Una semana para los hidrocarburos

Uno de los problemas esenciales del Ministerio viene siendo el de comunicación. Sin reconocer problemas. Nunca. Resulta poco factible comprender algunas de las decisiones abordadas. Y sin asumir necesidades, resulta intolerable perder la identidad de un proyecto nacional en nombre de la pura y simple “plata”.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) arrancó el lunes con el segundo Foro Internacional del Gas, el acto principal de lo que ha querido denominar como la “semana de los hidrocarburos” y que tendrá actos no solo en Santa Cruz de la Sierra, sino también en el resto de departamentos productores de gas: Tarija, Chuquisaca y Cochabamba.

El Ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, que es quien realmente capitaliza la estrategia del sector desde la muerte del presidente de YPFB Carlos Villegas y su propio ascenso al Ministerio desde la Vicepresidencia de Contratos y Fiscalización de Yacimientos, ya ha advertido que será una semana exitosa en la que se firmarán numerosos convenios y acuerdos para la exportación de gas.

Las actuales reservas de 10,07 TCF, según el mismo Ministerio, alcanzarían para algo menos de una década al ritmo de exportación actual, el cual en sí mismo es una paradoja.

No hay dudas de que el evento se presta para ello, pero la incertidumbre siempre viene del otro lado… pues nadie sabe bien de donde saldrán esas reservas para honrar los futuros contratos. Las exploraciones están atrasadas incluso sobre la última previsión actualizada. Luego del fracaso de Boyuy X2, que bajó hasta los 8.000 metros para encontrar un gas incapaz de fluir hasta el exterior en condiciones comerciales, el Ministro Sánchez empezó a hablar de llegar a 2025 con 15 trillones de pies cúbicos de reservas probadas y ya no 20 como estaban en el plan original. Aun así, el monto sigue siendo muy moderado respecto a los compromisos que se anuncian.

Las actuales reservas de 10,07 TCF, según el mismo Ministerio, alcanzarían para algo menos de una década al ritmo de exportación actual, el cual en sí mismo es una paradoja.

La Argentina ha reducido sus obligaciones para los próximos dos años en un contrato que dura hasta 2026 y que a priori no lo va a necesitar mucho más allá si sigue desarrollando Vaca Muerta y sus proyectos de shale a 70 kilómetros de la frontera boliviano fructifican.

Brasil, por su parte, también quiere acabar con la importación boliviana como tal y no solo porque tenga gas disponible frente a las costas de Sao Paolo en el proyecto del Presal, sino porque los nuevos aires de la ortodoxia neoliberal – que veremos como acaba – de Bolsonaro han impuesto la liberalización total del sector, y es posible que YPFB acabe topando con el mismo problema que muchas empresas bolivianas a la hora de exportar.

Sin embargo y pese a estas reducciones, el Ministerio quiere asumir nuevos compromisos de exportación a Brasil, quiere salir por Ilo al mercado mundial del GNL y quiere completar los proyectos de industrialización del gas en Yacuiba.

Uno de los problemas esenciales del Ministerio viene siendo el de comunicación. Sin reconocer problemas. Nunca. Resulta poco factible comprender algunas de las decisiones abordadas. Y sin asumir necesidades, resulta intolerable perder la identidad de un proyecto nacional en nombre de la pura y simple “plata”.

La semana de los Hidrocarburos debería servir para algo más que para anunciar miles de millones de un lado a otro y más para concienciar y sincerar el estado del motor nacional que evidentemente, anda con problemas serios en un contexto poco alentador.