Bajo el ceibo

Estás triste como nunca,
venerable padre ceibo…

Los latidos de la tierra
que recorren por tu cuerpo,
parecen ser los sollozos
de tu corazón interno.

Tus ramajes musicales
lanzan trágicos lamentos
hacen gestos dolorosos
y conversan con el viento…

Y tus flores escarlatas
lentamente van cayendo
como lágrimas de sangre
que se vierten en el suelo.

Yo me alejo de tu lado,
venerable padre ceibo
y se queda a tu cuidado
la adorada de mis sueños.
La encontré bajo tu sombra
y a tu sombra te la dejo…

Que tus ramas le repitan
la dulzura de mis versos,
mis canciones, mis palabras,
mis suspiros, mis lamentos…

Los secretos que ella tenga,
cuéntalos a los jilgueros,
para que ellos me los digan
en sus cantos mañaneros.

Y si muere la adorada
esperando mi regreso,
guárdala bajo tu sombra
con mis últimos recuerdos…

Que algún día, solo y triste
yo vendré desde muy lejos,
a dormir eternamente
abrazado de su cuerpo.

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