Exportar riqueza, no dejar los dólares fuera
El Decreto Supremo 5747 da un paso necesario al exigir que los exportadores de oro acrediten en Bolivia una parte de las divisas que generan. La medida debe consolidarse, transparentarse y extenderse al conjunto de las exportaciones
Bolivia necesita dólares. Y si los necesita con urgencia, resulta difícil justificar que una gran parte de las divisas generadas por la riqueza que sale de nuestro territorio no ingrese al sistema financiero nacional. Por eso, la decisión del Gobierno de exigir a los exportadores de oro que acrediten en bancos bolivianos el ingreso de divisas, aunque solo sea del 80%, es una medida a respaldar. Es una medida razonable para mejorar la trazabilidad de los recursos, reducir la opacidad de los flujos financieros y procurar que una mayor parte del valor de nuestras exportaciones permanezca disponible para la economía nacional.
El Decreto Supremo 5747 establece que los exportadores de oro deben demostrar el abono de divisas equivalente al 80% del valor computable de sus exportaciones precedentes como requisito para obtener el formulario necesario para nuevas operaciones. La norma incorpora controles y reportes periódicos, además de una evaluación trimestral de sus resultados. Lo importante ahora será comprobar que el mecanismo funcione, que las reglas sean claras, que no se convierta en un trámite burocrático sin capacidad real de fiscalización ni que el mercado negro y el contrabando acabe por absorber la producción.
Conviene ir más allá. Si el principio es correcto para el oro, también debe discutirse para el resto de los sectores exportadores. Y ojo, esto ya funcionó exactamente igual en el muy mentado DS 21060, aunque después fuera eliminado. Bolivia no puede conformarse con controlar una actividad mientras deja sin una política integral de liquidación de divisas a otras que también generan ingresos decisivos para el país y que durante años se han beneficiado también de subvenciones y baja tributación. Los dólares que necesita nuestra economía no tienen un origen único: proceden de la minería, los hidrocarburos, la agroindustria y otras actividades que venden al exterior. La política cambiaria y financiera debe mirar el conjunto, con criterios proporcionales y reglas que puedan cumplirse y fiscalizarse.
Durante años, el país vivió de los ingresos del gas y de la disponibilidad de divisas que acompañó aquella bonanza. Esa etapa se agotó sin que el sector privado construyera una economía suficientemente diversificada ni se consolidaran mecanismos capaces de asegurar que los ingresos externos se tradujeran en una oferta estable de dólares dentro del mercado nacional. Ahora, cuando las reservas y la liquidez son motivo de preocupación, no basta con pedir confianza, esperar inversiones o confiar en que el mercado resolverá por sí solo las tensiones. También corresponde revisar cómo ingresan, se administran y circulan las divisas que genera el trabajo boliviano.
La exigencia de liquidar ingresos de exportación en el país no es una rareza ni tiene nada que ver con prohibir las exportaciones. Distintos países aplican, con modalidades y alcances diferentes, obligaciones de repatriación, liquidación o canalización de divisas. Argentina, mantiene vigentes mecanismos de ingreso y liquidación de cobros de exportación, aunque sus reglas y plazos han cambiado según la coyuntura, mientras que los países occidentales más desarrollados no obligan, pero penalizan de diversas formas la fuga de capitales.
En el pasado la excusa era que el dólar a 6,96 era irreal. Hoy ya no existe. El desafío consiste en diseñar un sistema boliviano serio, no improvisado. No todos los sectores tienen los mismos ciclos productivos, necesidades de importación, compromisos financieros ni márgenes de operación. Se puede trabajar por sectores, pero se debe trabajar.
El control de las divisas ayuda, pero tampoco resolverá por sí solo la crisis cambiaria. Bolivia necesita recuperar la producción, atraer inversiones, generar exportaciones con mayor valor agregado, ordenar sus cuentas públicas y reconstruir la confianza. Pero una política económica coherente no puede ignorar los dólares que ya produce. Si el país exporta riqueza y, al mismo tiempo, sus empresas y ciudadanos tienen dificultades para conseguir divisas, es legítimo preguntar qué parte de esos ingresos vuelve efectivamente a circular en la economía nacional.
El Decreto 5747 puede ser un primer paso. Ahora corresponde evitar que se quede en una medida aislada para un solo sector. Si el objetivo es fortalecer la disponibilidad de divisas, la regla debe formar parte de una estrategia general, técnicamente sustentada y aplicable al conjunto de las exportaciones. Bolivia no puede seguir dependiendo de los dólares que entran por casualidad ni resignarse a que la riqueza que produce no se traduzca en capacidad económica dentro de sus fronteras. Exportar debe significar vender al mundo, sí, pero también contribuir a sostener la economía del país que hace posible esa exportación.





