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Capítulo VI de la Tesis de grado “Montenegro” “Ejército y milicias bolivianas durante la Campaña militar por Tarija (1838).. UMSA La Paz- Bolivia 2023

El combate de Iruya

Cántaro
  • Ever Carrillo - María Luisa
  • 25/01/2026 00:00
Portada “Montenegro”

Portada “Montenegro”

Ilustración 36

Ilustración 36

Ilustración 37

Ilustración 37

Mapa 9

Mapa 9

Mapa 10

Mapa 10

Ilustración 38

Ilustración 38

Ilustración 39

Ilustración 39

Portada “Montenegro”
Ilustración 36
Ilustración 37
Mapa 9
Mapa 10
Ilustración 38
Ilustración 39

...limitándome por ahora solo a impartirle de que la "Columna”, sus jefes y oficiales, correspondiendo con la estimación a S. S. Iltma., el General en Jefe, lo mismo que el nombre que llevan, han llenado muy dignamente su deber

Timoteo Raña finalizando su corto parte de la victoria de Iruya al General

Braun, 11 de junio de 1838.

Era todavía de noche aquel 13 de junio, concretamente las 11 pm, y el ejército estaba a punto de partir en busca de la división invasora de Paz, cuando el General Braun recibió un cortísimo parte oficial del coronel Timoteo Raña quien se encontraba guarneciendo Iruya, un pueblito montañés de gran importancia estratégica ocupada por los bolivianos.

Después de leerlo Braun rápidamente escribiría a Santa Cruz:

Son las once de la Noche e iba a despachar este extraordinario cuando recibo agradablemente parte del Coronel Raña que después de un obstinado combate durante 8 horas, ha salido victorioso en el, escarmentado terriblemente al enemigo el día 11 de este según vera U. en el parte que da y que incluyo al E. M. G.... [290]

Ilustración 36.

El Pueblo de Iruya en la actualidad. Fuente:

https://es.wikipedia.orq/wiki/Iruya#/media/Archivo:Classical view of Iruya, Argentina.jpg

Timoteo Raña resumía en él muy sintéticamente el segundo combate más importante de la campaña y la guerra. Iruya, combate donde había soportado un largo y reñido ataque por parte de la División Sur Confederal Argentina al mando del coronel Manuel Virto.

1.-.Un pueblo entre las montañas

Iruya es un pueblo ubicado en el departamento que da su nombre al nor-oeste de la provincia argentina de Salta, el cual da la impresión de estar colgado en las montañas bordeado por el río Colanzuli o Iruya, a 2780 msnm sobre las faldas orientales de la llamada sierra de Santa Victoria. El arroyo de Iruya desciende de los llanos del marquesado, formando una angosta cañada que al terminar la primera parte de su curso y se ensancha formando un vallecillo circular en cuyo centro se halla el pueblo completamente rodeado entonces de alfalfares y huertos[291].

Sus características topográficas le atribuían una importancia estratégica vital para controlar Humahuaca y abrirse paso por una ruta alterna hacia y a través los territorios puneños con los que se podía llegar fácilmente hasta Bolivia.

Su importancia táctica derivaba del hecho de que, al estar rodeado de cuestas y bajadas, desniveles montañosos y desfiladeros, su acceso se restringía a muy contados pasos o rutas para entrar en la población.

Además, durante los últimos meses, las tropas de Raña se hallaban allí junto a los Iruyanos, quienes como muchas otras poblaciones de la Puna habían mejorado sus defensas con trincheras y otros obstáculos. Esto la convertía en una fuerte fortificación muy difícil de tomar para una fuerza atacante pues, según Narciso Campero, las disposiciones bolivianas habían sido favorecidas por los habitantes del pueblo quienes veían un libertador en el Ejército del Sud[292], además según el testimonio del Mayor José López Echazú, oficial argentino que participó en la batalla, cuando ellos llegaron al pueblo fortificado por los bolivianos, “los caminos que existían en dirección a Iruya ofrecían muy serias dificultades para la marcha”[293] lo cual los dejaba con pocas opciones para efectuar algún tipo de rodeos por lo que una parte del ataque solo se podría efectuar de frente hacia las dobles murallas puesto que esa era la única forma de asaltarla.[294] Otro punto a tener en cuenta fue el uso de dos piezas de artillería para la defensa de las fortificaciones[295].

Pues, después de la infantería, Santa Cruz había dispuesto que Braun dotara a sus fuerzas con la mayor cantidad de cañones como pueda, esto para guarnecer y vigorizar aún más las defensas de los pueblos de importancia esencial para mantener el control boliviano de la puna jujeña.

Timoteo Raña cumplió su comisión y con este movimiento hacía dueño al General Braun de una de las rutas de invasión más importantes y al mismo tiempo bloqueaba una de las líneas de retirada del invasor.

De esta manera Iruya se convirtió en uno de los puntos fuertes más importantes dentro de las líneas defensivas bolivianas debido a que, después de la gran ofensiva de principios de 1838, el papel defensivo de la infantería se volvería todavía más patente con la reducción de sus efectivos a casi la mitad de sus números.

Con el estallido de la última (y única ofensiva argentina) de junio, en este pueblo se verían finalmente los resultados más notorios de los planes estratégicos de Santa Cruz y Braun.

Ilustración 37.

Camino en las proximidades de Iruya. Fuente:

https://es.wikipedia.ora/wiki/Combate de Iruya#/media/Archivo:Road to Iruya in Salta.jpg

2.- La estrategia boliviana durante la guerra en la Puna

Al estar una gran parte de la población de Bolivia entonces repartida en áreas caracterizadas por tener una geografía predominantemente montañosa y altiplánica, esto hacía que la mayor parte de sus militares fueran reclutados de ese medio, lo que, en consecuencia, también hacía que sus fuerzas estuvieran compuestas mayormente de soldados de infantería.

Esto le daría a Bolivia una gran ventaja pues durante la guerra en la Puna la infantería de los batallones bolivianos demostrarían ser el tipo de soldado más idóneo por las características topográficas de esos lugares tan similares a sus medios de procedencia, lo que los ayudaría a demostrar una gran flexibilidad táctica y resistencia durante el conflicto.

Esto es más notorio comparándolo con el arma de caballería de la cual, si bien el ejército boliviano y confederado en general y el Ejercito del Sud en particular, gozaba de fuerzas de muy alta calidad y entrenamiento, en la que la caballería tarijeña y chicheña tenía una parte destacada, numéricamente era muy inferior al de la Confederación Argentina.

La caballería argentina desde las guerras de la independencia había jugado un rol preponderante tanto por razones de tipo geográficas (los enormes espacios de sus planicies), como culturales (el modo de vida ecuestre de la población rural), lo que la hacía su arma principal en sus contiendas[296].

El caso de la presente guerra no iba a ser diferente, pues en el punto más alto de la conflagración, Heredia movilizaría un ejército de más de 3000 hombres casi todos de caballería la cual representaba el 80% de sus efectivos y sostenida exclusivamente por las provincias de Jujuy, Salta y Tucumán.

Siendo así, y conscientes de esto, desde meses antes del inicio de las hostilidades, Santa Cruz y Braun habían decidido fortalecer a la Infantería, su arma más fuerte en contraposición a la caballería enemiga, y enfocarse en una estrategia eminentemente defensiva.

Contra unos enemigos cuya arma principal es el caballo y que no pueden traer infantería arreglada. Nunca combatirá V.S.I. en llano sino en posiciones.[297]

Le había dicho Santa Cruz en una ocasión a su general.

Por lo tanto, al disputarse el presente conflicto en territorios de la Puna de Jujuy, la Quebrada de Humahuaca y otras zonas que comprenden la Cordillera central de los Andes, lugares geográfica y climáticamente muy parecidos a las regiones de origen de los soldados bolivianos, Santa Cruz aconsejaba a Braun de la manera más directa aprovechar esos territorios de la forma más ventajosa posible, y evitando al máximo las regiones que representaran mayor ventaja para el enemigo:

Pero Usted no deberá meterse en los bosques ni salir a los llanos donde los Gauchos saben hacer una guerra peculiar a ellos con mucha ventaja, contentándose con arrojarlos de los países montuosos y quebrados, donde nuestra Infantería tiene ventajas incontestables. Yo deseo que Usted tenga continuamente presente esta diferencia cuyo buen uso le valdrá por un triple ejército. Si Usted quiere, sin embargo, aumentar su ejército, que sea de infantería que es nuestra arma importante y no de Caballería, que siempre han de ser superiores los enemigos.[298]

Así mismo en otra nota le recomendaba:

No concluiré esta carta sin dar a U. un consejo importante para la guerra que esta U destinado a Hacer. Cualquiera que sea la fuerza de los argentinos no se les presente U. jamás en llano, ni en lo caliente del día. Adopte U. la táctica de Fabio[299] colocándose siempre campando en posiciones inaccesibles a la caballería: prefiera U. la guerra de recursos y las empresas con pequeñas partidas y no empeñe U. su fuerza principal de Infantería, sino cuando ya sea preciso decidir la campaña. Los argentinos son valientes mientras monten caballos gordos y andan en llano y comen carne de vaca. Sin estos elementos valen menos que los morlacos... [300]

Este modo de pensar había ido tomando más peso después de Humahuaca y Santa Bárbara, esto debido a la incapacidad del ejército de lograr alcanzar y destruir a la caballería de Heredia, la cual pertenecía a un ejército que aunque más débil se caracterizaba sobre todo por su velocidad, además como ya se ha señalado algunas veces estaba el temor de Santa Cruz y otros jefes Perú-bolivianos[301] de que el ejército del Sur sufriera las mismas consecuencias ocurridas a los españoles de adentrarse más hacia el sur de las provincias de Salta o Tucumán y presentarse situaciones donde logísticamente el infante boliviano llevaría las de perder en una guerra de desgaste:

Para que forme U una idea de la Guerra de los gauchos y de lo que son capaces, debe U. informarse de lo que hacían Olañeta y el Barbarucho que combatieron contra ellos ventajosísimamente. El Barbarucho llego a penetrar en Salta con 300 Chicheños y Olañeta lo hacía cuando quería con 1500 hombres; pero nunca pudo obtener ventaja en la guerra de bosques, así como los gauchos jamás, jamás la obtuvieron contra batallones bien arreglados. Este conocimiento vale mucho para que usted forme sus combinaciones.

En el caso de que los enemigos reuniendo sus fuerzas vinieran tomando la ofensiva, U. procurara atraerlos lo más que sea posible hasta hacerlos pasar por la cordillera y entrar en tierra quebrada de soroche, en la cual valen los gauchos una décima parte que en sus llanos. En esa guerra que es muy particular conviene aprovecharse de todas estas observaciones. Es un principio ya demostrado que nuestros ejércitos siempre fueron arruinados cuando quisieron operar más allá de Salta y que los suyos fueron siempre batidos pasando más acá de Humahuaca.[302]

No pasando U. de la quebrada de Humahuaca, donde deben terminar todas sus correrías, ellos se abstendrán de venir a este lado y yo contento con que se ponga un desierto de por medio. [303]

Como podemos ver, había un plan estratégico y táctico muy claro dirigido hacia la realización de una guerra de posiciones donde la infantería boliviana debía sobrellevar el mayor peso de una guerra defensiva, enfocándose en mantener un “desierto” de separación entre ambos ejércitos y que le dieran siempre en lo posible la ventaja.

Mapa 9.

La Campaña de Montenegro e Iruya, junio de 1838. Según un mapa de Julio Diaz Arguedas.

Fuente: Díaz Arguedas, J. 1976. “Trayectoria Militar de Santa Cruz” En “La Vida y obra del Mariscal Andrés de Santa Cruz, (Tomos I)”: Biblioteca Paceña-Nueva serie-Honorable Municipalidad de La Paz, Ed. Casa Municipal de la Cultura “Franz Tamayo”, La Paz. p. 310.

3.- La División de Manuel Virto

Nacido en Madrid España en 1778, Virto aparece por primera vez en las páginas de la historia bajo las filas patriotas en las guerras gauchas durante la Guerras de Independencia, para después, como muchos de sus contemporáneos involucrarse en las guerras civiles argentinas. Antes de participar en las campañas contra los indios pehuenches ya era Teniente Coronel.

Durante la guerra contra Bolivia había sido designado para atacar al grueso del ejército boliviano en Iruya y avanzar hacia su retaguardia en Tupiza e impedir su retirada mientras la división al mando del general Gregorio Paz recuperaba para la Confederación Argentina la frontera con Tarija y desde allí en una extensa contraofensiva, amenazar su capital en Chuquisaca.

La columna argentina se componía de 500 infantes, 300 a caballos y 2 piezas de artillería los cuales se habían desplazado desde Orán y Humahuaca para atacar Iruya con aproximadamente 800 soldados[304].

Esta división, que ese día había salido de Humahuaca hacia Iruya, se componía principalmente del Batallón "Libertad” comandado por el mismo Virto que ocupó el centro de la línea de ataque; el de "Restauradores” mandado por Esteban Iriarte; y el capitán Bernardo Lagos con 50 Infantes de Jujuy, constituyendo estos dos últimos grupos las alas del ataque. El coronel Segundo Roca con el Batallón de infantería de Granaderos “Voltíjeros” debía aproximarse como reserva junto con el resto de las unidades y reforzar el ataque o aprovechar cualquier debilidad en las líneas boliviano-Iruyanas[305].

Al llegar finalmente decidió aproximarse empleando una larga serie de evoluciones para rodear el pueblo y atacarlo por todos lados a la vez; algunos escuadrones de los hombres de caballería debían remontar la quebrada en subdivisiones para sorprender a los bolivianos; era pues una línea de ataque débil en todas sus partes.[306]

Después del envió de un capitán de nombre Lorenzo Álvarez de parte de las fuerzas argentinas proponiendo la intimación de rendición buscando resultados parecidos con los de Acambuco, el Campo de las Trincheras y Caraparí, y al ser estas rechazadas, el combate se inició a las 5 y media según historiadores bolivianos y a las 7 y media de la mañana según los argentinos, de cualquier forma, ya en la mañana del 11 de junio de 1838 el ataque argentino estaba en desarrollo.[307]

4.- El combate

Como ya se vio a Iruya la defendía el coronel Timoteo Raña con sus hombres de "La Columna del General” tropas en su mayoría compuestas por Jinetes de las Guardias Nacionales bolivianas, en número de 260 hombres, más dos cañones y algunos auxiliares iruyanos.

Raña confesará después que al comenzar la acción de armas: “francamente me había sorprendido cuando vi aparecer a los antiguos Voltíjeros en lo alto; que no sabía qué hacer en ese momento, pero no había tampoco medida de que valerse con ellos, sino batirse de frente”.[308]

Advertido Raña, colocó la primera línea detrás de unas tapias de la huerta y alfalfares que rodean el pueblo, una de las dos piezas de artillería se colocó a corta distancia del desfiladero de la parte inferior del valle, en una situación en la que barrería con metralla a varios enemigos; esta pieza estaba resguardada por numerosos hombres de caballería, quienes formados en columnas por subdivisiones debían caer sobre el enemigo, aprovechando la confusión que la metralla producía en las filas contrarias; la otra pieza resguardada por una fuerza de infantería debía ubicarse en la salida del desfiladero de la parte superior del valle[309].

Raña escribiría; "Se presentaron (los enemigos) a nuestra vista, en número de 500 infantes y 300 de a caballo; mande dispersar una guerrilla y el enemigo hizo otro tanto, habiéndose incontinente empeñado un fuerte ataque entre ambas partes, con un fuego sostenido y obstinado”[310] de esa manera arrollando a los grupos de hostigadores y haciéndolos huir hacia Iruya, los argentinos realizaron la persecución hasta los muros del pueblo donde sostendrían un constante ataque.

Los fuegos de la infantería en esta época no eran notables por la mortalidad que producían además de que los fusiles y mosquetes no eran fáciles de manejar. Los soldados no apuntaban a un blanco específico, sino que disparaban hacia adelante, al montón, a 200 metros de distancia y a veces más.

Además, como las alturas que rodean Iruya son de faldas muy empinadas, los fuegos argentinos formaban un cono muerto cuyo vértice estaba verticalmente encima del centro del círculo formado por los bolivianos y el diámetro de la base del cono era mayor que el de aquel, lo que por lo tanto dificultaba más la puntería.

Por otro lado, después de la primera descarga ya nadie veía nada a causa del humo de la pólvora negra, de modo que la gran mayoría de los disparos se perdían en el aire.[311] Por lo tanto, a la hora de atacar posiciones bien fortificadas era fundamental el ahorro de munición, al menos hasta crear una brecha en algún punto débil y así poder usar las bayonetas, pues entonces si, en el combate con arma blanca, la infantería podía transformarse en un arma mortífera.

Era el momento más trabado del combate cuando aparecerían en batalla por primera vez los Voltíjeros; una temible fuerza de granaderos tucumanos. O’Connor en sus memorias, y transmitiéndonos la conversación que tuvo con Raña meses después del combate, nos cuenta que "el famoso cuerpo de Voltíjeros” del coronel Roca, compuesto de fornidos granaderos vestidos con inconfundibles uniformes rojos infundía un especial temor y respeto para Raña pues era consciente que "era el mejor de todo el ejército del General Heredia, en campaña contra Bolivia.”[312]

Por lo tanto, una refriega al arma blanca con aquel batallón estaba destinado a ser demasiado sangriento en desmedro de los Nacionales bolivianos, sin embargo:

"... pero era imposible que bajasen esa cuesta tan empinada, frente a nuestra tropa formada al pie de ella, bajando los enemigos por la cuesta, cada bala de nuestros soldados hizo buen efecto, estando los invasores expuestos a todo tiro de los nuestros y tuvieron que retroceder escarmentados.” [313]

Ilustración 38.

Confederales argentinos, Soldados del Ejército de Tucumán 1837. Sargento 2. ° del Batallón de "Granaderos-Voltígeros y un capitán de caballería. Ilustraciones por Diego Argañaraz. Fuente:

https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.360059701204042&type=3

Pasaban las horas y el combate crecía en intensidad, evolucionando este por momentos en luchas callejeras en algunos puntos del pueblo, pero los defensores bolivianos resistían.

Para empeorar la situación de los atacantes otro factor esencial estaba del lado boliviano pues, según Raña, se dio el caso que en uno de los puntos defensivos bolivianos: “no había muerto uno solo de nuestros soldados, por ser sus tiros fijantes todos, mientras los de los nuestros eran rayantes (rasantes) ”[314].

En otro de los flancos del pueblo salió de uno de los desfiladeros un escuadrón de caballería argentina, la cual fue saludada con un cañonazo de metralla causando gran masacre en los jinetes que encabezaban la carga y antes que pudieran reponerse de su sorpresa “le cayeron encima cual avalancha con la lanza en ristre varios jinetes bolivianos, así el pánico se apoderó de la caballería argentina, que huyó en espantosa confusión, después de salir del desfiladero”[315], el primer escuadrón boliviano formó rápidamente en batalla con frente a la derecha, subiendo por la rambla de la derecha; en la misma altura el segundo escuadrón formado a la izquierda hizo lo mismo que el primero. Viéndose arrollados la infantería y artilleros argentinos, estos comenzaron a huir

Ante varios asaltos fallidos algunas tropas argentinas comenzaron a desertar y escapar viéndose presas del pánico provocado por el agotamiento de la lucha callejera y la inutilidad de sus intentos por tomar las posiciones bolivianas. El Mayor José López Echazú recordaría: “la caballería Jujeña, al mando del comandante Esteban Iriarte, se dio a la fuga no obstante los esfuerzos de su jefe”.[316] En otros puntos y sin poder abrirse paso dentro de las defensas, consumidas todas las municiones, otros batallones de la infantería de Virto también tuvieron que retroceder, aunque intentando guardar más orden.

Como corolario el Mayor argentino José López Echazú diría lo siguiente: “Los enemigos han sufrido un destrozo considerable aún dentro de sus trincheras y no se han atrevido a perseguirnos ni un paso en nuestra retirada, a pesar de que quedamos cortados a la parte de arriba, obligados a retirarnos con este motivo por el centro de aquel partido y por puntos demasiados desventajosos para nuestra División”.[317]

Para antes de las 2 de la tarde, finalmente, el combate había terminado y las restantes y diezmadas tropas argentinas volvían hacia Humahuaca.[318]

Mapa 10.

Plano del Combate de Iruya según mapa del Cnl. Jorge Camacho Salgado. Fuente: Camacho Salgado, J. Aldazosa Monrroy, J. D. 2021. Historia Nacional Ejercito de Bolivia (1825-1970). La Paz. Prima Edición.

5.- El Parte Militar de Timoteo Raña.

El coronel Raña exaltado de satisfacción, apenas minutos después de su victoria, escribiría su Informe al general Braun[319]. El parte decía lo siguiente:

Viva la Republica! - Comandancia principal de Iruya, Junio de 1838. A S. S. el coronel Jefe de Estado Mayor del Ejército del Sur.

Señor General Comandante en Jefe. Son las dos de la tarde, momento en que me cabe el más dulce placer de poner en conocimiento de S.S. Iltma. El General en Jefe, de que el honor de las armas de la Republica ha quedado bien puesto y escarmentado a un osado enemigo que pensando obtener ventajas se atrevió temerario a insultar a la “Columna del General.

A las 5 y media de la mañana se presentaron a nuestra vista en el numero de 500 infantes y 300 de a caballo. Mande dispersar unas guerrillas y el enemigo hizo otro tanto, habiéndose incontinenti empeñado un fuerte ataque entre ambas partes con un fuego sostenido y obstinado hasta este momento, en que nuestros bravos pusieron en fuga a los cobardes enemigos, que por todas partes han emprendido una vergonzosa huida quedando completamente desechos y dispersos, a los que se les persigue.

Los despojos del enemigo consisten en muchos caballos, armas, prisioneros y muertos, que el detalle que oportunamente pase a S. S. dará un conocimiento positivo de las ocurrencias, limitándome por ahora solo a impartirle de que la “Columna”, sus jefes y oficiales, correspondiendo con la estimación a S. S. Iltma., el General en Jefe, lo mismo que el nombre que llevan, han llenado muy dignamente su deber.[320]

Como vemos la estrategia de Santa Cruz y Braun oponiendo más infantería y artillería contra el enemigo, sacando todo el partido posible de las características quebradas de la región y sus localidades[321], tácticamente había rendido muy buenos resultados para los defensores de Iruya.

Ahora la victoria de sus defensores en esta batalla había alzado grandemente la moral en el cuartel móvil boliviano en Tarija, pues esto significaba la destrucción de una parte importante de los planes originales planificados por Heredia para destruir al Ejército del Sur.

Heredia consciente de que sus hombres tendrían que asaltar posiciones defensivas, había preparado la división de Virto aumentándole tropas de infantes veteranos en su orden de batalla (a diferencia de las otras divisiones donde la caballería era el tipo de soldado domínate) sin embargo a pesar de lo poderosa que una vez fuera considerada esta división, no había sido capaz de cumplir su misión de recuperar Iruya.

Peor aún, el haberle traspasado a esta división un batallón de infantería tan importante como lo era el “Voltijeros”, el cual pertenecía en principio a la división del General Gregorio Paz, y ser completamente desperdiciado en el infructuoso asalto, dejaba a Paz sin una unidad que le seria desesperadamente necesaria más adelante pues era de los pocos batallones de infantería argentina comparable al “Socabaya” boliviano.

Ilustración 39.

Soldados bolivianos durante el mandato del presidente Andrés de Santa Cruz.

Fuente: Velasco Crespo, L. 1965. "Santa Cruz presidente de Bolivia. El Ejercito-uniformes de la época-el colegio militar-administración-periodismo”. En: Revista Militar. Homenaje al Mariscal Andrés de Santa Cruz

Editorial Novedades. La Paz.

La victoria de Raña y su Regimiento, sobrellevando factores desventajosos como la lejanía que tenía Iruya de las demás bases de aprovisionamiento y de comando como Tupiza, en un lugar relativamente cercano a las líneas argentinas y finalmente enfrentar un sorpresivo ataque de una división enemiga que los superaba con el triple de su tamaño, fueron subsanados por las cruciales ventajas de ser detentores de un pueblo con una excelente posición estratégica, rodeada de terrenos montañosos y de difícil acceso para una fuerza atacante y con buenas defensas predispuestas con anterioridad.

También fue determinante el apoyo de la población a favor de los soldados bolivianos para repeler los ataques argentinos y finalmente fueron concluyentes las deserciones masivas en plena lucha entre los atacantes, para los que como sabemos, la guerra del lado de Heredia y Rosas resultaba muy impopular.

Sin embargo, hay que tener muy presente que las ventajas ya resumidas no tendrían el mínimo valor sin la superior disciplina y espíritu de lucha que solo pueden tener un regimiento curtido en varias batallas y cuya moral se ve potenciada por tener en el mando a un hombre de su entera confianza y probado valor y liderazgo. Timoteo Raña fue ese líder que no solo le dio una victoria sino también una ventaja fundamental a la campaña de Montenegro para la causa boliviana.

El general Braun y sus comandantes mientras estaban completamente absortos en la defensa de Tarija, apenas eran conscientes del peligro que se cernía sobre su retaguardia con el avance de la poderosa División Sur de Virto el cual tenía como objetivo, después de Iruya, atacar la mismísima Tupiza, cuartel principal bien adentro del territorio boliviano.

Sería recién tres días después, anoticiado Braun de esta sorpresiva victoria, que este se daría cuenta del gran peligro que Raña había logrado deshacer, quebrando de paso la mitad de los planes argentinos y por lo tanto ganando la mitad de la campaña. Así las cosas, Braun podía estar seguro que, derrotando al General Paz, podía ganar ahora sí, por fin la guerra.

Sin embargo, aún quedaban varios días de heroico esfuerzo.

[290] Carta de Braun a Santa Cruz. Tarija 13 de junio de 1838. En Noelle, W. op. cit. p.92.

[291] Campero Amelunge, E. M. (Estudio). 2013. Vida del General Narciso Campero. Apuntes de Eduardo Campero Anzoátegui. Santa Cruz. Imprenta Universitaria UGRAIM. p. 48.

[292] Campero Amelunge, E. M. op. cit. p. 44.

[293] es.m.wikipedia.org/wiki/Combate_ de_ Iruya

[294] Ruiz Moreno, I. J. 2006. Campañas Militares Argentinas, Tomos II. Buenos Aires. Ed. Emecé. p.74.

[295] Campero Amelunge, E. M. op. cit. p. 44.

[296] Rabinovich, A. M. 2013. Ser soldado en las Guerras de Independencia, La Experiencia cotidiana de la tropa en el Rio de la Plata, 1810-1824. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. op. cit. p. 22-23.

[297] De Santa Cruz Schuhkrafft A. 2001. Archivo Histórico del Mariscal Andrés de Santa Cruz Tomos VI. Cochabamba. Editorial Serrano. p. 105.

[298] De Santa Cruz Schuhkrafft A. 2001. Archivo Histórico del Mariscal Andrés de Santa Cruz Tomos VI. Cochabamba. Editorial Serrano. 120.

[299] Quinto Fabio Máximo Verrucoso. Fue un político y general romano. También llamado Cunctator «el que retrasa» en latín y hace referencia a su táctica militar durante la segunda guerra púnica que llamaron Tácticas Fabianas. Considerado uno de los precursores de la guerra de guerrillas debido a su estrategia de atacar las líneas de suministros enemigas entre otras donde hacía hincapié en tácticas defensivas muy ventajosas cuando era superado en número.

[300] De Santa Cruz Schuhkrafft A. op. cit. p.120.

[301] Los generales Ballivián y Morán también pondrían énfasis en este punto en algunas de sus cartas personales a Braun aconsejándole mucha precaución.

[302] De Santa Cruz Schuhkrafft A. 2001. Archivo Histórico del Mariscal Andrés de Santa Cruz Tomos VI. Cochabamba. Editorial Serrano. p.332.

[303] De Santa Cruz Schuhkrafft A. op. cit. p.331.

[304] No se sabe el motivo exacto de porque el resto de regimientos que componían la división no participarían en la acción (recuérdese que eran más de 1000) sin embargo es muy probable que Virto los haya dejado como guarnición en Humahuaca para cubrir una posible retirada, o que parte de esas tropas habrían ido desertando durante la marcha como ocurría comúnmente dentro de las divisiones argentinas en esta guerra.

[305] https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Virto

[306] Campero Amelunge, E. M. (Estudio). 2013. Vida del General Narciso Campero. Apuntes de Eduardo Campero Anzoátegui. Santa Cruz. Imprenta Universitaria UGRAIM. p. 49.

[307] Raña, T. Parte militar de la batalla de Iruya. Jueves 11 de Julio de 1838. Publicado en el Eco del Protectorado.

[308] Raña, T. Parte militar de la batalla de Iruya. Jueves 11 de Julio de 1838. Publicado en el Eco del Protectorado.

[309] Campero Amelunge, E. M. op. cit, p. 49.

[310] Díaz Arguedas, J. 1943. Fastos Militares de Bolivia. La Paz. Escuela Tipográfica Silesiana. pp. 141-142.

[311] Rabinovich, A. M. 2013. Ser soldado en las Guerras de Independencia, La Experiencia cotidiana de la tropa en el Rio de la Plata, 1810-1824. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. p. 172.

[312] Burdett O´Connor, F. “Recuerdos”, 1972. Biblioteca del oficial boliviano, Comando general el ejército,

Editorial Don Bosco. p. 270.

[313] Burdett O'Connor, F. "Recuerdos", 1972. Biblioteca del oficial boliviano, Comando general el ejército, Editorial Don Bosco. p.253.

[314] Se da el nombre de ángulo muerto al espacio comprendido entre el punto de caída del proyectil, cuando el tiro es de arriba para abajo y el pie de la altura que se halla situado el tirador; cando la pendiente es de 15 grados o menos, los tiros son rasantes pero a medida que aumenta la pendiente las trayectorias van alejándose de las rasantes; la regla de ocupar con preferencia las alturas no es absoluta, puesto que la elección de una posición está subordinada a la regla de la mayor eficacia del fuego.

[315] Campero Amelunge, E. M. op. cit. p. 49.

[316] Ruiz Moreno, I. J. 2006. Campañas Militares Argentinas, Tomo II. Buenos Aires. Ed. Emecé. p. 74.

[317] Ruiz Moreno, I. J., op. cit. p.74.

[318]La decisión de Heredia de atacar Iruya con la división de Virto resultó en un gran error. El General y filósofo Chino del siglo IV a. C. Sun Tzu, en su clásica obra El arte de la guerra aconseja a todo líder militar que: Hay rutas que no se debe seguir, ciudades que no se debe sitiar, ejércitos que no se debe atacar, posiciones que no se deben disputar...

"Casi veinte siglos atrás, cuando se invadía el territorio de Hsu-Cho, Tsao Kung ignoro a la ciudad de Hua-pi, que estaba directamente en su camino y presiono en el centro del país. Esta excelente estrategia fue premiada con la subsiguiente captura de no menos de catorce importantes ciudades distritales. "No se debería atacar ninguna ciudad, que una vez tomada no pueda ser retenida, o si se la deja libre, no cause problemas". Hsun Ying, cuando se le urgía atacar Pi-Yang, replico: la cuidad es pequeña y bien fortificada; aun si tuviera éxito en tomarla, no será una gran hazaña de armas, mientras que si fracaso, me convertiré en un hazmereir. Es una gran equivocación, desperdiciar hombres pera tomar un pueblo cuando con la misma perdida de soldados se puede ganar una provincia". (Sun Tzu, 1994: 41-42)

[319] Con base en este parte, días después Raña con más calma redactaría otro más extenso y detallado.

[320] Díaz Arguedas, J. 1943. Fastos Militares de Bolivia. La Paz. Escuela Tipográfica Silesiana. pp.185-186.

[321] De Santa Cruz Schuhkrafft A. op. cit. p. 32.

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