Venta de gas a Brasil: Una necesaria explicación pendiente

El ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez se refirió el viernes por primera en lo que va de año a la obligatoriedad que tiene Brasil de pagar un mínimo de 24 millones de metros cúbicos de gas al día, retire o no retire esa cantidad. Sin embargo, lo hizo como reacción al enésimo anuncio de Petrobras sobre su intención de rebajar las importaciones de energético desde Bolivia de forma más o menos inminente.

El presidente de la mayor empresa de Brasil, Roberto Castello Branco, en una conferencia de prensa en Río de Janeiro, se refirió específicamente a los términos del contrato y señaló que se están negociando nuevos acuerdos para finalizar el contrato GSA que se firmó en 1996, entró en operaciones en 1999 y finalizó en junio de este año. El ministro Luis Alberto Sánchez ha señalado en numerosas ocasiones que seguiría vigente en los mismos términos porque quedaban aproximadamente 1,7 trillones de pies cúbicos de gas por entregar.

Sánchez nunca ha explicado demasiado sobre los motivos de que no se haya entregado el gas convenido en el plazo estipulado – normalmente se refiere a que en los primeros años de contrato no se alcanzaron los máximos de 30,5 millones de metros cúbicos diarios estipulados – pero sí su lugarteniente Óscar Barriga tuvo que salir para aclarar que el gas que faltaba por entregar no había sido pagado, ya que precisamente las cláusulas de “take or pay” a las que el viernes se refirió Sánchez, establecen que se pagan los 24 se retire o no, y se multa si Bolivia no entrega lo nominado dentro de ese margen de 24. En 2018, por ejemplo, Bolivia no cumplió con las nominaciones en 9 de los 12 meses del año a pesar de que Argentina pedía menos. Esto supuso una multa.

El presidente de Petrobras también señaló que “es prematuro decir que podemos prescindir del gas boliviano, incluso porque tenemos producción propia en Bolivia. Vamos a reducir las compras en Bolivia pero no podemos prescindir de ese combustible”, lo que los medios más proclives al régimen de Morales interpretaron como que el gas boliviano es aún “imprescindible”, cuando en lo textual, Castello se refiere a que Petrobras opera en Tarija San Antonio y San Alberto e incluso tiene adjudicadas las áreas de San Telmo y Astilleros – sobre Tariquía – en asociación con YPFB Chaco.

Petrobras Bolivia cubre el contrato de Petrobras Brasil y gana recursos por ello y Bolivia no tiene otro lugar para exportar el gas ni mucho menos utilizar en industrialización, por lo tanto, es lógico que Petrobras mantenga la compra de energético a Bolivia, eso sí, ajustado a la propia producción de Petrobras Bolivia en San Antonio y en un decrépito San Alberto a la baja. No se trata, por tanto, de imprescindible en términos de energía, sino de negocio.

Esa producción propia se acerca a los 12 millones de metros cúbicos que desde marzo viene comprando el país vecino sin que Sánchez ni Barriga hayan alzado la voz hasta el momento, y aun así sin referirse a este incumplimiento que viene registrando la Vicepresidencia de YPFB.

Es necesaria una explicación al respecto, porque más allá de que se recomiende a estas alturas la diversificación, el impacto se viene mucho más rápido, sobre todo en las economías dependientes.


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