Santiago El abogado del pueblo

Del Libro: “Tarija canta su Folklore” De Mauro Molina Balza Fiestas Tradicionales De Tarija

Esta fiesta es festejada el 25 de julio. En años mozos era de fama, dice la tradición que Santiago era fiesta de lustre por sus briosos caballos y el lujo de sus ensillados, todos chapeados en plata fina. El coraje de sus jinetes y las fuertes apuestas en sus carreras daban solemnidad y alegría a esta fiesta.
En cuanto al orden religioso, la procesión del santo era muy sencilla. La imagen era llevada de la Iglesia a la casa del “alférez”. “La pampa vieja de carreras”, que así se la llamaba.
El Santo era portado en una urna montado en su caballo blanco con todos sus adornos como ser: Montura, espuelas, lanza, etc. Todo de plata fina trabajado por la artesanía local. Era una imagen chica, pero muy bien esculpida.
El alférez era generalmente el señor Desiderio Delgado quien mantenía esta tradición por años, es decir de abuelo a tatarabuelo.
Allí estaba el Santo tres días seguidos como un recatado huésped. En esa casa se agasajaba a quienes entraban por devoción a rezar y rendir su culto al Santo, las calles de esa zona estaban llenas de gente del campo y de jinetes en riquísimos caballos.
Por entonces el programa de festejos era singularmente interesante, anotándose entre sus números principales: las “carreras de caballos”, “la sortija”, el “Gallo enterrado”, “la carrera de encostalados”, etc. Para la carrera de caballos los aficionados preparaban sus mejores animales, y bastante dinero para sus apuestas.
En esos buenos tiempos, existían lugares apropiados como los campos de “La Tablada” y muy especialmente “La Pampa vieja de Carreras” (Barrio La Pampa), que era tradicionalmente reservada para este objeto.
La gente llenaba ese campo para presenciar las carreras y sobre todo a los jinetes que corrían ante el incentivo de los premios donados por la Cámara de Comercio.
Había caballos traídos de regiones alejadas como del Perú y de la Argentina, a cuales mejores corceles.
Aquí, cabe recordar a los caballeros: Juan Jofré, Heriberto Trigo, a los señores Benítez, Honorio Méndez, Martín Gutiérrez, los hermanos Sfarcich, y otros más que eran aficionados a esta cría.
En el campo también se propagaba la crianza de estos animales, obteniéndose ejemplares selectos.
El día de Santiago 25 de julio, “La Pampa vieja de carreras” se colmaba de gente, especialmente del campo que venían montados en lindos potros, cuyas monturas chapeadas eran muy elegantes.
El animal llevaba: delanteras, cabezal, estribos de plata fina en competencia con turistas argentinos que venían a esta festividad en animales; de Jujuy, Salta y también del Gran Chaco y otras regiones. Toda carrera se hacía apostando mucho dinero. Téngase presente que en dicha época se manejaban libras esterlinas a 12.50 bolivianos cada una y quintos de plata blanca 900 fino a 50 centavos, lo que demostraba las bondades de nuestra moneda en esos benditos tiempos.
Se corría en una pista completamente plana y pareja de 800 metros de largo, hasta el límite urbano.
Después se procedía a las carreras tirando cuartos de brazuelos de cabritos o corderos muertos, agarrados cada jinete de su parte correspondiente para que galopando arrebatara la mejor presa a su contrincante a fuerza de tira y afloja, que inmediatamente debería prepararse en una carpa de esas de la misma pampa, para rociar luego el “comistrajo” con vino, cerveza, chicha, guarapu, en compañía de mozas alegres. Además se otorgaban premios especiales a los guapos ganadores.
Al día siguiente de estas carreras ecuestres, tenía lugar en la misma pampa la corrida de toros en presencia de las principales autoridades, de la sociedad tarijeña, que presenciaban este espectáculo desde tribunas especiales. Cada corrida era de lo más cómica, por la calidad de los toros y de los toreros.
No faltaba la presencia de algún saturado de alcohol y de algunos valientes para servir de hazmerreir del público.
El toro era además adornado con una carona de 1a que pendían monedas de plata blanca y billetes grandes
que era un incentivo para quién lograba sacarlos de la carona. Se sucedían bulliciosos pasajes en los cuales el espectador reía a mandíbula batiente.
Después de la corrida los festejantes cantaban en las carpas en tonada de Santiago, coplas alusivas al Santo del festejo:

Taitito Santiago
tiene su caballo,
siempre está montado,
en su apero chapiado.

Taitito Santiago
es un valiente,
encilla su caballo,
bendice a su gente.

De dónde has venido
que nuevas me has traído
llévame pa’lau de tu pago,
aunque sea al campo bravo.

Pasaban de rato en rato grupos de obreros y gente del campo, con caña y camacheña, con guitarra en mano, que acompañado con el acordeón, o la concertina, la tonada y las coplas, alegraban el ambiente. Se escuchaba cantar estas coplas:

Por donde pasa Santiago
levanta polvareda,
la chapaca se arrodilla,
arremangándose la pollera.

Pobrecito mi caballo
junto conmigo padece,
toda la noche ensillado,
mascando el jreno amanece.

Tengo mi caballo bayo
que se muere por las yeguas,
y yo como soy su amo,
me muero por las mozuelas

Esta noche nu más canto
mañana todito el diya,
pasado mañana se acaba,
de mi pecho la alegriya.

Añadido a todo esto la calidad de sus concurrentes, caballeros de tarro alto, leva y bastón, señoras de faldas largas, corsé quitasol, realzaban esta cita ecuestre.
Hábiles jinetes montados en sus potros muy lindos, se permitían invitar a alguna señorita bien puesta o mocita del pueblo, para llevarla en las ancas desafiando a los curiosos y envidiosos.
Generalmente los invitantes eran jóvenes de la sociedad o algún medio vejete apurado con los fuertes asentativos, que deseaban pasarla de galán.
Muy suelto de cuerpo y con la tentadora moza en las ancas, recorría los barrios del pueblo ostentando desdén, valentía y lujuria.
Estas demostraciones al galope de suprema valentía debido a estimulantes poderosos, eran motivo de serios conflictos conyugales o reprimendas de los padres contra el hijo licencioso y satánico.
Aquí cabe recordar una linda carrera de caballos que tuvo lugar en esta ciudad por el año 1898.
Llegó a Tarija un señor Béber de origen chileno que vino como turista. Hombre acomodado, culto y muy aficionado a los caballos. Llegó en un hermoso ejemplar de carrera y desafiaba a todo aficionado con el deseo de que conozcan cómo corre un caballo de raza.
Se encontraba en esta ciudad, un conocido caballero Don Adolfo Leaplaza, de origen chaqueño, gente muy conocedora y aficionada a estos animales, como el gaucho argentino que vive sobre sus caballos.
Aceptó el desafío, mandando a traer de Caiza un lindo ejemplar chaqueño.
Se aproxima la fiesta de Santiago; todos los aficionados se alistaban en esta ciudad y el campo a presenciar esta carrera que debería tener lugar el 25 de julio.
Las apuestas pasaban de cinco mil bolivianos; una fortuna en esos tiempos.
Leaplaza hizo venir a un amigo de sus pagos por supuesto un experto jinete. Es el caso que van preparando la carrera con mucho entusiasmo. Un día de esos avisan a Leaplaza que se le había visto al chaqueño amigo en tratos con Béber. Posteriormente se llegó a comprobar que el infiel amigo trataba de jugarle una mala pasada a Leaplaza. Lo dejó en libertad al compañero y mandó a llamar a Salustiano Ruíz para correr su caballo.
Salustiano, un campesino y gran conocedor en este sentido, aceptó la invitación, contribuyendo voluntariamente con una fuerte apuesta, dando así una garantía y seguridad a su caballo. Este se encontraba preso y consiguió permiso de las autoridades para correr.
El chileno Béber naturalmente tomó al chaqueño, confirmando así la acusación que de antemano se formuló contra él.
El 25 de julio, después de un largo entrenamiento sale a la pista el caballo del señor Béber, un hermoso animal que naturalmente apresuró las apuestas. El joven jockey de Béber bien alistado, de baja estatura y delgado como para éste objetivo, repunta la caja de apuestas.
Salustiano Ruíz ya de edad, con peso no correspondiente, salió montado en su caballo criollo, con bombacha muy fina, sin camisa. La desproporción entre ambos era muy visible.
Pues, se aprontan los jinetes ante una pampa colmada de aficionados. Las apuestas suben a seis mil bolivianos. En último momento se daba ventaja 500 bolivianos contra 300 a favor del caballo chileno.
Salustiano era hombre que había vivido sobre su caballo. Era flexible y un experto corredor de indiscutible prestigio en este sentido, además conocía mucho al caballo que iba a jinetear.
Se inicia la partida, y después de verlos en recia carrera levantando polvareda, llegan los jinetes al final de su meta en medio de aplausos y exclamaciones.
El caballo de Salustiano! Aventaja por medio cuerpo al contrario. Fue una carrera muy emocionante llena de colorido, Salustiano, el hombre de la leyenda, salió triunfante. ¡Recuerdo de las glorias añejas…!
Cuentan que jamás se había visto una carrera igual por la calidad de los jinetes y de los caballos.
El chileno, decepcionado, a los pocos días se fue vendiendo su caballo al señor Leaplaza, quién se lo llevó a Caiza.
A Salustiano Ruiz se le confirió una tregua especial por parte de las autoridades. Se lo dejó triunfante recorrer las calles de la ciudad y cantar coplas alusivas a la fiesta de Santiago, hasta reanudar la condena que pesaba sobre él como una ¡Maldición de los hombres…!
Salustiano, con los “mates” de chicha subidos a la cabeza, cataba estas coplas satíricas:

El pajarito en la jaula,
se divierte en el alambre,
así me divierto yo
en las rejas de la cárcel.

En libertad me querías
ahora preso me aborreces,
desgraciado aquel que cae,
a las manos de los jueces.

Llora el niño por el pecho,
llora el viejo por la edad,
la moza por sus amores
y el preso por su libertad.
Los pajaritos y yo
nos levantamos a un tiempo,
ellos a cantar al alba,
yo a llorar mi sentimiento.

Esta fiesta de Santiago, también ha tenido gran importancia en la Capital de la Provincia Avilés. En el bello pueblo de Concepción, allá en sus lindos tiempos de esplendor, cuando su culta sociedad abría sus salones y cobijaba en ellos al visitante tarijeño. Ir de paseo allí era motivo de concitar una íntima complacencia. Concepción tenía una valiosa sociedad, que se ha visto desintegrada por la ausencia de muchas familias que han salido de allí y ahora están por los centros de Bolivia y la mayor parte en la ciudad de Tarija.
Recordar a los señores, Eudal Mealla, Luis Cataldi, Alberto Mealla, Florencio Hoyos, Ruperto y Juan de Dios Sánchez, los Pino Ichazo, Los Zambrana y otros señores, es perdurar las glorias de una provincia señorial, donde el recato, la distinción y generosidad han sido sus atributos.
Cuenta la tradición que allá por los años de 1904 más o menos, se llevó de Tarija a Concepción el primer piano de propiedad de Don Luis Cataldi, conducido por seis propios a “pata”. Fueron a recibirlo ¡No era para menos! Un joven listo de esos que jamás faltan en este pícaro mundo, sombrero en mano, había dicho: ¡Ilustre viajero! ¡Bienvenido…! Efectivamente era bienvenido De ilustre !Ni que se diga…!
Como bienvenidos al encuentro, estuvieron los señores: Alberto Mealla y Ruperto Sánchez, para armonizar ese ambiente grato y sedante.
Santiago es la fiesta patronal de Concepción. Tiene un hermoso Santo montado en su caballo tamaño natural. Se festeja con banda de música llevada de Tarija, con una linda kermesse, corrida de caballos, riña de gallos, juego de taba, etc., concurriendo mucha gente de la ciudad de Tarija en auto o camión para dar realce a esta fiesta.
Concepción con su exquisita fruta, su campiña seductora y fecunda, autoriza a sus moradores para decir en alta voz ¡Diande es lindo…! ¡D’iay soy yo…!!!

Esto ha sido la fiesta de Santiago en los hondonares de su espíritu de nuestro solar tarijeño.