Editorial: Gobiernos y amigos
Ha pasado suficiente tiempo desde las elecciones fallidas del 20 de octubre y todos los sucesos que le siguieron como para empezar a sacar a conclusiones de lo sucedido con el anterior Gobierno y su deriva autoritaria y despótica. Ha pasado también el suficiente tiempo desde las elecciones...
Ha pasado suficiente tiempo desde las elecciones fallidas del 20 de octubre y todos los sucesos que le siguieron como para empezar a sacar a conclusiones de lo sucedido con el anterior Gobierno y su deriva autoritaria y despótica.
Ha pasado también el suficiente tiempo desde las elecciones fallidas del 20 de octubre y todos los sucesos que le siguieron, como para reconocer en el Gobierno Transitorio muchos de los mismos tics autoritarios que le costaron a Evo Morales su legado.
Obsesionados con el poder, los Gobiernos de este primer cuarto de siglo han adoptado cortes populistas que se basan en el culto al líder y la mercantilización de cualquier relación. Áñez, como el último Evo, no quería amigos, solo gente que le diga: todo bien.
Morales trató de construirse sus amigos a medida, y acabó solo en Chimoré, luego en México y luego en Buenos Aires. Áñez aleja a todo aquel que levante un poco la voz, mientras su gabinete va de tropiezo en tropiezo, acumulando sombras.
Estamos en un momento tan crucial para el país que no convendría tratar de construir relatos a medida ni mitos, sino enfrentar con sinceridad los avatares que se vienen. Ningún Gobierno del mundo, ni el coreano, está saliendo indemne de la pandemia. Ninguno lo hará de la crisis económica que se viene a continuación, pero no por ello están autorizados a levantar las manos y eludir responsabilidades.
No es el momento de construir amistades, es tiempo de buscar consensos y soluciones. El Gobierno debe concentrarse en eso y olvidar de una buena vez su campaña.
Ha pasado también el suficiente tiempo desde las elecciones fallidas del 20 de octubre y todos los sucesos que le siguieron, como para reconocer en el Gobierno Transitorio muchos de los mismos tics autoritarios que le costaron a Evo Morales su legado.
Obsesionados con el poder, los Gobiernos de este primer cuarto de siglo han adoptado cortes populistas que se basan en el culto al líder y la mercantilización de cualquier relación. Áñez, como el último Evo, no quería amigos, solo gente que le diga: todo bien.
Morales trató de construirse sus amigos a medida, y acabó solo en Chimoré, luego en México y luego en Buenos Aires. Áñez aleja a todo aquel que levante un poco la voz, mientras su gabinete va de tropiezo en tropiezo, acumulando sombras.
Estamos en un momento tan crucial para el país que no convendría tratar de construir relatos a medida ni mitos, sino enfrentar con sinceridad los avatares que se vienen. Ningún Gobierno del mundo, ni el coreano, está saliendo indemne de la pandemia. Ninguno lo hará de la crisis económica que se viene a continuación, pero no por ello están autorizados a levantar las manos y eludir responsabilidades.
No es el momento de construir amistades, es tiempo de buscar consensos y soluciones. El Gobierno debe concentrarse en eso y olvidar de una buena vez su campaña.


