El colegio Antoniano en Tarija cultivó una gran educación, llena de valores e igualdad. Quienes salieron bachilleres de esta institución educativa lo recuerdan con mucho cariño. Edgar Ortiz Lema, Guido Mogro Vargas, Walter Yapur Murillo y Carlos Alberto Ramírez integran las primeras promociones de egresados del Antoniano.

Ya con los años encima, pero con la gran brillantez con la que se recuerdan las cosas lindas, rememoran los mejores momentos de su infancia, los recreos, los profesores y los mismos franciscanos, quienes les dieron el apoyo necesario para formarse.

El Colegio Antoniano de Tarija fue fundado por la comunidad franciscana en el año 1911 con la misión de brindar una educación cristiana a los niños y jóvenes de la clase popular. Entre los directores resaltó el Padre Ignacio Coppedé, desde el año 1932 hasta el 1951, éste logró la edificación del colegio hacia la calle Ingavi.

También es recordado el Padre Gerardo Maldini por su gran labor educativa y cultural en Bolivia como historiador; el Padre Bernardino de Ponce, el enérgico Padre Luis Chibilini y el filósofo Esteban Migliacci.

La secundaria empezó en el año 1947, la primera promoción salió en 1952 y la última en el año 1977, fecha en la que el colegio se cerró. La unidad educativa contaba con un selecto grupo de calificados profesores que entregaron a la comunidad tarijeña distinguidos profesionales.

Colegio Antoniano, promoción Clodomiro Aparicio 1958

Hoy los sobrevivientes e integrantes de la primera promoción (1952) cuentan sus recuerdos pero además se preguntan ¿Por qué nunca volvió a funcionar el colegio Antoniano? Y en ¿qué condiciones fue dado a los hermanos de la Salle?

El encuentro: “Vivir para contarla”

Eran las 16.00 del pasado martes cuando Edgar, Guido, Walter y Carlos ingresaron a la sala de entrevistas de nuestro diario. Sentados y con mucha emoción comenzaron con los relatos. El brillo de sus ojos revelaba que la etapa escolar fue una de las mejores de sus vidas.

“Somos los sobrevivientes de muchas promociones, estuvimos en las primeras. Pero quizás ésta sea la última vez que nos veamos. Sólo Dios sabe”, coincidieron.

Edgar Ortiz Lema, Guido Mogro y Carlos Montecinos son integrantes y sobrevivientes de la primera promoción del colegio Antoniano (1952). La primera promoción estuvo integrada por nueve bachilleres, de los cuales fallecieron seis.

Edgar Ortiz Lema es abogado y máster en sociología, perteneció a la primera promoción del colegio Antoniano en 1952. Con gran solemnidad, destaca la gran disciplina de la unidad educativa, las materias dictadas de manera magistral por los maestros y la gran igualdad que existía en las aulas. “No había clases sociales-dice con una mirada enfática- todos éramos iguales y eso era lo mejor”, explica emocionado.

“El colegio comenzó a funcionar con nosotros, se fue avanzando poco a poco. Fuimos los fundadores”, añade.

Cuenta que una de las singularidades de esa institución era la enseñanza de la religión católica, pues todos los días se daban lecciones relacionadas a la biblia y a la moral. Afirma que gracias a la estrictez del centro educativo tuvo muchos logros en su vida profesional.

En el mismo colegio se destacó y ya en la universidad fue el mejor alumno, recibiendo incluso la medalla de oro municipal. En su juventud, en el año 1958, fue a Estados Unidos debido a una beca dada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

Fue presidente del Comité Cívico, presidente de la Confederación de profesionales de Tarija, Presidente de la Confederación de profesionales de Bolivia y de la Confederación de profesionales de Latinoamérica, elegido en Río de Janeiro. Fue también presidente de la Corte Superior de Distrito de Tarija, Ministro de Educación y Cultura, además de embajador de Bolivia.

Entre los maestros que más recuerda cita a Franz Ávila del Carpio, profesor de Geografía y Literatura.

Sentado al frente está Guido Mogro Vargas, él es ingeniero electromecánico. Muy sonriente, recuerda que en época de colegio le decían “chicote” por un personaje mexicano que interpretó en una obra de teatro en el colegio. Junto con Ortiz es otro de los sobrevivientes de la primera promoción del 52.

Lo que más destaca de esos tiempos son los recreos, no porque no le hayan gustado las clases sino porque tenía una gran pasión por el básquet y usaba ese tiempo para practicarlo, también jugaba fuera de horario, así que cuando sus padres no sabían dónde estaba siempre lo encontraban en la cancha del colegio jugando.

Fue el primer candidato de la Federación de Estudiantes y compitió con Oscar “Motete” Zamora, quien era el candidato del colegio San Luis. “Todo terminó en tragedia, nos robaron las ánforas y resultó ganador Motete”, dice (risas) “Siempre era guerrillero”, afirma con gran carcajada Carlos Alberto Ramírez, quien inquieto espera su turno para hablar.

Lo que destaca al igual que Ortiz es la educación del colegio Antoniano, lo igualitaria que era. Mira fijamente la pared y un recuerdo se le viene a la mente, se trata del día en el que conformaron el equipo oficial de básquet del colegio, éste se llamaba “Ateneo Antoniano”.

Cuenta que la pobreza no les permitió acceder a uniformes, por lo que el padre Coppedé sacó las cortinas del teatro de la escuela para confeccionar los pantalones del equipo. “Las poleras eran las que nos poníamos para dormir, en ellas se nos puso un corazón con una cruz”, dice orgulloso.

Más aún, entre toda la alegría de los recuerdos, frunce el ceño y expresa una preocupación ¿Qué pasó con el colegio Antoniano? Comenta que entre lo poco que sabe y que le reveló el padre Ignacio Coppedé “la institución fue regalada a los hermanos de la Salle y luego entregada a la Universidad Católica Boliviana. Lamenta que no se haya podido continuar con la unidad educativa”.

Sembrando esta nostálgica esta preocupación, finaliza contándonos que emprendió su vida universitaria en Buenos Aires en la UBA y se especializó en Estados Unidos en el tecnológico de Ilinois.

A su lado está Walter Yapur Murillo y está listo para continuar con la entrevista. Él es odontólogo, su vida universitaria la hizo en Chuquisaca, en la Universidad Mayor San Francisco Xavier. Pertenece a la promoción de 1954, la tercera del colegio Antoniano.

Cuenta que lo que más recuerda de sus tiempos de colegio son los franciscanos, pues le ayudaron en todo lo posible. Entre risas también relata que recibían algunas palizas por portarse mal en los desfiles, lo que según asegura les sirvió de mucho para su formación.

“Los franciscanos se pensaban nuestros padres, pero nos ayudó mucho esa educación tan estricta. Al regreso del desfile nos formaban en fila y nos daban huasca”, dice entre risas y añade que era el único colegio en su forma de trato a los estudiantes.

Entre sus maestros recuerda a Walter Gonzales, profesor de literatura y aunque no viene a su memoria el nombre exacto recuerda a las hermanas Pérez, maestras de química.  También rememora a Betty Paz de aritmética y a Clodomiro Aparicio, profesor de algebra.

Sobre la desaparición del colegio Antoniano revela que el Padre Gerardo Maldini le dijo un día que los franciscanos dejarían el colegio a causa de no tener personal suficiente, por lo que en cuanto se preparen nuevos sacerdotes, en dos o tres años, retomarían la labor. Por el momento la unidad educativa quedaría a cargo de los jesuitas, más aún lamenta que nunca se retomó tal tarea.

Carlos A. Ramírez (polera blanca) junto a sus compañeros

Finalmente, es el turno de Carlos Alberto Ramírez, ingeniero petrolero e ingeniero forestal. Él es más conocido como “Torito”, quizás porque como sus compañeros dicen “era muy trompeador en la escuela a pesar de su tamaño”. El salió de la promoción de 1958 del Antoniano.

Hoy es el gestor de este encuentro que se considera histórico, ya que como dice se trata de los sobrevivientes de las primeras promociones de un insigne colegio, que dejó gran huella en Tarija.

Sin que iniciemos con preguntas irrumpe y dice que el colegio Antoniano es algo que jamás olvidará, ya que fueron tiempos hermosos en los que se tejieron sus mejores recuerdos.

De inmediato como en una charla de escuela interrumpen Guido y Walter y dicen: “Nos quitaba nuestros bolsones con comida y se lo comía”, ríen todos.

Más aún, al margen de ello “Torito” también relata sus logros, así revela que ganó el concurso intercolegial de matemáticas como también fue editor de siete números del periódico “La Voz del Antoniano”.

Tras su vida colegial, Carlos emprendió sus estudios superiores para ser ingeniero petrolero en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y luego por una beca de la UMSA concluyó esos estudios en Argentina en la Universidad Nacional de Cuyo-Mendoza. En Tarija estudió Ingeniería forestal en la Universidad Juan Misael Saracho.

Como un último apunte recuerda que su promoción en el Antoniano se llamó Clodomiro Aparicio y que por su gusto por las matemáticas admiraba a este maestro.

La mayoría de estos cuatro destacados profesionales tarijeños ya no viven en Tarija y están de paso, por lo que una vez más y al despedirse destacan que son los sobrevivientes de una gran generación y que “quizás ésta sea la última vez que se reúnen”. Sin embargo, están felices de poder “vivir para contarla”. Contar a todos la huella que dejó el colegio que impulsó su futuro.

Frases

Los domingos era una obligación ir a misa
Muchos éramos monaguillos, ayudábamos en la misa y aprendíamos de memoria el latín

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