Una ventana turística ignorada

La gran riqueza de fósiles que posee Tarija es el legado de una increíble época donde convivieron gigantes de 5 metros de altura en posición erguida y 7 metros de longitud en posición horizontal.

Se trataba de mastodontes, armadillos, tatús y guanacos. Todos ellos gigantes. Los paleontólogos confirman que hoy la misma ciudad de Tarija se encuentra asentada sobre una gran cantidad de fósiles, revelan que en este yacimiento se clasificaron 55 especies, 49 géneros y 29 familias, patrimonio faunístico de mamíferos muy rico y muy famoso en el mundo.

Se dice que habitaron en una gran llanura aluvial, de dimensiones veinte veces más grande que el actual río Guadalquivir; cuentan que existían grandes pantanos y delgados lagos sometidos a fuertes evaporaciones haciendo que muchas veces se depositaran costras de carbono y hasta de yeso. Explican los investigadores que en este escenario fue sorprendente la recuperación de restos fósiles en depósitos glaciales al borde de Tarija y Padcaya.

La extinción de estos gigantes tiene sus causas en un conjunto de fenómenos naturales que se registraron a partir del levantamiento de la cordillera y una época glacial con alternancia de periodos secos y húmedos. Se extinguieron alrededor de 7 familias y al menos 26 géneros.

La edad de los mamíferos fósiles de la Cuenca de Tarija es cercana al millón de años, puesto que está comprendida del Pleistoceno Medio a Superior y en el periodo Cuaternario de la era Cenozoica. La edad de los fósiles se promedia en 250.000 años.
Cada año se cuentan con nuevos descubrimientos que hacen posible escribir la historia.

Muchos sedimentos en el mundo han preservado las partes blandas de asombrosas criaturas que anteceden a todo lo que existió y que existe.
Fue recién cerca del año 1941 cuando el alcalde de ese entonces, Isaac Attie, estableció construir el Museo Paleontológico de Tarija.

Su edificación llevó muchos años de conflicto hasta que un 15 de abril de 1959 se logró inaugurar la obra. El museo no poseía las mejores condiciones, el local se encontraba ocupado por instituciones que no pertenecían al centro cultural. Había tan solo una sala para exhibir las piezas y objetos paleontológicos y arqueológicos.

Hoy en día todas las piezas, testigos de un periodo histórico único, se encuentran reunidas en este incomparable lugar. Entrar al museo tarijeño es una experiencia inolvidable, al traspasar la entrada nos sumergimos de lleno en un cuento de hadas donde admiramos 700 piezas en exhibición, de las cuales 505 pertenecen a mamíferos y 195 piezas constituyen fósiles invertebrados de la edad Paleozoica.

Más aún hoy la infraestructura ya ha quedado pequeña, tanto que muchos de los hallazgos permanecen guardados y no pueden ser reconstruidos para exhibirlos al público. Empero, no sólo se requiere de una ampliación sino de un proyecto turístico que destaque esta fortaleza que se tiene como departamento.

Es lamentable que en Tarija no se promueva ninguna actividad desde el ámbito privado o público y que las pocas actividades que hay se trunquen por falta de dinero, como lo que sucede con Rujero, un lugar donde se tiene la sensación de caminar sobre fósiles. Ahí se tiene previsto el Parque y Museo Paleontológico Cuaternario,cuyo estudio tuvo una inversión de más de 150 mil bolivianos, y ya se concluyó.

Sin embargo, se necesitan ocho millones de bolivianos más para ejecutarlo. La Alcaldía de Uriondo garantiza dos millones. Conseguir el resto del dinero significa golpear las puertas del Gobierno Nacional, y de otras instituciones que estén interesadas en promover el turismo y entonces una vez más todo se queda en la gaveta y Tarija pierde una oportunidad más para desarrollar una fortaleza.

Los comunarios de Rujero ya hicieron su aporte, donaron diez hectáreas de tierra donde está el yacimiento de los fósiles, además desempeñan el rol de cuidadores de esa zona, para evitar que sigan desapareciendo los restos óseos.

Más aún de sólo buenas voluntades no están hechos los grandes proyectos. Es fundamental que quienes están en el poder vean que el turismo basado en nuestra riqueza paleontológica abre una gran oportunidad.
En los últimos días sumamos un hallazgo más, pues llegó al museo parte del caparazón de un Gliptodonte, la excavación duró tres meses y se realizó en en Santa Ana la Nueva.

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