“Chunchos, un baile andino que se extendió en Tarija” (Hermano Hugo, para Soethis)
Prefacio: Justamente en estos momentos
Prefacio: Justamente en estos momentos en que Tarija está en vías de justificar la declaratoria de Patrimonio Intangible de la Humanidad a la Fiesta de San Roque por la UNESCO.
Este pensamiento que se transcribe, escrito por un investigador especializado en la historia de la fiesta de “San Roque”, por tanto autorizado en la materia, mi hermano Mario Rubén Suárez Calbimonte, autor del libro: “San Roque - La Fiesta Grande de Tarija” me ha sido enviada en septiembre del pasado año de 2020, justo tres meses previos a abandonar este mundo en diciembre de ese año; me pidió que lo transmita a los miembros de la Sociedad de Etnografía e Historia de Tarija - SOETHIS, para que por intermedio de esta institución, la más seria, confiable y profesional de Tarija, se haga conocer su angustia, por decir lo menos, al ver que se está desnaturalizando la realidad de la tradición de nuestros “Chunchos”, al conocer la errática posición del investigador Daniel Vacaflores Rivero que desfigura, tergiversa y desnaturaliza la esencia misma de la Fiesta Grande de Tarija, que la considera de origen andino.
Sin modificar en nada su contenido, tengo la obligación moral y ciudadana de hacer conocer este aporte de mi hermano Mario, que dedicó una importante parte de su vida a la investigación de esta nuestra tradición, con un esfuerzo personal trasladándose a Europa y en nuestro medio, tradición ahora asediada por intereses obscuros que intentan considerarla de origen andino, lo que configura un manifiesto atentando en contra de la verdad y esencia de esta tradición sagrada, más aún en estos momentos que se está tramitando y justificando ante la UNESCO, para la declaratoria de la Fiesta Grande, Patrimonio de la Humanidad, ¿Permitiremos que esa declaración de la ONU sea justificada por una investigación que tergiversa la realidad de nuestra tradición?, ¡sería imperdonable!
Tarija, 21 de septiembre de 2021
Hugo Roberto Suárez Calbimonte
Con ese título, en días pasados, ha sido publicado un artículo en el periódico “El País” escrito por el antropólogo Daniel Vacaflores Rivero, al que quisiera referirme.
Hace un buen tiempo atrás, Daniel se comunicó con mi persona para invitarme a participar de un evento internacional en la localidad de Tojo, para tratar específicamente sobre el origen de los “Chunchos”. Conocedor del marcado pensamiento andino mostrado tanto por su persona como por los participantes a dicho evento, con referencia a nuestros promesantes Chunchos, le hice notar mi negativa a asistir a la indicada invitación.
Justamente en ese tiempo Daniel se encontraba elaborando su tesis referida a la semejanza y similitud de los Chunchos con otras expresiones andinas ajenas a Tarija.
Como es sabido, éste es un tema prácticamente desconocido, pero bastante cautivador y sugerente para académicos y tribunales que no tienen un conocimiento cabal de las particularidades de la idiosincrasia tarijeña, por lo que, con muy buena fe y con un blando entendimiento, seguramente, dieron su aquiescencia académica.
En el artículo de referencia, Vacaflores sostiene que existen chunchos en varios lugares como en el lago Titicaca, Cusco, Norte de Chile, etc., y no está lejos de la verdad, ya que la palabra “chuncho” es un término utilizado por los incas para referirse a los pueblos poco desarrollados, bárbaros o salvajes, con atuendos emplumados, especialmente aquellos de tierras bajas (Beni, Santa Cruz, el Chaco tarijeño, etc.), donde las plumas que exhibían eran el resultado de actos de valentía logrados en sus persistentes contiendas. Y además, es de todos conocido que las aves y los plumajes en las diferentes ciudades andinas a que se refiere Vacaflores, no existen.
Indica también que, en la llamada “entrada” folclórico-cultural del Carnaval de Oruro bailan nuestros “Chunchos“, sin tomar en cuenta que lo hacen muchos otros grupos folclóricos nacionales, incluyendo a los “Tobas“, de la familia de los Guaicurú del Chaco, que también son genuinos del departamento de Tarija. Todos aquellos conjuntos, con un notable potencial autóctono, hacen ver la fuerte diversidad intercultural con que cuenta nuestro país. Esta fuerte variedad cultural es la que ha llevado al gobierno central de Bolivia consagrar a Oruro, en el año 1970, como la “Capital Folclórica” del país. Motivo suficiente para que la presencia de tanta variedad de conjuntos autóctonos sea una invitación expresa del Comité Organizador del Carnaval de Oruro, con el fin de dar mayor realce a este evento.
Si nos circunscribimos ahora a nuestros Promesantes Chunchos de Tarija, podemos evidenciar, entre muchas otras, dos grandes peculiaridades, las mismas que difícilmente encontraremos en otras expresiones indígenas. Estas son, primeramente, que sus danzas-rogativas nos hacen ver que la esencia de sus expresiones son bailes cadenciosos que imploran misericordia al Santo Patrono de la Iglesia Católica, en pos de lograr la curación causada por pestes, algún mal personal o familiar; y segunda, por la entrega inconmensurable de su fe cristiana, traducida en su devoción al Santo Patrono, prendados de una armoniosa y genuina música melódica.
Algo para tomar muy en cuenta es que, nuestros originarios Chunchos, sin dejar de lado su cultura ancestral, se han fusionado o amalgamado con la cultura emergente europea, de una manera armónica.
Para llegar a este alto grado de sincretismo religioso americano-europeo, se ha tenido que pasar por muchas vicisitudes, las que paulatinamente, por una transformación de aquellos embijados personajes de antaño, provenientes del Chaco, que pedían favores y rogativas a sus propias deidades, con el tiempo se plegaron a los españoles y criollos del valle de Tarija, para juntos venerar con mucha fe y dedicación a San Roque, el Santo de pestes y enfermos.
Si nos retrotraemos en el tiempo, aunque los arqueólogos no se ponen de acuerdo, la mayoría concuerda con que las primeras culturas americanas como los aimaras y tiwanacotas estuvieron empeñados en llegar y conquistar las tierras que llamaban del Tuc-man y que Tarija era una región de paso, hasta la llegada de los incas, por lo que su influencia y predominio de los indicados Aimaras o Tiwanacotas sobre Tarija, tiene un carácter pasajero o sin importancia.
Posteriormente llegaron a Tarija los invasores quechuas del Imperio Incaico a finales del siglo XV, es decir entre los años de 1480 y 1490, hasta la llegada española con una fuerte presencia en el valle tarijeño, a partir del año 1535.
Esta es una de las razones para que las culturas andinas, al margen de dejarnos algunos hábitos y palabras quechuas, no hayan logrado establecer su doctrina popular y costumbres, puesto que cuarenta años de dominio es un tiempo demasiado corto que no se adecúa para lograr estas cualidades.
Es bueno recordar que los aborígenes tanto del valle central de Tarija como del Chaco de Tarija, tienen un carácter primitivo con tradiciones bien enraizadas en su hábitat, que datan de tiempos de mucha data.
Además, no podemos dejar de lado una importante referencia histórico-clerical, indicando que Roque fue canonizado durante el Papado de Clemente VII, quien gobernó la Iglesia entre los años 1523 y 1534, posteriormente el Papa Gregorio XII (1572 y 1585), universalizó el culto a San Roque, dando fe de su santidad.
Lo indicado, nos hace recordar que la fundación oficial de Tarija, acto de audacia y fruto de un valiente emprendimiento de don Luis de Fuentes y Vargas efectuada el año 1574, se ha llevado a cabo justamente en un periodo donde San Roque gozaba de gran popularidad en Europa como novel Santo de las pestes y enfermedades y Tarija, en aquella época, era una víctima indefensa de la mortal viruela, por lo que podemos aseverar que la entronización de San Roque en Tarija, juntamente con la oficial fundación de la ciudad, entonces Villa, coincide con el nacimiento de la veneración y entrega hacia el Santo Médico.
Finalmente, señalar que es inconcebible imaginar que, entre Santos Patronos, como San Roque y San Bernardo, sean los que hayan provocado una “lucha de clases” en el seno mismo de su pueblo que lo ama y venera tanto. Esta incoherente aseveración es suficiente motivo para mostrarnos que aquella tesis de investigación ha desfigurado y desnaturalizado la esencia misma de la tradición de la Fiesta Grande de Tarija.
La Paz, septiembre de 2020.


