La noticia que no llega
El ovillo de la vida continúa siendo un misterio
El ovillo de la vida continúa siendo un misterio, ¿quién lo estableció? Un ser supremo, sin lugar a dudas. El creador del universo es de una genialidad inmensa, eso sí lo presentimos, así como se lee en la Biblia que resume la palabra de Dios.
A jalar y jalar la pita del ovillo para proseguir viviendo en paz y armonía con la naturaleza, afán en el cual debiéramos sumirnos por siempre, a pesar de la incertidumbre que se cierne cada día.
Soñé algo extraño. Eran tres hermanos impolutamente vestidos, uno con polera blanca y pantalón corto de color negro, de unos catorce años, otro con camisa negra y pantalón blanco, sumando doce años, y el tercero de apenas cuatro añitos, vestido de blanco; vendedores de periódicos, oficio que cumplían todos los días de la vida, con dedicación y esmero absoluto. Hermanos carnales, tres generaciones pegadas al papel y a su comercialización.
Ante nuestros ojos el mundo giraba y giraba sin cesar, los ciudadanos compraban los periódicos con mucha asiduidad conforme se instalaba el puesto de venta al clarear el día, hasta que se agotaran los ejemplares; enfrascándose la gente en la lectura, que eran portadoras de mejores noticias que las de la actualidad, deprimentes y frías. Sin información impresa, no se entendía la vida en una fase de la historia en que no existían otros medios, a no ser el corre, ve y dile; pero la principal fue la que se originó a raíz de la invención de la imprenta en las publicaciones con armado de palabra tras palabra para cada frase. Después llegó el progreso y todos estos quehaceres se facilitaron de modo admirable gracias al internet; se achicó el mundo y de punta a punta llegan las informaciones al momento.
El intelecto humano trabaja todos los minutos, las horas y los días; sin saber, empero, nada del ovillo, de la cuerda, o hilo, que cada momento se va consumiendo con alegría, dolor, insatisfacción, por no percibir los sentidos nada más que no sea alargar la vida, vivir a tientas, desconociendo qué pasará mañana.
Un ser omnipotente rige el destino humano, la razón tiene certidumbre y el corazón presiente y siente, sin vacilaciones. Así es la sucesión de hechos que marcan cada vida y todos metidos en lo suyo, bajo sigiloso afán.
Uno, el pequeño, voceador extraordinario, el del medio celoso guardián de que no faltaran los ejemplares del periódico y, el mayor, recibía las monedas y las colocaba en una cajita de seguridad, tipo alcancía que no alcanzaba sino para sobrevivir. Los tres hermanos integraban sus actividades, que al final de cuentas era una sola: vender periódicos y sustentar el pan de cada día para sus padres y ellos mismos.
Los clientes hacían fila a fin de comprar los diarios, porque les asistía la suposición de que llegaría el instante en que se interiorizarán de develar el secreto de la existencia humana, con clarísima transparencia, lejos de toda hipótesis y fundada en pruebas consistentes y firmes. ¡Valdría la pena esperar esa noticia, aún a sabiendas de que moriríamos en el acto, tras conocer la singular noticia!
Se envejece, ciertamente; pero a tropiezos aprendemos y nos preparamos, tarde o temprano, para dar el último paso hacia el más allá. De la luz a la oscuridad total. O, a la inversa, de la oscuridad en que vivimos a la claridad de lo que una noche sobrevendrá.
Lo importante debe ser dejar prendida una lucecita que ilumine todo cuanto hicimos en el paso por la vida. Al cabo, no se habrá nacido ni vivido en vano. Descansarás en paz.


