estatus de autogestión inédito en el país y que le permite planificar y gestionar su propio desarrollo sin tener que dar explicaciones a casi nadie, y menos desde un concepto de obligatoriedad. Pero eso, claro, no acaba de sentar bien en los círculos más conservadores del valle central.

Lo curioso de esas actitudes es que chocan frontalmente con el planteamiento que los mismos sectores hacen respecto al Estado sobre la Autonomía Departamental de Tarija. Es decir, los mismos que se quejan de que hay que pedir permiso al Gobierno hasta para comprar una lapicera, son quienes no soportan que el Chaco se gestione autónomamente rindiendo cuentas ante los órganos de la Justicia, su propia Asamblea y nadie más.

En tiempos de consultores de comunicación y populismos, agitar la confrontación Valle – Chaco parece dar resultados a aquellos que no tienen otra aspiración que lo local. Es decir, a José Quecaña, el accidental Ejecutivo Regional transitorio de una Autonomía en la que nunca creyó y que nunca defendió, cargar contra “los chapacos” le resulta una opción segura para recuperar la popularidad que pierde al no saber gestionar una estructura autonómica con muchas más opciones de las que se le suponen.

Por el otro lado, para aquellos que están por declinar la batalla departamental y reconvertirse en algo local o para aquellas que buscan y buscan aliados al otro lado sin encontrarlos, la opción de que los chaqueños no voten para gobernador es una oportunidad de presentar batalla, aunque no se sabe para qué cargo optarían. ¿Gobernador de las Tarijas y su Chaco?

Por el medio aparece el MAS, que nunca entendió la Autonomía, pero entiende la Autonomía Regional, pero que sí entiende muy bien de cálculos de poder y al que no le cabe dudas de que todo es Bolivia al fin. Evo lo tomó a broma lo de seducir chaqueños para tratar de tomar Tarija, pero los chaqueños lo tomaron en serio. Ahora apenas quedan cargos para reubicar a todos los declarados masistas mientras los resultados electorales concretos en la Región Autónoma no se parecen en nada a lo que sus autoridades volcadas al MAS aseguraban que iban a lograr. La Carta Orgánica se perdió con casi 80%. Ahí es nada.

El Gobierno ha dado cobertura a la Autonomía Regional, que no quiere emanar de lo departamental y busca refugio en el nivel central, de donde obtiene resultados de padre malcriador, creando precedentes de difícil superación: Hace un lustro puso una termoeléctrica sin pedir ni permiso y sin pagar siquiera la conexión local y ahora aparece queriendo tender ductos domiciliarios de gas, por ejemplo, o esos decretos a medida de transición que fuerzan todos los consensos y jurisprudencias.

En Tarija todos eran autonomistas y lo más normal es que todos se sienten en una mesa para dejar claro el funcionamiento de la misma ahora que los recursos son escasos y las posibilidades de hacer trampa, también.

La Autonomía Regional, como los ejecutivos seccionales y el resto de esperpentos incluidos en el Estatuto en momentos de urgencias, cálculos y expectativas millonarias tienen padre y madre y un contexto de nacimiento particular. Es probable que se requieren ajustes y sobre todo, mucho diálogo, pero lo que seguro no requiere es retornas a la misma herida una y otra vez, a las mismas críticas una y otra vez, y a las mismas lágrimas una y otra vez.

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