Carta a una artista excepcional Recordando a Elizabeth Schwimmer

Querida Ely:
La noticia de tu partida ha inundado de tristeza nuestros corazones. Muchos de nosotros perdemos a una amiga entrañable, pero el mundo musical boliviano pierde a uno de sus más sólidos valores.
Dejas el BACHFEST –que tú creaste en Bolivia- huérfano y desamparado. Estoy segura que pese a tus problemas de salud te encontrabas ya ensayando algunas obras y tenías esbozado el programa de este año.
Te has ido pero dejas un inmenso e invalorable legado a través de tus conciertos, tus enseñanzas, pero sobre todo a través de las ediciones del BACHFEST que año tras año presentaste en Cochabamba, festivales en los que participaron innumerables músicos bolivianos y extranjeros, grupos de cámara de varios países que aportaron también con instrumentos de época haciendo más auténticas sus intervenciones. Son tantos los nombres de los participantes en verdaderas “movidas musicales” que tú armabas exigiendo siempre el máximo de perfección y rendimiento, que la lista sería interminable. Algo de ello he recogido en mi artículo el BACHFEST BOLIVIANO publicado en mi libro Música y Músicos Bolivianos II.
Estas líneas van dedicadas a ti que fuiste el alma, el espíritu de esos festivales con la monumental obra de Juan Sebastián Bach, el gran músico de Leipzig, el BACHFEST Boliviano que tú creaste en el año 2007 en colaboración con el flautista alemán Benjamin Kierch –siguiendo la tradición de los festivales “Bachfest” que se organizan en Leipzig todos los años en el mes de Junio- alcanzó niveles insospechados. De todas las obras presentadas y de todos los artistas participantes, habría mucho que comentar pero sólo haré referencia a dos obras sinfónico-corales que marcaron un hito en la historia musical de Cochabamba y de nuestro país dejando profundas huellas de excelencia musical: El Magnificat (BWV 243) y la Misa en Si menor (BWV232), esta última declarada por la UNESCO “Patrimonio Documental de la Humanidad”.
Dos soberbios y muy complejos testamentos musicales, de los que el músico y Director de Orquesta Thomas Hengelbrock dijo que eran “diálogos con lo divino”. Tú los abordaste con pasión, con sabiduría, con amor, preparaste todo desde los comienzos, trabajando con solistas, coralistas e instrumentistas, dirigiendo estas obras como una verdadera experta, conocedora de la estructura, de los contenidos, de su profundo mensaje, sin medir horas de trabajo, jornadas interminables, cuidando todo detalle, con una entrega total.
El resultado fue óptimo, conmovedor, un verdadero goce espiritual.
Tú has sido un verdadero ejemplo, una perfecta combinación de talento, preparación, sentido organizativo, gran pasión, exigencia, severidad, carácter y una entrega sin límites para alcanzar los objetivos que querías alcanzar, y vaya si lo lograste-
Gracias, Ely, música excepcional, amiga entrañable.
Madrid, mayo de 2018