El Gobierno de los Senadores
El país se partió por la mitad en octubre, y en noviembre, el Presidente con mayor respaldo en las urnas de la historia republicana huyó en avión de la Fuerza Aérea Mexicana desde Chimoré. “Patria o muerte”, decía, pero optó por el exilio. El despropósito político en el que se...
El país se partió por la mitad en octubre, y en noviembre, el Presidente con mayor respaldo en las urnas de la historia republicana huyó en avión de la Fuerza Aérea Mexicana desde Chimoré. “Patria o muerte”, decía, pero optó por el exilio.
El despropósito político en el que se convirtió la última legislatura del masismo tuvo reflejo en esos días. La cúpula veía una realidad distinta a la de sus bases. El relato no se correspondía. El MAS había perdido la calle y era ya un partido más.
Entonces, a Palacio de Gobierno llegó una Biblia y una carta empujada por muchos ciudadanos opositores del MAS, y otros muchos desencantados del MAS. Muchos querían creer en otra forma de hacer las cosas.
La carta se perdió, pero la Biblia subió finalmente la escalinata y asomó por el balcón más importante de la plaza Murillo. La portaba Jeanine Áñez, que acababa de nombrarse Presidenta en una sesión sin cortes y sin oposición. Se abría un periodo de transición en el que básicamente había que pacificar el país y evitar el colapso económico.
Los analistas apostaban por un Gobierno muy técnico que hiciera andar al país mientras la pacificación se dejaba en una mesa de partidos paralela, con capacidad de gestionar en la Asamblea Plurinacional.
Nada más lejos de la realidad. A la fecha, casi la mitad de las carteras son ocupadas por Senadores de la última legislatura: Víctor Hugo Zamora (Hidrocarburos), Arturo Murillo (Gobierno), Yerko Núñez (Presidencia), Óscar Ortiz (Desarrollo Productivo) y diputados: Eliane Capobianco (Rural y Tierras), Álvaro Coimbra (Justicia) y Rodrigo Guzmán (Energías), además de otros profesionales del rubro como Víctor Hugo Cárdenas (Educación), Iván Arias (Obras Públicas) o José Luis Parada, ministro de Economía.
De aquellos polvos, estos lodos. La hiperpolitización del gabinete de transición sucumbió a la tentación de verse candidatos. Lo que nadie pareció prever fue la pandemia. Y así estamos.
El despropósito político en el que se convirtió la última legislatura del masismo tuvo reflejo en esos días. La cúpula veía una realidad distinta a la de sus bases. El relato no se correspondía. El MAS había perdido la calle y era ya un partido más.
Entonces, a Palacio de Gobierno llegó una Biblia y una carta empujada por muchos ciudadanos opositores del MAS, y otros muchos desencantados del MAS. Muchos querían creer en otra forma de hacer las cosas.
La carta se perdió, pero la Biblia subió finalmente la escalinata y asomó por el balcón más importante de la plaza Murillo. La portaba Jeanine Áñez, que acababa de nombrarse Presidenta en una sesión sin cortes y sin oposición. Se abría un periodo de transición en el que básicamente había que pacificar el país y evitar el colapso económico.
Los analistas apostaban por un Gobierno muy técnico que hiciera andar al país mientras la pacificación se dejaba en una mesa de partidos paralela, con capacidad de gestionar en la Asamblea Plurinacional.
Nada más lejos de la realidad. A la fecha, casi la mitad de las carteras son ocupadas por Senadores de la última legislatura: Víctor Hugo Zamora (Hidrocarburos), Arturo Murillo (Gobierno), Yerko Núñez (Presidencia), Óscar Ortiz (Desarrollo Productivo) y diputados: Eliane Capobianco (Rural y Tierras), Álvaro Coimbra (Justicia) y Rodrigo Guzmán (Energías), además de otros profesionales del rubro como Víctor Hugo Cárdenas (Educación), Iván Arias (Obras Públicas) o José Luis Parada, ministro de Economía.
De aquellos polvos, estos lodos. La hiperpolitización del gabinete de transición sucumbió a la tentación de verse candidatos. Lo que nadie pareció prever fue la pandemia. Y así estamos.


